Los Plosoms (PARTE 1)

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Vienen de Springfield.

Vienen de Springfield.

Por Andrés Odellober

—¡Activa el sistema, imbécil! —gritaba una y otra vez, desesperado por cruzar el portal.

Rápidamente, presioné el botón de inicio y las ondas de energía comenzaron a expandirse. Uno tras uno saltaron y se desintegraron. Fue la última vez que vi a Martínez y a sus hombres. Algo que poco me importaba. Lo odiaba por sus constantes muestras de arrogancia y superioridad.

Voy a dejar algo en claro. No soy explorador, tampoco un soldado ni algo por el estilo, soy un científico, y jamás tuve intención alguna de irme de expedición, menos a la dimensión 7-X. Quiero destacar que, del último grupo de cuatro hombres enviados allí, sólo regresó uno. Su nombre era Freddy. Decía que los gigantes vendrían por él, y que sus compañeros habían sido devorados por hombres pulpo. Me pareció que el infeliz se había vuelto completamente loco, y que este asunto podía ser producto de alguna descarga de energía mal canalizada en el proceso de transportación. Después de todo, el proyecto aún estaba en preparación, y era probable que eso, hubiera afectado seriamente la percepción de su realidad. Sobre los otros tres hombres nada supimos, sólo nos limitamos a presumir que divagaban locos por la otra dimensión. Freddy estaba en shock. Cruzamos algunas palabras y el tipo continuó con lo que parecía, una horrible historia de terror. Le ofrecí un tranquilizante, para que reposara durante la tarde y luego me fui a la sala de comandos.

Después de revisar el sistema principal del transportador, decidí reprogramarlo y calibrar el arco de recepción energética –algo que tomaría un par de días- pero a ese puto de Martínez, le fascinaba salirse con la suya. Tomó su traje de protección, algunas provisiones, armas y, antes de atravesar el portal junto a su grupo, el muy hijo de perra le ordenó a Stüff –un matón neonazi de más de dos metros de altura- que se encargara de mí y de Freddy. Ya nada que viniera de ese bastardo me extrañaba. Por supuesto intenté escapar, pero ese gorila fue mucho más rápido de lo que presumí. Me tomó por la espalda con fuerza desmedida, me lanzó al suelo, y me dio una fuerte patada en la boca del estómago, dejándome inmediatamente fuera de combate.

—Ya sabes que hacer, pon las manos en tu cabeza.

—Son unos cobardes, hijos de la grandísima puta.

Me golpeó en el rostro.

—Esta no es una recomendación pedazo de estúpido, es una orden.

Definitivamente, no existía escapatoria, y por si fuera poco, dos guardias más estaban atentos a todos mis movimientos.

—¡Ölaf! ¡Antoine! traigan de inmediato a ese loco de Freddy, también me ocuparé de él.

Los matones tomaron a Freddy por los brazos, y lo lanzaron al piso. Después de ponerse en pie, se acercó lentamente a Stüff.

—No es un juego, si cruzan el portal, van a sufrir las consecuencias.

Todos rieron. Freddy los miró fijamente.

—La realidad de esa dimensión, está totalmente fuera de su minúscula comprensión. Lo más probable es que Martínez ya esté muerto, o a pocas horas de estarlo, lo mismo sucederá con ustedes. ¿Se creen dueños del universo eh? ¿Creen que pueden jugar a ser dioses? Pues sigan con su juego. Mátenme si quieren, pero lo que vendrá después será terrible.

—Freddy, Freddy, Freddy —dijo Stüff. —Lamento que haya sucedido todo este altercado. Me agradas ¿sabes? Incluso, te dejaría escapar, pero las órdenes son órdenes, y tú debes morir junto a Igor.

Esas palabras hicieron que mi sangre se helara completamente. Era obvio que Martínez no se arriesgaría a compartir los últimos descubrimientos con las demás corporaciones, y si era necesario, nos mataría con tal de mantener oculto el proyecto. Diez años trabajando con estos canallas de mierda, y aún así, desconfiaban de mi palabra.

—Me das asco —espetó Freddy. Luego, lo escupió en la cara.

Ölaf y Antoine tomaron a Freddy de los brazos. Stüff se acercó y comenzó a darle una fuerte paliza.

—Bien, les llegó la hora. Terminen con estas lacras, debemos cruzar pronto el portal.

—Te va a costar caro Stüff, te va a costar caro —dijo Freddy.

Stüff hizo una señal a Ölaf. Este lanzó un rápido golpe, pero Freddy lo esquivó y al mismo tiempo, arrebató su arma láser. Con un certero disparo en la sien, Ölaf cayó abatido. Lo mismo sucedió con Antoine, quien ni siquiera logró ponerse en guardia. Los dos cadáveres yacían muertos frente a mí y la sangre, brotaba a borbotones de sus cráneos destrozados. No dudé en ocultarme tras el tablero de comando para protegerme. El tiroteo se extendió durante varios minutos hasta que Freddy, logró darle en el hombro a Stüff. Todo era confuso. El exceso de humo no me daba una buena visibilidad. Planeaba dirigirme al la puerta trasera de escape. De cuando en cuando, oía disparos desde el fondo de la sala. Eso no me daba la seguridad necesaria para escapar, un solo rayo, podía acabar fácilmente con mi vida. Mientras esperaba entre toda esa borrosa escena, una silueta se dirigió lentamente hacia mí. Era Stüff, que con su burlona sonrisa, se jactaba de haber acabado con Freddy. Temblé.

—Ahora sigues tú, Igor, esto es lo que sucede cuando…

Tres disparos. El cráneo de Stüff estalló en mil pedazos. En una esquina, Freddy yacía inconsciente y desangrado. Me acerqué e intenté reanimarlo, pero ya era tarde, después de acabar con Stüff, había dejado de existir. Lo lamenté pues el tipo había salvado mi vida y, después de todo, me agradaba, pero no había tiempo para melancolías baratas. Lo único que quedaba por delante, era escapar de la base y esconderme por un buen tiempo. Por mi bien, era necesario destruir el portal, así me aseguraría de que Martínez con sus hombres no pudieran volver.

Noté que después del tiroteo, el sistema se encontraba dañado y era bastante peligroso maniobrar el panel de control en esas condiciones. Pero estaba decidido, así que tomé un arma. Este sería el fin de años de trabajo, de experimentos fructíferos que me habían llevado a ser uno de los más grandes científicos de todos los tiempos. Tomé distancia, apunté y disparé.

La violenta explosión me lanzó varios metros atrás. El golpe me aturdió por algunos minutos. Cuando pude recobrarme por completo, advertí que no me encontraba en la base de comando, si no, sobre un tablero similar al de ajedrez; era tridimensional y de colores fosforescentes. Su refulgencia era tan poderosa, que cada vez que lo miraba, hería mi vista. Había enormes estatuas en cada extremo del tablero. Eran trípodes con cabezas de serpiente o león. Parecían ser de roca y se erguían enormes y poderosas. Pensé que esto debía ser producto de mi imaginación, pero fue después de que cobraron, vida e intentaron devorarme, que noté la realidad de los hechos. Corrí lo más rápido posible, pero parecía no avanzar. Una sensación de desesperación de apoderó de mi. Las estatuas eran torpes, pero veloces, sus cabezas ya no eran de piedra, si no, de carne y hueso. En uno de sus muchos intentos por alcanzarme, colisionaron fuertemente. Algunas cayeron y quedaron fuera de combate, el resto, continuó persiguiéndome. Corrí hacia el extremo izquierdo del tablero, y pude ver un lugar mas seguro. Trepé por gigantescos y destartalados escalones, hacia unas colinas boscosas. Estaba completamente nervioso, la situación era ilógica. Cuando llegué a la cima, pude atisbar un enorme desierto del otro lado. Debía ocultarme pronto, o los trípodes –que aún venían tras de mí- me darían alcance y me devorarían. Definitivamente, Martínez y sus hombres ya no eran un peligro, la dimensión 7-X sí lo era. Freddy estaba en lo cierto, y nadie le creyó. Me incluyo.

(Continuará)

[CC 2012, Andrés Odellober]

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