Sobre seres caídos del cielo

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Stanley Donwood's pandemons

Stanley Donwood's pandemons

Por Sergio Fritz

NOTICIA PREVIA: Este artículo fue escrito en 2002. No hemos querido modificarlo, pues a pesar de algunas cuestiones menores, mantiene plena vigencia.

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La existencia de vida fuera de nuestro mundo ha sido una preocupación extendida en el tiempo, y es cierto que jamás se detendrá, pues más allá de una simple curiosidad sobre lo que ocurre tras nuestras fronteras tangibles, habita una pregunta metafísica.

Las religiones y cosmologías intentan dar una respuesta a esta interrogante, variando su acento de una cultura a otra. Así, no hay una sola idea en torno al problema extraterrestre, y la multiplicidad de resultados e hipótesis hoy existente es verdaderamente descabellada con la proliferación del pensamiento soft de la New Age.

Por ello  centremos el estudio en el aspecto maligno de cierta existencia extraterrestre y de la visión generada en algunos  ambientes a raíz de la aparición de aquella entidad que se ha denominado chupacabras.

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La Caída, nos explica el Cristianismo, fue un hecho de implicancias cósmicas. El cosmos no será el  mismo desde que el ángel rebelde (reflejo de las pasiones del Yo), osó ocupar el lugar divino, con sus siniestras huestes. Tal acto de insumisión tendrá un segundo hito, cuando Adán (que significa en hebreo tierra) come del fruto prohibido. Este capítulo de la Caída será tan vertiginoso como el anterior, aunque sólo se remitirá al hombre, y no a todo el universo, como el primero.

Lucifer se convertirá así en el primer demonio extraterreno, al menos para la cosmogénesis cristiana. Y  será el primer tentador, en la terminología musulmana. En  efecto, a Shaytán no le bastará con ser el único arrojado del Cielo, si no querrá que además el hombre sea desterrado del Paraíso. Así lo que ocurrió en el macrocosmo con Lucifer, ocurre de manera semejante con el microcosmo, a través del pecado de Adán instigado por la eterna serpiente…

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Los dioses venidos desde las estrellas no siempre son benignos; y para muchas mitologías son esencialmente perversos.

Incluso hoy  día se estima por algunos que los tripulantes de las naves espaciales no creadas por el hombre, son decididamente nefastos para éste. Así, un gran monje de la Iglesia Ortodoxa, el Padre Serafín de Alaska, quien bebiera en escritores como René Guénon y Thomas Merton, decía que los tripulantes de los UFOS, no son otros que los demonios del aire a los que se refieren distintas tradiciones míticas. Recordemos que ya los hindúes vedantinos hablaban de los OVNIS,  a los cuales daban el nombre de Vimanas.

La literatura, y también el cine, se ha visto conmovida por tales amenazas ultraterrenas. Es clásico el libro de H.G.Wells, “La guerra de los mundos”. Pero también es notable la incursión en este subgénero de terror venido desde el cielo, de Arthur Conan Doyle y H.P.Lovecraft. El primero con su relato “Espanto en las alturas”, cuya hipótesis de un océano en el espacio con creaturas semejantes a las marinas, es extremadamente sugestiva; el segundo con todo un ciclo literario que erróneamente ha sido conocido como “Mitos de Cthulhu”, donde la envestida sideral es prodigiosa. Relatos como “El color  que cayó del cielo”, “El llamado de Cthulhu” y “El susurrador de las tinieblas” deben considerarse como joyas de este tipo literario. Para Lovecraft, quien  fundaba su visión en una concepción negativa de la existencia y del ser humano,  no hay otra fuerza que el mal,  la cual el hombre común ignora muchas veces porque vive en una burbuja de jabón que flota en mares de horrores sin fin. Tal fortaleza la da la frágil seguridad científica y ambiental que ha construido la civilización moderna.

El cine se ha visto sacudido por películas de baja y mediana calidad que intentan penetrar en tales vértices del miedo. “La cosa” -producción de expresas referencias lovecraftianas- de John Carpenter, es una excepción y hemos de estimarla como una experiencia bien lograda.

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Pero el horror que habita en la noche del universo, también lo hace en la noche del alma; y muchos aseguran haber tenido algún encuentro con criaturas del mal provenientes de otros mundos.

El caso del chupacabras, parece ser uno de los más interesantes.

Nuestro país, Chile, se vio conmovido por tal presencia non grata hace un poco más de un año. El viaje de aquel ser auguraba la destrucción de todas las cabras y ovejas de esta tierra. ¡Y es que efectivamente fueron centenares las que murieron por virtud de tal abominación! La prensa dedicó amplios reportajes al tema, y como suele ocurrir, un día ya nadie más habló del bicho extraterrestre. La peculiaridad del chileno y su sentido del humor, incluso lo llevó a crear un vino llamado precisamente “Chupacabras”. Así, el terror devino en risa.

Pero, ¿qué opinarían los pobres campesinos que supieron de la muerte de sus animales bajo las garras de un ser que ni siquiera vieron, por que actuó más rápido que el aviso de sus perros?

Las fotografías existen, los videos de los cuerpos mutilados también. Y así podemos apreciar orificios de carácter vampírico en el cuello de las más de trescientas cabras asesinadas a lo largo de la geografía nacional, y un rigor mortis que según los especialistas habría ocurrido demasiado rápido. Lo más impactante quizá es saber que no quedó prácticamente una gota de sangre en el cuerpo de las víctimas.

¿Cómo es el chupacabras? Algunas versiones nos hablan de un ser semejante a la antigua deidad griega Pan, cuyo nombre dio origen al término pánico… Curioso, ¿no es verdad? Según otros es algo así como un perro con dientes sobresalientes. Hay quienes le atribuyen alas. En una entrevista que realizamos hace un mes a un dueño de un fundo de las cercanías de Santiago, se nos dijo que la bestia en cuestión era parecida a una abeja gigante, pero con tenazas, la cual habría visto el mismo informante en una noche en el pucará (fortaleza inca) de Chena … mientras la “abeja-cangrejo” se dirigía a un OVNI. Imposible no recordar a “El susurrador de las tinieblas” de Lovecraft.

La mitología de los antiguos habitantes de Chile es prodigiosa en cuanto a ancestros del chupacabras. El ser más inquietante es el peuchén, vampiro temido por los araucanos o mapuches. Se trata de una cabeza alada que sale en las noches a cazar inocentes. Los habitantes de la Isla de Chiloé, conocen  de este tipo de leyendas, y al igual que los aymarás rememoran a los brujos que se  transforman a voluntad  en animales. ¿Será el chupacabras un brujo?

Los más modernos creen que es una mascota extraterrestre. Otros incluso niegan su origen espacial, y dicen que es la mutación realizada en las bases estadounidenses de Puerto Rico. ¿Un depredador? Es posible, pero no hay al parecer casos en que haya atacado al hombre, lo cual les habría interesado más a los científicos de la muerte del Pentágono.

Sea lo que sea, el chupacabras merece nuestra atención. Las noticias interesantes devienen fugases en el mundo de los mass media. La memoria es frágil.

Todo contribuye a que el chupacabras pase al olvido. ¿Habrá un Charles Fort que quiera inmortalizarlo, o al menos tomarlo en serio?

[CC 2012, Sergio Fritz]

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