Con Lovecraft en los espacios del miedo

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Cthulhu en New England

Cthulhu en New England

Por Patricio Alfonso

Se podría consignar que el horror lovecraftiano es en buena medida un horror arquitectónico. Dan cuenta de ello tanto la ciudad de errónea geometría que emerge impíamente del mar en La Llamada de Cthulhu como las casas leprosas de los callejones de New England, donde se guarecen espantos sin nombre. Para  que mencionar The Nameless City, donde el tema es precisamente una urbe ajena a cualquier patrón humano.  Ahora bien, esta impronta arquitectónica del horror va unida por una parte a la sombra del pasado, se trate del pasado inmemorial del que emergen monstruos y dioses de pesadilla o de la simple vetustez de casas y lugares de El Ceremonial . Se podría decir entonces que lo que inspira el horror en Lovecraft es lo malsano de la decadencia, los cuerpos en descomposición, lo antiguo como signo de muerte y aniquilación; se podría proclamar el parentesco del escritor de Providence con Poe, con ese Poe que escribió Valdemar y La Caída de la Casa Usher, el cuerpo en ruinas y la mansión acabada como enseña o metáfora del cuerpo en ruinas. Se podría, y no faltan razones para ello. Pero tal vez las cosas no son tan simples,  no solo porque ese mismo Lovecraft albergaba también como hombre una mentalidad que ha sido motejada de “reaccionaria” y “antimoderna”, una mentalidad vuelta, como la de Novalis, hacia la medianoche de lo pretérito, sino porque esa mentalidad – y no podría ser de otra forma –  queda asimismo retratada en sus escritos. Léase, por ejemplo, un cuento como Él, fiel reflejo del traumático período que nuestro autor pasó en Nueva York, y se verá como el horror se encarna en toda su impiedad, no en las sombras y casas vetustas del ayer, sino en las dantescas y aplastantes  torres de la modernidad que han venido a reemplazarlas. Y su impiedad está dada fundamentalmente por el hecho de que han venido a reemplazarlas, demostrando su condición maligna en algo que me siento inclinado a calificar como una brutal “falta de respeto”. Lo moderno es para “este” Lovecraft  (indisolublemente unido al “otro”) epítome de destrucción, de avasallamiento de un mundo para reemplazarlo por otro que en realidad es un in-mundo, algo abominable. Es probable que este sentimiento lovecraftiano (o que esta parte del sentimiento lovecraftiano) pueda hoy sentirlo cualquier ciudadano de Santiago de Chile al caminar por esos hermosos barrios antiguos que las inmobiliarias en contubernio con la autoridad ignorante o inescrupulosa  están destruyendo ahora mismo. Quien contemple las siluetas amenazantes de esas torres, no tan distintas de las imaginadas por Lovecraft en Él, cerniéndose sobre el borde de las antiguas casas en Ñuñoa o en nuestro casco poniente podrá entender también como la modernidad, y muy en especial la modernidad arquitectónica, puede ser una forma del mal.

Esta contradicción lovecraftiana (1) es entonces causa de que su forma particular de horror no tenga salida.  O debiera decir, tal vez, que el horror en Lovecraft se constituye como tal precisamente por la imposibilidad de encontrar una salida. El mundo de Lovecraft se presenta como una aporía, como  un laberinto que encierra (en) el horror. De allí la condición pesimista de sus escritos, a los que cabe considerar como una muestra especialmente desesperada de existencialismo. El perfecto pesimismo de Lovecraft se traduce consecuentemente en su desconfianza y desdén hacia la mitología del progreso, hacia the american dream y the american way of life. Y aquí podemos establecer un nexo hacia otro aspecto de su obra. No cabe ninguna duda de que Lovecraft fue durante su madurez literaria un escritor regionalista, que fue –como Hawthorne, como Melville, como el mismo Poe– un autor de New England, del este  norteamericano. (2) Fijémonos en la unción con que Lovecraft describe el paisaje y la arquitectura de su región, de la que no salió en su vida, de la veneración con que describe Providence, la ciudad que lo vio nacer y morir. Ahora bien , en las coordenadas transversales del país del norte, el este es el lugar de la arribada, aquel donde se sedimenta (en tiempo record, comparado con lo ocurrido en Europa) una tradición, es decir, un llamado a volver la cabeza hacia atrás, hacia el pasado, la condición primera de la nostalgia. El oeste, por el contrario, es la tierra del futuro, el lugar donde todo está por construir, la comarca del emprendimiento donde sólo tiene sentido mirar hacia delante y ser optimista y valeroso. Se trata, desde luego, de una simplificación, pero quizá en la misma se podría encontrar el retrato del alma de H.P. Lovecraft o, menos pretenciosamente, de su propia comarca mental.

[CC 2012, Patricio Alfonso]

Notas:

(1)    No soy ni mucho menos el primero en señalarla. '¡Terrible
contradicción, romántica contradicción  entre la huida al pasado y
el horror de ese mismo pasado, entre la fascinación y la repulsión
de la muerte! La necrofilia de Lovecraft (como la de Poe) es, a
la vez, necrofobia porque en verdad nunca se puede amar la muerte'. 
Rafael Llopis.
Los Mitos de Cthulhu.
Alianza Editorial, Madrid, 1970. Pág. 32.

(2)    Sobre el regionalismo/realismo en Lovecraft, veáse Llopis,
Los Mitos...,pág. 21, incluyendo las citas. Y en este punto, me
parece posible emparentar al autor de Providence con nuestros poetas
láricos, quienes prescriben una estética del entrañamiento. Por
contraposición, el horror lovecraftiano vendría siendo un síntoma de
extrañamiento, de una inadecuación radical.
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  1. “O debiera decir, tal vez, que el horror en Lovecraft se constituye como tal precisamente por la imposibilidad de encontrar una salida.”
    A lo largo de su mutación como autor, esta fue la marca de su obra. Desde “The Outsider” hasta “The Shadow Out Of Time”, que tratan de temas tan distintos, el protagonista esta condenado al laberinto, ya sea por un conocimiento ancestral o una verdad íntima.

    Gracias Patricio.

  2. Buen articulo y debo decir que no solo los santiguinos tiene esa melancolía por el pasado, algunos pequistas también lo tienen, ya que hay un libro que muestra unA ILUSTRACION que MUESTRA ESA tristesa por viejas arquitecturas que desaparecieron y son remplazadas por edificios modernos. De hecho creo que, además, cualquier provinciano que viaja a Santiago, se siente incomodo con ciertos lugares que representa la modernidad de la metropolis santiguina, que ase añorar sus propia tierraa que dejo atras… vale por compartirlo saludos

    —————————————–
    http://chileniaucronica.blogspot.com/

    http://blackhole.bligoo.com/

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