Erizo: Noviembre

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Ёжик в тумане

¿Quién puede decirme cómo comienzan las ideas? No yo, por supuesto. Bradbury cree que sentándose en su estudio, rodeado de sus dinosaurios plásticos y las revistas de cf de los 1950’s, las ideas acuden a él atraídas por el magnetismo de su genialidad… Me parece que no, muevo la cabeza con un poco de tristeza y opino que no, que no es tan fácil… Alguien me dijo que las ideas venían en una botella: compras un vino en el negocio de abajo, lo descorchas y vacías un poco en un vaso pequeño, las ideas llegan como abejas y se ahogan una a una; cuando piensas que hay suficientes, te lo tomas de un solo trago y ya está, te pones a escribir… Me parece que no, que es puro mito urbano, muevo la cabeza y pienso que no, otra vez, es demasiado sencillo.

El problema de escribir no tiene nada que ver con ser errático o certero en el punto que quieres dar, sino en si tienes las herramientas para hacerlo. Definitivamente, debe existir el mínimo de talento para colocar una frase tras otra en un orden que no te suene estúpido.

Ideasideasideas. Casi puedo verlas entrar por una oreja y saliéndome por la boca, circulando como el halo de un santo, pero ninguna se decide a visitarme, ninguna en particular. Hay que ser pacientes, me digo, estrujándome las manos, el proceso creativo no se fuerza, es malo para el negocio… Sé que es un cliché pero me ayuda a pensar. Sé que un escritor realmente profesional somete su poder creativo a la voluntad, como un buen caballo, con metódico mecanismo de activación y desactivación. Sino pregúntenle a Mishima cuya escritura fue producto de un ritual específico y voluntarioso. Descansa un poco, descansa un poco, tomo algo de aliento y vuelvo al ataque a garrapatear la hoja en blanco.

Cuando ya no puedo más con todas estas mentiras, saco un matamoscas y aplasto dos o tres ideas sobre el televisor y la mesa. Las tomo con evidente asco y las pego en un cuaderno con cinta adhesiva. Se ven horribles allí, pero absolutamente utilitarias y éso está muy bien para mí.

Todas son mentiras, todo es mecánica, todo es libertad. La diferencia está en la elección. Todos los que escriben en Erizo lo saben, saben que es el mismo dilema siempre: enfrentar la página en blanco y llenarla, porque el cómo matar algunas ideas seguirá siendo un asunto de personalidad.

Indómito Amira (el orígen), por Juan Calamares (basada en una historia de Calamares y Saavedra). Erizo inicia una nueva saga que seguro deleitará a grandes y chicos: Las aventuras de “Indómito Amira”, el héroe más valiente de toda Erizópolis. El hedonista Miguel Ferrada es desplazado en esta ocasión por el intelectual Emiliano Navarrete.

El Necronomiclón, por Juan Calamares. Una historia que podría haber escrito Patricio Alfonso si hubiese sido un lunático punkie que odia a María Colores y Sergio Lagos, pero que siente una ambigua atracción hacia el atractivo I. C. Tirapegui. Co-esteralizada por el vanidoso Miguel Ferrada en el papel de los calzoncillos de Calamares.

La tortuosa búsqueda del árbol de la quietud (primera parte), por Remigio Aras. Las desventuras de Amira y Calamares continúan con esta entrega dónde son asistidos por aquel enigmático personaje que es Hermógenes Pérez de Arce. No co-esteralizada por Miguel Ferrada.

Sapiola, por Juan Calamares. Sapiola es un personaje macabro, Sapiola le da sustito a Barbara Patricia Guerrero Figueroa porque le recuerda a Pennywise, hablando de payasos… el “escritor” del cuento no está inspirado en Parra, sino en el otro Cervantes. Tampoco es Donoso. Cotilleo: Juan Calamares estuvo recientemente en una tertulia, pelando al demiurgo de las letras chilenas, ese de apellido Edw no sé cuanto y al día siguiente le dijeron que uno de los que habían estado en la tertulia era su lacayo, su lambiscón, su perro. Según Calamares se quedó calladito todo el rato, el muy cagón. Este cuento si está co-esteralizado por Miguel “Shandy” Ferrada.

El Padre Erizo elige a Sapiola, por Juan Calamares. La tragedia se cierne sobre nuestro héroe, pero finalmente Padre Erizo es quien decide. Lea esta tragedia en un acto interpretada por nuestros viejos amigos de siempre (y Ferrada, por supuesto). Claudia Vial Lamborot lo encontró “wenísimo”.

Diálogo entre Sade y Jesucristo, por Juan Calamares. Miguel “Anarkángel” Ferrada, Sergio “Alejandro” Amira, uno de ellos es Sade, el otro Jesucristo. Sepa cual leyendo esta apasionante historia co-esteralizada por Perromelón, uno de los personajes favoritos del atractivo I. C. Tirapegui.

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