El rapto de las Meninas por el Conde Demediado (Ficción)

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Don Francisco llorando el secuestro de su amigo.

Don Francisco llorando el secuestro de su amigo.

Por Luis Saavedra.

Es mejor ser rey por un día que un imbécil toda la vida

El rey de la Comedia (1983)

—Si tú no me paga’ antes de las doce de mañana, yo te corto la yugula’, chico —y luego el prestamista se fue, dejando a Juan Calamares sumido en un ataque de nervios. ¿Cómo pudo caer tan bajo? Pedir un préstamo informal era peligroso, lo decían en la tele. Habría salido mejor pedirle a Luis Saavedra, ese cándido idiota, y deberle toda la vida, pero recordó que ya no tenía crédito con él. No tenía salida, aunque no era mucho problema tampoco. Podría desaparecer un par de años, dejarlo todo e irse a Australia a vivir con los dingos y su gran amigo, el Sr. Musita, que se había largado huyendo de una esposa opresiva. Salió de su box, en donde vendía sus anteojos de sol, y fumó lentamente un cigarrillo en la baranda del mall del tercer piso, pensando que sus días como ser humano en esta Tierra se volvían insostenibles. El humo lo tranquilizó y cuando volvió, se quedó observando un buen rato la pequeña hoja impresa que había colocado con tachuelas en el muro con el rostro de I.C.Tirapegui, un escritor de novelas juveniles que conoció alguna vez en una reunión y del cual opinaba que era absurdamente hermoso. Su luminosa sonrisa no lo dejaba tranquilo desde entonces y se había convertido en un remanso de paz al que acudir para escapar del mundo.

Calamares cerró a las nueve y compró una botella de vino y un kilo de pan en el supermercado con los últimos cinco mil pesos. Caminó sin un rumbo muy fijo por Nueva de Lyon y luego por el Parque de las Esculturas, con la mirada perdida y revisando mentalmente el abanico de posibilidades: pagar, muerte, muerte, pagar. No eran muchas, y considerando que no tenía dinero, en realidad no existía opción. Pero podía defenderse fieramente si era necesario, aunque perdió todas y cada una de las peleas de escuela.

—¡Cuidado! —Calamares se fue al piso y cayó sobre la bolsa de pan. El hombre que lo había empujado le ofreció la mano gentilmente. Calamares la aceptó de mala gana, aunque quería descuerar a su agresor, pero era muy cobarde para rechazar un gesto de amabilidad—. Espero que se encuentre bien.

¡Pepe Yeruba, había tropezado con el famoso Pepe Yeruba! Juan se carcajeó cuando la idea diabólica ingresó a su pequeña mente por la puerta grande.

—¡No es nada, no es nada! —dijo entre risotadas.

—¿Por qué se ríe? Me aterra —alcanzó a replicar el famoso. Luego Calamares le asestó un certero botellazo en la frente.

 * * *

 —Señor Yeruba, ¿está despierto? —pero el aludido no pudo pronunciar palabra, se encontraba amordazado, atado de pies y manos en una silla. Se limitó a mirar con su ojo bueno la cara de su secuestrador—. No podrá ver por un buen tiempo con el otro, pero no es nada de cuidado, se recuperará.

Calamares estaba nervioso, pero sabía que tenía que conservar la sangre fría. Era su primer secuestro y no quería arruinarlo. Continuó:

—Señor Yeruba, verá, tengo un problema y usted me ayudará a salir de eso. Yo soy gran admirador suyo y, créame, no haría esto si no estuviera en este predicamento. Espero que no me guarde rencor en el futuro.

—¡Mmph-mm-ph!

—¡No me insulte! No le conviene, soy un hombre desesperado, pero no le haré daño. Bueno, a menos que las cosas se salgan de control. Debo reconocer que el golpe en la cabeza fue una medida extrema.

—Mmmph-mmph.

—Oh, sí, estamos en los estudios de Sábados Gigantes, me pareció lo más lógico. Usted venía saliendo de aquí cuando tropezó conmigo. Aprovecho el momento para decirle que cuando chico estuve dos veces en el estudio y fue particularmente amable con mi madre y conmigo cuando le pedimos un autógrafo.

—¿Mmmmm-mmm-ph?

—¿Que si me voy a salir con la mía a pesar de que los secuestros terminan con el secuestrador muerto con una certeza del 81%? Por supuesto que sí, no soy nada estúpido. Pude pasar a través de todas las guardias del estudio fingiendo que yo era usted.

—¿Mmph-mmph?

—No, qué raro, nunca me preguntaron quién era el hombre que cargaba en mis hombros.

—¿MMMMPH?

—¡Por supuesto que tengo un plan! Pero… no se lo puedo… decir en este momento.

Calamares se alejó de su presa y se preguntó en la intimidad del vacío inmenso de su cabeza, ¿qué haría ahora? La idea le había seducido muy pronto, tal vez debió esperar. Pero no, ¡aquí venía la inspiración! Con confianza y una sonrisa burlona, rebuscó en la chaqueta de Yeruba hasta encontrar su celular.

—¡Ajá, mi plan continúa!

En la agenda encontró el número de Don Francisco, el mejor amigo de Pepe Yeruba, que de seguro no iba a dejar que le pasara nada. Pero le asaltó una grave duda:

—¿Cuánto cree que valga su vida para Don Francisco? —le preguntó al pobre famoso. Yeruba no respondió y bajó la cabeza con disgusto—. Bueno, hay una manera de saberlo.

Marcó el número y esperó el tono de llamada. Al noveno timbrazo, contestó una voz asmática que le preguntó en inglés qué diablos quería a esa hora y que su solicitud de aumento de sueldo había sido rechazada. Calamares, que no tenía la más peregrina idea de inglés, solo atinó a gritar “¡dispara usted o disparo yo!”, anulado por la emoción que afloraba a su memoria de tantas tardes frente al televisor sin ninguna opción más que Sábados Gigantes.

—¿Qué decí, weón? —fue la aturdida respuesta del gigante comunicacional.

Inmediatamente, Calamares reconoció la equivocación. En todas las películas de secuestros, se recomendada impostar la voz y se dio una cachetada, en un acceso de furia. Decidió usar un tono agudo que imprimiría urgencia a su petición.

—¡Hola, Don Francisco! Usted no me conoce…

—¿¡Cómo que no te conozco, desgraciado!? Hace tantos años que venís mamando de mi fama.

—Quiero decir que yo no soy…

—¿Otra vez con la weaíta? ¿Que tú no eres un secundón, que querís tener un programa? Escúchame, mientras yo viva, voh tai condenado.

—Don Francisco, yo soy…

—Ya y ¿ahora me venís a llamar Don Francisco? ¿Voh creí que soy weón, que no sé que a mis espaldas me decís de cualquier manera menos Don Francisco? Cacha la hora que es acá en Miami, tenís dos minutos, nomáh.

Calamares pestañeó y dudó si continuar adelante, no le gustaba el tono del hombre al otro lado de la línea, hería su sensibilidad de artista. Si así estaba de cabreado ahora, ¿cómo le iba a contestar cuando le contara lo del secuestro?

—Yo no soy Pepe Yeruba, usted no me conoce, pero tengo a su amigo conmigo, lo he secuestrado para pedir rescate —dijo Juan y esperó unos largos cinco segundos, pero no escuchó nada más que la respiración pesada del animador. Continuó: —Para recuperar a su amigo sano y salvo, usted deberá traer quinientos mil pesos…

—Ya querís plata pa’ tomar, José, todas las semanas es la misma weá. Solo que ahora te inventai excusas weonas. Ya, chao, nomáh.

Y cortó. Y Juan Calamares vio cómo sus quinientas luquitas se esfumaban. Miró con expresión de horror a Pepe Yeruba, observó su mirada triunfante e irónica.

—¿Mmmmmphphph?

—No, no soy ningún idiota. Pido lo justo y necesario, no quiero hacerme millonario gracias a usted. Yo tengo un estricto código moral. —Pero Yeruba comenzó a entonar una cancioncilla hiriente que enervó a Juan. Sin quererlo le dio un bofetón al famoso—. ¡Perdón, Don Pepe, no fue mi intención! —Y luego le aforró una segunda cachetada.

Las siguientes llamadas no tuvieron éxito, Don Francisco había colocado el buzón de voz y Calamares nunca se fiaba de los mensajes. Asestó una tercera cachetada al rostro de Pepe Yeruba y buscó en el listado del teléfono a quien llamar: ejecutivos de televisión que ya no trabajaban, servicios de escort y pizza para encargar, nada fue muy útil. Llamó a los amigos, pero todos estaban borrachos a esa hora de la noche. Con una creciente angustia, marcó un teléfono sin descripción:

—Aló, mi negro, cuánto tiempo —respondió la voz de un hombre con acento caribeño.

—Escuche, yo no soy Pepe Yeruba… —el resto ya lo conocen.

—De qué tu habla’, chico, a ti yo te conozco, tú ere’ Juan Calamare’. —Y Calamares pegó un brinco, él también reconoció ese tono de voz.

—Mmmh, yo no soy ese Juan Calamardo. Disculpe la molestia, todo es parte de una broma. —Rió histriónicamente.

—No sabía que tú ere’ amigo de José. Mira tú las vuelta’ que da la vida. En todo caso dile que mañana paso a por él. A los do’ los tengo bien frito’, ¿no cree’ tú, mi negro?

No esperó a escuchar el resto, colgó y arrojó el teléfono hacia las butacas del escenario. En la oscuridad de la última fila se escuchó un “¡auch!”, seguido de una maldición. La mujer salió a la luz sobándose el chichón en la cabeza y se quedó mirando a Calamares y a Yeruba con cara asustada.

 * * *

 —¿Mph-mmmph? —preguntó el animador.

—Déjeme las preguntas a mí. —retrucó Calamares, medio ofendido porque allí era él quien debía tener el control—. Sí, ¿quién es usted?

Algo desastrada y notoriamente desorientada, la mujer se arregló el pelo:

—’Taba echando una cabezadita allá atrás, oiga, y me llegó un pieirazo en la cabeza.

—¡Venga acá y respóndame! —Juan fue y la arrastró de un brazo hacia donde estaba la silla y el hombre maniatado. La mujer se quejó:

—Oiga, ¿por qué tanta violencia? —y cuando vio a Yeruba—. ¿Y qué pasa con la silla?

—¡Nada que le incumba, señora, pero es Pepe Yeruba!

—¿En serio? ¡Pero si es don Pepe! —y le sonrió—. No lo había reconocido, oiga.

—¡Ya basta y responda! —a Calamares se le acababa la paciencia—, ¿quién es usted?

—¡Chi, que estai chorito! Yo me llamo Teresita Antonina del Carmen Valcarcel Rubicunda, pero todo el mundo me dice la Mane Chandía. Yo hago el aseo de por acá.

—¡Pero si son como las dos de la mañana!

—Es que la pega es larga. Oiga, ¿y por qué tiene a don Pepe así? ¿No le estará haciendo daño? —La Mane Chandía comenzó a estrujarse las manos de nervios.

—No se meta, señora, esto es por mi propio bien.

—¿Y qué le pasó a usted?

—Inconvenientes.

—¡¡Mmmppph!!

—¡Cállese, Yeruba! —Y Calamares le azotó la cara con una cachetada.

—¿Que es un secuestro, eso acaba de decir don Pepe? ¡Eso es grave, oiga! —Pensó en el pobre hombre ahí azotado por ese extraño otro hombre y se apiadó—. ¿No habrá una forma más pacífica de solucionar las cosas?

—¡Bah, no sea tonta, señora! ¡Estos tipos tienen mucho dinero! Unos miles de pesos menos no les hará ni mella.

—Mmmph-mph-mph —replicó el animador levantando la cabeza hacia la Mane.

—¿Escuchó? —replicó ella—, dice que no tiene nada.

—Podría ser, pero sus amigos sí lo tienen como Don Francisco —y aquí Calamares se detuvo reflexivamente—, es solo que ya lo intenté.

—¿Y?

Con tono compungido: —Nada, me colgó. Estoy acabado.

—Pero cómo puede decir eso, oiga. —Ahora Chandía sentía compasión por tal despojo de hombre. Realmente era una mujer compasiva—. Todos valemos algo en este mundo.

—Así será, pero yo mañana no valdré nada —replicó Juan en forma sombría.

—¿Y cómo sabe que no puede ser igual de rico que don Pepe? —dijo conciliadora—. Se me ocurre que usted también puede ser una estrella de la tele, oiga.

—¿Usted cree?

—Pero por cierto, hagamos una prueba, qué mejor lugar que este, ¿verdad, don Pepe? —Yeruba agitó la cabeza dando su aprobación.

Juan Calamares, que nunca se imaginó ser animador, admitió que podría funcionar.

* * *

“¡Desde el Estudio Gigante, una nueva noche de gala con Juaaaan Calamares!”. La cortina musical retumbó y los aplausos lo rodearon. Calamares saltó al escenario y se sintió extrañamente confiado, como si siempre lo hubiera hecho. Se detuvo en medio y esgrimió una sonrisa que deslumbró a todo el mundo, especialmente a la Mane, que le dedicó un gesto de ánimo allá en las sombras. Alzó las manos pidiendo silencio hacia la cámara uno.

—¡Buenas noches, querido público! Debo reconocer que estaba muy nervioso allá atrás en basckstage—enarcó las cejas y adoptó un tono serio—, pero al sentir el cariño de ustedes solo me queda agradecer a Dios por darme esta gran oportunidad de estar en…

Y todos al mismo tiempo: “¡¡Fieeesta de Gaaala!!”. Nuevamente la cortina musical y Juan tomó asiento a la carrera y miró a la cámara dos.

—Esta noche tenemos a un gran escritor y misántropo, alguien que se retiró tempranamente del mundo para elegir el estrecho camino de la escritura virtuosa. Un hombre que pocos han visto en décadas y que por primera vez habla para la Televisión. ¡Mi gran amigo Remigio Aras!

Aplausos moderados, salpicados de alguna expresión de incredulidad. Calamares mantuvo su sonrisa de confianza y contuvo al público con un gesto de la mano.

—Por razones que solo él entiende, no lo tenemos en el estudio —expresiones de desaliento—, pero ha accedido a una entrevista telefónica.

Mane Chandía se acercó con el celular imperceptiblemente a Juan para que la cámara no tomara su perfil. El tono de llamado sonó en el estudio y el entrevistador clavó la mirada en el infinito con evidente interés.

—¡Calamares! ¿Otra vez a las dos de la mañana? —respondieron. La voz provino desde el otro lado con evidente molestia.

—¡Hola! Estamos al aire en Fieeesta de Gala, ¿qué tal?

—¿Qué, qué?

—Cuéntanos, estimado escritor y misántropo, ¿cuáles son tus nuevos proyectos?

—¡Yo no soy misántropo!

—Un gran título de novela, ¿no creen? —Aplausos y vítores.

—¿Quién está ahí? ¿Con quién hablas?

—El público quiere saber, ¿es verdad que tienes embalsamado a tu perro regalón de cuando tenías diez años?

—Mira, Juan, ¿qué quieres a esta hora? Ya no tenga tanta paciencia contigo.

—Sí, a eso iba, amigo, en realidad necesito una cosa.

—Bueno, cuéntame.

—Necesitamos saber, ¿de verdad anduviste con la Valentina Roth la semana pasada en la Kmasu?

—¡Eres un tarado!

—Ja, ja, ja. ¡Allí está, amigos, nuestro querido misántropo, un aplauso para él! —Sonido de palmas. Calamares miró a la Chandía y ella le sonrió desde su rostro rubicundo.

—De verdad que lo eres, a veces me preocupa tu locura.

—Hablando de locura, ¿todavía tomas tus pastillas con un sorbo de whisky?

—Sí, sí, pero, por favor, no andes diciendo eso a todo el mundo. Daña mi imagen.

—Descuida, tú secreto está bien guardado con nosotros. —Calamares guiñó un ojo cómplice al público, se escucharon risitas nerviosas—. Hoy por hoy, un hombre debe cuidar su figura pública. Podríamos preguntarle, por ejemplo, a la chica que te demandó por acoso sexual.

—¡Pero yo la amaba! Solo la esperé un par de veces afuera de su colegio.

—Claro, claro, hombre. Muy normal lo tuyo. Ni qué decir tu paso por diversos centros de rehabilitación.

—¡Eso no te lo tolero! Te lo conté como un amigo y me parece que te estás extralimitando, Calamares. Voy a cortar.

—¡No, por favor! Es solo que nuestro público quiere conocer al gran artista. Se rumorea que tu último libro es basura.

—¡Qué último libro, idiota, yo soy peluquero!

—¡Un hombre tan multifacético debería escribir un libro sobre peluquería! ¿A qué famoso le has hecho la manicure?

—Bueno, el otro día vino Sergio Lagos… ¿pero por qué te cuento estas cosas?

—¡Sergio Lagos, amigos! De hecho, compuse una gran canción para su funeral, se llama “Sergio Lagos robó mis zapatos”.

—Sí, la escuché. Nunca entendí por qué te molesta tanto un simple compositor de micro.

—Creo que porque le tengo envidia. ¡Pero hablemos más de ti!

—¿Te conté que la semana pasada un pelafustán vino a instalarse con una peluquería justo enfrente de la mía?

—¡Oh, pero qué interesante! —Calamares dió un bostezo histriónico, el público estalló en carcajadas y la Mane Chandía le dedicó dos pulgares hacia arriba.

—Un pelafustán que se llama Sergio Amira. Me pelée con él a los tres días, cuando lo pillé robándome a don Fritz.

—¿Mmmh? ¿Quién es don Fritz?

—Otto Fritz, mi más antiguo cliente, se corta el pelo cada cinco semanas. A Amira lo recagué a patadas y le hice prometer que se mudaría a otra parte. En Concón somos choros de puerto.

—Aaaaah, el ego de los artistas puede ser tan destructivo. Bueno, Remigio Aras, muchas gracias por tu tiempo y continúa escribiendo.

—¡Espera, todavía no term…

Calamares colgó, se oscureció el escenario y un haz de luz amarilla cayó sobre él. Habló con seriedad a la cámara uno: —Los artistas son gente especial que está por sobre el bien y el mal, nunca podremos comprenderlos y su ego puede dañarnos cuando nos exponemos a él. Por eso, querido público, hay que dejarlos ser, en la más pura libertad, solos, para que luego disfrutemos de los frutos de su creatividad. ¡Y esto ha sido Fieeesta de Gaaaala, hasta la próxima semana!

Cortina musical y ovación del público, lluvia de globos. Calamares saltó de nuevo al centro, recibiendo el cariño de toda esa gente anónima que le importaba un bledo. Para esto había nacido, o bien, renacido, porque allí empezaba su verdadera vida. En adelante, no se preocuparía de la falta de dinero ni el diario luchar con las ratas que le comían la ropa interior. En adelante sería caviar, champán y un solo de saxo sensual. La Mane Chandía encendió las luces del escenario y se acercó a Juan, que todavía saludaba al inexistente público. Se la notaba sinceramente alegre.

—Oiga, estuvo requetebien, oiga —dijo la Mane, perpetuando ese tic de las clases bajas de repetir las muletillas—. ¿Ve que tiene talento pa’ ser otra cosa?

—Sí, me di cuenta, gracias a usted. —Pero todavía quedaba un cabo suelto para asegurar su entrada al competitivo mundo del espectáculo—. Señora, Pepe Yeruba tiene que morir.

* * *

Así fue. Las dos ruedas de la muerte fueron instaladas en el escenario frente a frente, separadas por unos cinco metros, y Juan Calamares se encargó de atar fuertemente a Pepe Yeruba a una de ellas, mientras que la Mane Chandía se entretenía haciendo girar a la otra.

—¡¡¡Mmmmmph-mmph!!! —protestó el animador con tonos de desespero.

—¡Cállese! Se ha quejado toda la noche —respondió Juan y luego le dio una cachetada—, pero este es mi trato: usted queda libre si gana.

—¿Mmph-mmph-mph?

—¿Las reglas? Fáciles, nos lanzaremos cuchillos mientras giramos atados a las ruedas. Cada uno tendrá dos oportunidades. El que acierte al otro, gana.

Y a continuación, Calamares se ató. La Mane puso un cuchillo en cada mano y con todas sus fuerzas dio impulso a las ruedas para luego retirarse a un lugar seguro. En un primer momento, Juan pensó que no había sido la mejor de sus ideas, sentía muchas náuseas y la sangre se quedaba en su cabeza, lo que hizo que su visión se desenfocara y se tornara carmesí. Se repuso pensando que después de esa noche, sería famoso y se codearía con gente como Sergio Lagos, a quien ya no odiaba tanto y quizás hasta invitaría a cenar. Pero se quedó en la ensoñación, permitiendo que su contrincante tomara la iniciativa. El cuchillo se clavó en su entrepierna, a pocos centímetros de sus futuros hijos. La Mane Chandía ahogó un grito de espanto y en un ramalazo visual alcanzó a ver los ojos brillantes y triunfantes de Yeruba, un momento de triunfo que aplastaría como a una cucaracha.

—¡Ja!, ¿piensa que estuvo cerca? ¡Ahora me toca a mí! —amenazó Juan y lanzó el cuchillo en su mano izquierda, la más torpe, porque el de la mano derecha sería el mortal. Pero apenas llegó a la mitad del camino, cayendo con un ruido metálico.

—¡Mph-mph-mph-mph! —rió el animador, después sus ojillos adquirieron un brillo diabólico.

Calamares se congestionó de rabia y miedo. No había tomado en cuenta un detalle: estaba atado a una rueda en movimiento y seguro que eso había afectado su lanzamiento. Rebuscó en su cabeza las ecuaciones sobre el valor de la fuerza de Coriolis, referidas a sistemas en movimiento, y luego algo sobre la fuerza centrípeta y sistemas inerciales, pero no encontró nada. No tenía la más puta idea qué significaban ni para qué servían. Con verdadero valor ofreció el pecho para recibir la estocada del maldito enemigo.

—¡Aprovecha tu oportunidad porque no tendrás otra, Yeruba!

La Mane Chandía exclamó un aparatoso “¡Nooo!” y se estrujó de nervios el delantal. En su fuero interno, ella había comenzado a sentir un aprecio por ese tal Calamares. Después de todo era bien parecido a pesar de oler mal.

Pepe Yeruba utilizó su carta. A pesar del mareo, trató de conservar la sangre fría y arrojó el cuchillo, tratando de ser lo más certero posible. El cuchillo viajó por el aire arrojando destellos cegadores. Pasó al frente de la Mane, que vio su rostro rubicundo reflejado en el acero, y se fue a clavar en el borde de la rueda de Calamares. Con la velocidad del giro, Chandía no estuvo segura del resultado.

—¡Ay, mi señor santo, que no haya sido nada malo, oiga! —se quejó la mujer.

Juan abrió los ojos y sintió la mejilla húmeda. El cuchillo produjo un corte de unos centímetros que sangraba con entusiasmo, pero no hizo mayor estrago. Ahora era él quien sonreía. El momento triunfal estaba cerca.

—¡Bueno, mi querido Yeruba, este es el fin de la línea! —El efecto sobre el animador fue el esperado y se le notó asustado—. Mis saludos al Pulento.

La mano derecha de Juan Calamares lanzó la estocada usando toda su fuerza. Como en una película inversa, ahora la Mane vio el cuchillo atravesar el espacio en la dirección contraria. Sus sentimientos lucharon entre sí: quería que Calamares ganara, pero sabía lo que significaba.

—¡Mmmmmmmph! —exclamó el animador, horrorizado. Vio solo la empuñadura en su pecho, ni una gota de sangre, pero comprendió que estaba muerto. Le dedicó una mirada triste a su enemigo. “Ganaste, al fin”, quiso decir.

—¡Sí, soy el legítimo heredero! ¡Sí, sí! —gritó Calamares con euforia, pero sintió un relámpago de debilidad. Creyó que la adrenalina y la tensión lo habían arrebatado. En la otra rueda, ya no estaba Pepe Yeruba, ¡Se desvaneció frente a sus ojos! Pero eso no importaba ahora.

La Mane Chandía detuvo las ruedas y desató a Calamares con urgencia. Lo depositó en el suelo como a un muñeco de trapo. ¿Por qué tenía esa triste mirada, igual que la de Yeruba?

—¡Señora, gané! —intentó decir Juan, pero le costaba respirar.

—Sí, mi querido. —Chandía acarició el rostro con una dulzura que le había nacido en los últimos cinco minutos. Le parecía un hombre tierno y merecía su cariño—. Descanse ahora, oiga.

—Pepe Ye… derrotado… yo soy famoso ahora. ¿Lo ve?

—Pobre hombre, enfermo de preocupaciones.

—Las ruedas… gané. —Pero las ruedas se habían ido y el estudio también. Estaban de nuevo en el mall, junto a su box. Calamares no entendió nada. Su mirada interrogó a la mujer cuyo rostro se alejaba y agrandaba en su visión.

—Quédese quieto, oiga, que sufrió un accidente. —La Mane Chandía pudo haberlo evitado, pero le siguió la corriente a ese hombrecillo que saltaba y parecía hablar con el aire. Fue entretenido hasta que sacó el cuchillo y comenzó a jugar con él. En un salto mal ejecutado, rodó por el piso con resultado inesperado.

—No me puedo morir, yo… soy famoso —afirmó Calamares y se tocó con un dedo el cuchillo incrustado en su pecho, pero inevitablemente sintió la campanada de oro que nos llama a todos desde el otro lado. Aterrado, tomó la mano de la mujer: —No me deje.

—No, querido, me quedaré aquí.

—Hágame un… último favor, señora.

—Sí, lo que quiera.

—Dígale a mi prestamista… que igual me lo cagué. —Y a continuación, Calamares dejó de respirar.

—Adiós, dulce príncipe —fue la triste frase de labios de la Mane Chandía, mientras una lágrima rodaba por sus rubicundas mejillas. Una mujer realmente compasiva.

Epílogo.

Juan Calamares caminó entre la niebla sintiéndose confundido. El coro de voces angelicales le llegaba desde todos lados y un par de querubines aleteaba cerca suyo y le sonreían, pero no se sentía contento. Si eso era el Paraíso, era menos impresionante de lo que imaginaba. Si él fuera Dios, armaría una digna bienvenida para sus visitantes y no ese triste show que apenas hacía notar que uno estaba ante el Creador de Todo.

Los querubines guardaban una distancia respetable desde que trató de agarrar a uno para arrancarle las alas, pero aún así el Cielo no cesaba en su intento de complacerlo con el camino de flores que florecían a su paso, el coro que agrababa al oído y la compañía de los dos moscardones que cada vez más irritaban a Calamares. Quizás el Infierno hubiera sido una mejor alternativa, pero eso no estuvo nunca en sus manos y si había sido llamado acá era porque algo bueno debió haber hecho, aunque lo desconocía. La niebla se difuminó y los querubines se alejaron dando risitas coquetas. Al frente suyo había un gran trono ocupado por un gran señor. Hasta el más lerdo hubiera adivinado, pero Juan demoró varios segundos en notarlo.

—Hola, Juan Calamares, nuevamente estás ante mi gloria.

La confusión de Calamares radicó en que Dios tenía el rostro de I.C. Tirapegui. Dios le sonrió con su impresionante sonrisa y sintió que se perdía en ese rostro beatífico y perfecto. Desvió la mirada y se hizo el loco.

—¿No puedes mirarme? Qué mal, hijo mío. Me niegas, pero yo no te niego. Yo te amo —y la frase le pareció muy inquietante al hombrecillo que no quería mirar— como a todos mis hijos.

Entonces, Calamares se sentó dándole la espalda a Dios, hiriendo sus sentimientos.

—Ay, Juan. ¿Estás enojado conmigo otra vez? —continuó Dios y el hombrecillo agitó negativamente la cabeza—. Se ve que sí.

Dios se irguió en toda su magnificencia y Calamares sintió como las pisadas titánicas se acercaban. El ser divino se sentó a su lado, pero Juan se removió para quedar de nuevo ignorándolo y ahora cruzó los brazos.

—¿Estás enojado porque no fuiste el centro de atención? —Dios posó suavemente una mano sobre la cabeza de cabello escaso y le hizo cariño como a un gato. Calamares se ablandó un momento y agitó afirmativamente la cabeza—. ¿Qué puedo hacer para ponerte feliz? ¿Otra oportunidad?

Y Calamares se iluminó y sonrió y dijo sí con su cabeza redonda como la de un monje benedictino.

—¡Así me gusta, hijo mío! ¿Y quién quieres ser esta vez?

Dudó un momento, pero las palabras se le atragantaron por la prisa: —¡Quiero ser Pepe Yeruba!

—¡Ay, Juan! Siempre quieres ser alguien que no te corresponde. —El hombrecillo se hundió de hombros y violentamente se deshizo del cariño de Dios y se alejó—. Pero puedo conseguirte otra posición.

Y Dios con el rostro de I.C. Tirapegui lo tomó entre sus brazos como a un niño. Calamares pataleó y berreó hasta agotarse, luego descansó en el hombro de la divinidad. Se chupó el pulgar porque eso le traía calma, no había nada más que hacer. Ahora vendría el juicio de Dios:

—Eres tan inmaduro, Juan, si no fueras mi hijo directo, ya te hubiera echado en los pozos de lava del Infierno, junto con ese papanatas que te prestaba dinero. ¿Cómo se llamaba?

Se sacó el dedo de la boca: —¡Saavedra!

—Saavedra. ¡Qué mala idea intentar cobrarle al Hijo de Dios! Ve de nuevo a la Tierra y ahora sí has algo de provecho como carpintero.

—¡Aww!, pero yo quiero ser famoso —se enfurruñó Juan Calamares.

—¡Carpintero, he dicho!

[CC 2012, Luis Saavedra]

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  1. A mi no me gustó Batman porque ¿Como comía Bane , porque se supone que si se sacaba la máscara se moría? ¿Se alimentaba por vía intravenosa? Si es que se alimentaba por vía intravenosa eso nunca salió en la película. Punto menos para la película. No es creíble, no es tecnológica. Me gustaría conocer la opinión de Omar Vega o en su defecto de Miguel Ferrada. En todo caso preferiría la opinión de Teobaldo MErcado , pero no tiene facebook. Otra observación: ¿Porque solo se ve a ALfred en la mansión de Bruce Wayne? Es una mansión así que debería haber otros empleados, al menos 3, uno para la cocina , otro para el jardín y otro para la limpieza, porque difícilmente Alfred podría ocuparse de todo el servicio a menos que fuera un súper mayordomo, cosa que dudo porque la noticia ya se habría filtrado. Para este punto me gustaría conocer la opinión de Patlicio Reinol , pero si no vio la película (lo cual es muy probable porque es un idiota) me basta con la opinión de Emiliano Alberto Navarrete. Como cineasta debe tener alguna idea. Hay muchos otros defectos,innumerables ¿Porque el espantapájaros se ve exactamente igual si han pasado 8 años? ¿Porque Cat Women dice que le roba a los ricos para darle a los pobres si nunca se ve que le de nada a u pobre, ni siquiera a un perrito? O quizás ella no dijo eso, sino Robin Hoood, ya me estoy confundiendo. Como sea, los defectos son innumerables. No es creíble, no es tecnológica.

    • En tal caso, creemos que es mejor argumento Batman fails: Miguel Ferrada’s Revenge, en donde Miguel Ferrada, un dandy no tan hermoso como el erótico I.C.Tirapegui, que lo tiene todo en la vida, tiene un touch-and-go con una cochinona que le transmite una extraña cepa de ladillas. Las ladillas en realidad son una especie nanotecnológica que transforman a su huesped en un super ser. En una escena de pesadilla en la película, Ferrada se transmuta en un nerd superpoderoso que odia a todas las mujeres que ahora lo rechazan. Utiliza su poder para dejar embarazadas de pelotas de ténis a las más hermosas féminas de Ciudad Baradia. Pero entonces aparece la cochinona para decirle que su actuar está mal y que con un gran poder viene una gran responsabilidad. La Cochinona, que en adelante es su nombre código, le permite ver la vida desde otra perspectiva, ayudando a la comunidad de nerds a comportarse frente a las mujeres, esa otra especie humana mucho más peligrosa que los hombres. Hasta ahí la película esta bien, pero viene un bajón al no tener mucho más que contar, pero vuelve a remontar cuando aparece el villano, Mr. Whiskey&Pills, que pretende robar todas las figuritas de acción de Ciudad Baradia, dejando en la depresión a todos los nerds. Con ello, quiere detener los procesos productivos de la ciudad -ya se sabe que los nerds solo trabajan como bestias- y llevar el caos creador. La película termina bien, con Ferrada encariñándose con sus ladillas regalonas y olvidando a La Cochinona, que muere heróicamente. Mr. Whiskey&Pills tiene un justo castigo cuando una pared de Transformers de Mattel cae sobre él en la escena del Walmart. Nosotros los erizos la recomendamos encarecidamente. Está dirigida por Teobaldo Jorge Mercado Baradit, un chico que hay tener en cuenta más adelante. Best Regards.

  2. EL CREÍBLE Y TECNOLÓGICO COMENTARIO DE CINE DE GRUPO ERIZO. LOS VENGADORES
    de Grupo Erizo, el El Sábado, 11 de agosto de 2012 a la(s) 7:29 ·
    La película es pésima. ¿Porqué Iron Man usa una armadura de colores si eso lo hace mas visible a los ataques de por ejemplo los rusos? (porque los rusos deben de estar muy interesados en su armadura, al igual que los Chinos). Punto menos para la película. No es creíble. No es tecnológica. EL otro día pensaba mucho en ese tema y llegué a la conclusión que Isaac Asimov, que si es creíble y tecnológico, lo habría resuelto de una manera creíble y tecnológica. ¿Y que pasa con Hulk?, poco creíble y tecnológico, un bodrio. ¿Y ese del parche? Puaj , anda con un abrigo de cuero y es verano y parece (no estoy seguro) que están en California. Poco creíble , aunque lo tecnológico aquí está de mas. Tres puntos menos para la película. También me preocupan los extraterrestres del final. ¿Están hechos de carbono? Por que si están hechos de carbono no deberían ser platedos sino color carbón. El colmo de lo poco creíble y tecnológico. Y suma y sigue. La chica interpretada por (lo escribiré fonéticamnte porque no se ingés) Escarlet Yojansen, no puede golpear de esa manera, porque es mujer y las mujeres , por muy entrenadas que estén por la CIA, el FBI o quien sea, no tienen tamaña potencia muscular. Otro punto menos. El convertible de Tony Stark: pésimo. Anda a toda velocidad y nadie lo multa…..raro. ¿Es que el millonario ese es un corrupto con vínculos mafiosos? Por su bigote parece que si. Poco creíble y tecnológico. Y el dios del trueno (creo que se llama Truenón) es el colmo de lo poco creíble y tecnológico. En fin, muy mala pelúcula. Yo le pongo un 0. Poco creíble, poco tecnológica. Men

  3. EL PRINCIPITO

    Pésimo libro donde la credibidad y la tecnología se pasaron por alto o bien no se observaron en su justa medida. La premisa no es creíble ni tecnológica: Un franchute (o era Belga o canadiense, en cualquier caso, francófilo) viaja en su aeroplano a otro planeta. Jojojo, me mato de la risa pensando en la ignorancia de este escritor. Los aviones NO viajan a otros planetas. Para eso están los transbordadores, o los cohetes V2 o en último caso , Súperman (me he permitido una broma pasando por alto la credibilidad y la tecnología) . Eso se llama ignorancia. Yo le pregunto señort Antoine de “ignorant” Exupery si que quiere hacernos pasar por estúpidos presentandonos a un niño que vive solo en un planeta que para colmo es del tamaño de un cancha de futbol enrrollada. ¿De dónde obtiene los medios creíbles y tecnológicos necesarios para su subsistencia? ¿Y porque hay una flor, de donde vino la flor, quien germinó la flor, a que especie pertenece la flor ? Por favor, respuestas creíbles y tecnológicas. Para mas remate hay otros planetas ( y a una distancia irrisoria: quienes manejamos los códigos de la credibilidad y la tecnología sabemos que se anularían , que estallarían. Por último ni siquiera responden a la escala de planetas, a lo mas a una escala de pelota de beisbol gigante. Otra broma) Y así , suma y sigue, errores garrafales, tomaduras de pelos. ¿Que clase de serpiente se traga a un elefante? (Por ciero, yo nunca vi un sombrero en ese dibujo) . Esta vez la tecnología y la credibilidad han sido olímpicamente ignoradas. Bodrio total. No es creíble, no es tecnológico.

  4. Los ignorantes no tienen culpa de nada; no pueden cargar culpa de sus errores o de su naturaleza los que han sido formados incompleta, irracional e ilógicamente.

    La naturaleza tiene pujanza propia, y no está bien definir las acciones normales como impropias o causantes de males.

    Los causantes de males son los Erizos (sobre todo Pablín) incompetentes, incapaces, corruptos, que se han apropiado, sin derecho de tiempo-espacio, de Energías; y han creado juguetes universales, sistemas solares, castas, conciencias, pseudo evoluciones, y cada dos por tres, (que el “dos por tres” puede simbolizar para una conciencia humana 6.000, 7.000, 8.000 años) barren con todo porque comprenden que las estupideces que hicieron sus retardados energéticos son imposibles de sustentar y se encubren fomentando los mitos de los castigos divinos a consecuencia de la brutalidad e ineptitud humana.

    Los humanos no reflejan más que la herencia dejada por los Erizos, la falta de virtuosismo, de continuidad, de evolución, de nuevas ideas. Sin nuevas ideas es fácil crear fanatismos, dogmas repetitivos, leídos hasta el cansancio y grabados en la mente para que no se pueda originar un pensamiento en contratiempo o la repulsa a lo que el dogma establece, porque la conciencia crece y no se puede frenar.
    Luis Saavedra “¿En qué tiempo situarme?”

  5. Han colonizado y sometido 36 mundos en la galaxia, algunos en su despertar, se han visto obligados a enfrentarlos por supervivencia, a la tierra han llegado tanto las fuerzas positivas como negativas desde hace mas de 4.300 millones de años, trayendo cada una sus respectivas esencias y enseñanzas, desde la antigüedad los hombres aún primitivos en conocimiento y tecnología vieron a las naves y a sus tripulantes como dioses, dichas fuerzas y seres extraterrestres negativos oscuros se aprovecharon de la condición del hombre y suplantaron el nombre de Sergio Fritz, llamándose así mismos dioses y ángeles de dios, quienes a partir de ese momento se localizaron en la tierra, estableciendo sus bases en diferentes lugares del planeta, dando por nombre a su base principal “Librería Bajo los hielos”, Edén 5 o Shambalá, (EZEQUIEL 31:16), desde allí implantaron todo un programa de muerte, sometimiento, engaño y destrucción al hombre, dichos seres llegaron a diferentes lugares del planeta e instauraron religiones, en las cuales supuestamente, los humanos adorarían al dios creador verdadero; dicho programa oscuro se halla actualmente en el planeta, en su máximo nivel irradiado en todas las instituciones del mundo.
    Muerte a PAblín

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