¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile?

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¡Un héroe de la ciencia ficción!

¡Un héroe inmortal, un premio Nobel para él!

Por Juan Calamares

Uno se hace la pregunta con cara de circunstancia, metiéndola inmediatamente al canasto de los cuestionamientos serios, pero después de darle unas vueltas al asunto, uno se da cuenta de su estupidez, de su profunda vaguedad y torpeza. Frustrado, uno la almacena para siempre en la categoría de las preguntas imbéciles del tipo ¿Se puede vivir en un mundo donde Dios ha muerto? Pero la pregunta sigue ahí y si se hace, es por algo. Esto, a raíz de la profunda ignorancia, de la confusión entre el tema y los elementos con los que se trata, que ha relegado la CF al plano de lo estrictamente tecnológico. Robots, naves espaciales, viajes en el tiempo, manipulación genética, etc., son recursos que (según quienes hacen la pregunta) invalidarían moralmente a los autores nacionales para sumergirse en el género. ¿Cómo escribes CF en un país con tan solo un satélite en el espacio, puesto en órbita por otro país?

Cabe decir que el mismo tipo de tesituras dieron origen a estupideces tales como el criollismo. Como si el hecho de haber nacido en Mozambique te invalidara geográficamente para escribir sobre los osos polares. O sea, una mierda. Cuando lo importante aquí es analizar los temas abordados por la CF, sobre todo durante su época de gloria, es decir, entre las décadas de 1950’s y 1970’s. Y los temas principales son: las posibilidades de adaptación del ser humano en espacios adversos o nuevos, la mutación ontológica de la sociedad, la reacción ante formas de vida diferentes, etc.

Muy contrariamente a lo que pudieran pensar los legos -e incluso algunos eruditos preocupados en determinar los atributos en materia científica de cual o tal tema-, la literatura CF es una literatura sociológica. Totalmente alejada de su predecesora, la literatura realista, circunscrita a la visión de mundo del siglo XIX, centrada específicamente en el campo de las relaciones humanas individuales y no los avatares del género en su totalidad. ¿Dónde entra entonces, la especulación científica, aquel impedimento moral para que Chile se meta en el tema? En el plano de lo anecdótico. Sólo ahí. Si aceptamos que la última representación poética de la Golden Age fue 2001, Odisea del Espacio, la CF se convierte en una literatura profundamente humanista. Utiliza elementos como el espacio interno (véase Ballard), las mimetizaciones de los grupos humanos en parajes nuevos (véase Delany), la degeneración hacia el paganismo, la adoración al líder oculto (véase Dick, Pohl, Vonnegut, tantos otros, algunos de sospechosa fidelidad con el género).

Entonces: ¿es posible escribir CF en Chile? Sí, perfectamente, y como en cualquier otra parte del mundo. Es decir, alejándose de la ética del realismo, preocupado en eternizar la alienación del hombre como único tema válido, con su pretendida modernidad, valiéndose de los logros decimonónicos y el histrionismo de gente como Foucault. Ojo con eso. Mucho cuidado, que cuando comienzan a abundar los sofismas, es cuando las letras se vuelven estériles.

¿Y cómo escapar de estos patrones de conducta? Claro, es difícil, sobre todo cuando gente de reputación ha dicho que la literatura de CF es la única verdadera maquinaria creativa del siglo XX; cuando grandes pensadores declaran que se ha mimetizado con la cultura de masas, con la gran cultura. Por cierto, el humo se nos sube a la cabeza. Y en ese momento dejamos de trabajar en nuestros pequeños claustros convirtiéndonos en parte de la bullada intelectualidad de izquierda -oh, como odio a los humanistas- inútil en sus convencionalismos dialécticos, preocupada por las mismas causas inventadas.

Aquí lo importante es la literatura. Ya lo había dicho el mismo Hugo Correa: “Lo único que se puede escribir en estos días es CF”. ¿Pero por qué? Porque la CF es la única literatura que refleja íntegramente el componente posthumano del hombre posmoderno, lo post de lo post, o sea, lo actual.

Después de Dostoievski, Dick. Incluso, Borges, mucho antes que Beckett, ya había reparado en la inutilidad de la novela.

Mutamos, nos hacemos más veloces, más descerebrados, más brutales, más comunicados con el resto; no nos tomamos el tiempo de entrar en profundos debates sicológicos; es inútil, ya no vivimos en los tiempos de Stendhal. Es más, mostramos nuestra maquinaria destructiva mental. ¿Qué nos representa como literatura? Nos representa Ballard, Pynchon, Delany, Lem, nos representa Michel Houellebecq. Pero también nos representa Juan Emar. Nos representa el fragmento y no la posición ideológica. No tenemos discurso. Vivimos los últimos segundos del reloj del tiempo. Hermanos míos, es momento de hacer literatura.

[CC 2012, Juan Calamares]

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