Conozco a WoodyAllen

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Por Juan Calamares

El otro día fui al cine a ver la última película de WoodyAllen. A mí nunca me ha gustado mucho WoodyAllen porque es un obseso, un convulso, un tipo con un montón de manías que no me parecen simpáticas, pero esta película me gustó. No era la típica película de WoodyAllen. Transcurría en el futuro, específicamente en el año 2.056, y mostraba un planeta tierra lleno de WoodyAllens que cometían crímenes horribles, mientras decían monólogos y se dirigían al público en cualquier momento de la película, arrojando sus frustraciones sexuales y sus rollos de la comunidad judía. Es decir, una película rarísima. Cuando terminó me puse a aplaudir de pie. La gente me miró, pero me dio lo mismo. No era tan grave. Cuando salí del cine me encontré con Sapiola. Siempre me encuentro con Sapiola en los momentos más insospechados. A Sapiola por otra parte le encanta WoodyAllen. ¿Te gustó la peli?, me dijo. Yo le dije que no me había gustado para nada, un poco para incomodarlo, pero Sapiola se dio cuenta que mentía y se puso a reír y encendió su pipa. Vamos a mi casa , me dijo, conozco a WoodyAllen.

Nos subimos a un taxi y se nos ocurrió pasar a buscar a Sergio Amira. Sergio Amira es un tipo que se la pasa refunfuñando contra todo el mundo, pero a su vez es querido por todo el mundo porque es muy buena gente, cosa que lo enfurece todavía más. Como sea, Sergio se puso muy contento de vernos y se subió al taxi.

—¿De donde vienen?

—De ver la última película de WoodyAllen —dije yo.

—¿Cómo se llama? —dijo Amira

Conozco a WoodyAllen —respondió Saavedra.

El taxista nos miraba con cara de no entender nada. Parecía peruano o boliviano o del Tibet. Un morenito de rasgos achinados que iba escuchando la radio muy bajito.

—Esa película es peligrosa —dijo.

—¿Y a ti quien le preguntó? —dijo Sapiola

—Es excesivamente violenta —el taxista nos miró por el espejo—. Basta con un WoodyAllen en el mundo.

—Soy racista —dijo Sapiola—, y me enorgullezco de mi racismo.

No dijimos nada y bajamos del taxi, mientras el taxista nos miraba con el ceño fruncido.

—Parecía buena persona—, dije.

—¡Bah! —dijo Sapiola—. Conozco a WoodyAllen.

Entramos a la casa de Sapiola y nos sentamos en su colección de cajones de verduras. Es raro, pero Sapiola siempre ha adorado los cajones de verduras. Yo antes pensaba que los tenía porque era pobre, pero Sapiola siempre está dándome sorpresas, así que por momentos he llegado a pensar que es rico, aunque después descubro datos suficientes para creerlo una rata y vice versa. Así es Sapiola.

—Ya vuelvo — dijo Sergio

Se metió al baño y se demoró un buen rato y cuando salió llevaba una bata y pantuflas de osito.

—Así me siento mas cómodo — dijo

—¿Qué tenemos? — dijo Sapiola

Sergio se abrió la bata y sacó una botella de Jack Daniel’s , le dio un sorbo y exhaló y me la pasó, yo hice lo mismo y se la di a Sapiola. La botella regresó donde Sergio y él se la acabó de una.

—Conozco a WoodyAllen – dijo Sapiola

—Estupenda película — dije

Sapiola levantó un cajón de verduras y sacó un volumen de la Enciclopedia de Cine Salvat. Había recortado todos los artículos que hablaban de WoodyAllen y los había empastado y lo que no podía recortarse porque tenía a WoodyAllen por el otro lado lo había rayado con plumón o le había pegado fotos de WoodyAllen encima. Había muchísimas fotos de Annie Hall. No había ninguna referencia a Son Yi. Sergio dijo:

—Odio a WoodyAllen.

—Tu odias todo —dije yo.

En eso llamaron a la puerta. Sergio se paró a abrir y regresó con mala cara.

—¿Quién era? —dijo Sapiola—, ¿WoodyAllen?

—El taxista.

—¿Y que quería?

—Dice que bajes. Dice que le pagaste con un billete falso.

—No puede ser —Sapiola encendió su pira y salió.

—¿Viste la última película de Woddy Allen? —dije.

—¿Conozco a WoodyAllen? —respondió Sergio Amira—. No, no la vi.

—¿Tienes algo más?

Sergio rebuscó en su bata y sacó una segunda botella de Jack Daniel’s. La destapó y me ofreció el primer trago: —El taxista tiene razón, basta con un WoodyAllen, tal vez dos WoodyAllen, pero diez WoodyAllen ya son un insulto —apuró la botella y carraspeó—. ¿Cuántos WoodyAllen hay en la película?

—Cientos.

Sergio negó con la cabeza: —WoodyAllen está lleno de mierda.

Desde la calle escuchamos como Sapioa y el taxista discutían. Nos fuimos a la ventana para ver que pasaba pero antes de llegar oímos un disparo .

—Sapiola —grité.

Sergio se recluyó en si mismo y se arrodilló en el piso y dijo: le tengo miedo a las armas. Yo lo tomé de un brazo para ayudarlo a incorporarse, pero él se fue contra mi y nos tambaleamos, uno sobre el otro, ambos desequilibrados, mientras los ecos del disparo subían de intensidad y se repetían. Sapiola pateó la puerta.

—Tomen, imbéciles.

Cargaba la pistola todavía humeante y tenía el cadáver del taxista cogido del cuello de la camisa. Lo arrojó al piso y el hombre quedó de espaldas, el agujero de la frente negro y la cara ensangrentada.

—¿Qué hiciste Sapiola?

Sapiola nos amenazó con el revolver y nos dijo que tomáramos al cadáver Oh, dios, dijo Sergio Amira. Y cogió al hombre por los pies, mientras yo lo sujetaba por los hombros. A instancias de Sapiola lo llevamos al patio.

—Caven —dijo Sapiola— caven un hoyo.

El celular de Sergio Amira hizo un extraño sonido: la música de Star Wars.

—Tengo un mensaje —dijo Amira.

—¿Y qué me dices a mí? —dijo Sapiola.

—¿Puedo contestarlo? —preguntó Sergio Amira.

Sapiola asintió y levantó la pipa a la altura de los ojos: —Conozco a WoodyAllen —dijo.

—Jesucristo —dijo Sergio Amira. Y miró el celular mientras Sapiola lo apuntaba con el revolver. ¿Quién es?, dijo Sapiola. Amira le entregó el celular. Sapiola leyó:

“No sabes a quien has matado, especie de idiota, no sabes con quien te entrometes, especie de cerdo, vigilo tus movimientos, especie de tirano. Conozco a WoodyAllen. Fin del comunicado”.

—Por la mierda —dijo Sapiola—. Alguien me vio, alguien me vio.

Sapiola nos ordenó cubrir las ventanas, así que eso hicimos mientras Sapiola nos miraba nervioso, fumando compulsivamente mientras jugueteaba con su revolver.

—¿Quién eres, hijo de puta? —gritó— ¿quién eres?

Una vez cubiertas todas la ventanas Sapiola nos ordenó seguir cavando. Sonó mi celular era un poema:

Estúpido hombre
de estúpida mirada
de estúpida pipa
te veo drogado
en estos momentos
tú y tus secuaces
cavan un hoyo
para mi cuerpo
conozco a WoodyAllen.

Sapiola arrojó el celular al piso y lo aplastó. Conozco a WoodyAllen , dijo, conozco a WoodyAllen. Se cubrió la boca y dijo:

—¿Conozco a WoodyAllen?

Seguimos cavando, mientras Sapiola se daba vueltas en el patio, corroborando que no hubiera nadie en los alrededores. En efecto no había nadie. Estábamos solos en el mundo y yo temblaba y Sergio Amira también. Teníamos la pistola de Sapiola aleatóreamente en la cabeza, en el corazón, en la boca, en los testículos. Así era Sapiola , un sádico y yo no me había dado cuenta.

—¿Cómo conocimos a Sapiola? —preguntó Amira.

—No lo recuerdo…

En efecto ¿Cómo se conoce a un loco? ¿Cuando dejas de conocer a un loco? ¿En realidad alguna vez conoces a un loco? Sapiola dijo:

—Conozco a WoodyAllen.

—No puede parar de decir eso —le dije a Amira.

—Así es —respondió—. Está loco, es un loco compulsivo.

Cavamos hasta tener un agujero considerable y entonces arrojamos al taxista y comenzamos a cubrirlo. Pero Sapiola nos interrumpió y nos hizo a un lado y se bajó la bragueta y empezó a masturbarse sobre el cadáver con desesperación mientras decía: conozco a WoodyAllen, conozco a WoodyAllen conozco a WoodyAllen…

—El virus WoodyAllen —susurré.

Entramos a la casa y nos sentamos en cajones de verduras mientras Sapiola fumaba su pipa y nos miraba con ojos asesinos, paranoico y furioso. Sonó su celular. Sapiola vio el mensaje y lo arrojó al suelo y se cubrió la cara y lloró:

—Conozco a WoodyAllen, conozco a WoodyAllen.

Observé a Sergio. Estaba tan cerca de Sapiola que noté que quería arrebatarle la pistola. Lo miré con espanto y moví los labios formando la palabra “no”. Pero Sergio no me hizo caso y deslizó la mano y entonces Sapiola, sin mirarle si quiera, le puso el revolver en la sien y jaló el gatillo. Destruyó a Sergio Amira y a mí me temblaron las piernas y la habitación se cerró sobre si misma y mi cabeza se llenó de imágenes de Conozco a WoodyAllen. Llamaron a la puerta.

—Conozco a WoodyAllen —susurró Sapiola con un dedo en la boca.

Y atisbó por el ojo de buey y luego se dio la media vuelta y me miró con espanto. Movió los labios diciendo:

—Conozco a WoodyAllen —entonces hizo gestos para que lo siguiera a la puerta trasera.

Salimos a calle y nos metimos al taxi. Había restos de sangre en el piso.

—¿Quién era? —pregunté.

—Conozco a WoodyAllen.

Sapiola aceleró y aquel que había estado golpeando la puerta advirtió que huíamos y corrió tras nosotros. Era un hombre con una máscara de WoodyAllen que avanzaba a una velocidad desmesurada y golpeaba el parachoques del taxi con los puños. Sapiola pisó el pedal a fondo y lo dejamos atrás.

—¿Qué fue eso?

—Conozco a WoodyAllen, conozco a WoodyAllen.

Desde el interior de la guantera el celular del taxista comenzó a sonar. Sapiola leyó el mensaje: “Asesino, Sapiola. Yo te vi, con mis propios ojos y ahora voy tras de ti. Asesino Sapiola. ¿Conoces a WoodyAllen? Atentamente, WoodyAllen”.

—¡Conozco a WoodyAllen!

—Yo pensé que eras el diablo, Sapiola, pero ahora parece que el diablo anda tras de ti.

Sapiola se enajenó y detuvo el taxi. Se bajó y rodeó el auto y me sacó por la ventanilla. Tenía una fuerza sobrehumana. Entonces apoyó el cañón del revolver en mi cabeza y dijo con voz sibilante :

—Conozco a WoodyAllen.

—Perdóname la vida, Sapiola, perdóname la vida…

Sapiola se contrarió y se dejó caer por las rodillas y se puso a llorar desesperadamente, aferrándose de mis piernas.

—¡Conozco a WoodyAllen! —fue como una exclamación de genialidad. A Sapiola se le había ocurrido una idea.

Se puso la pistola en la sien y yo traté de detenerlo (no se por qué), pero Sapiola se voló los sesos sin que yo pudiera hacer nada. Me manché con sus sesos y su sangre y sus extrañas ideas y me metí al auto, temblando y gritando, sin saber que hacer. Tenía un montón de otras ideas contradictorias. La radio dijo:

“Conozco a WoodyAllen. Ahora que Sapiola ha muerto por su propia mano, debemos buscar venganza por el pobre taxista ¿Pero sobre quien caerá nuestra ira? ¿Será sobre ti?”.

Apagué la radio y pisé el acelerador. Llegué a la carretera. Crucé un puente. Llegué a una tierra baldía. Avancé por la tierra baldía. Era un escenario post atómico, igual que el que salía en Conozco a WoodyAllen, el piso infectado por los jugos gastrointestinales de la tierra misma, una tierra con el rostro de WoodyAllen, un WoodyAllen zombie, con pústulas, con los huesos del cráneo astillándole la piel infecta y dañada, cada herida como un volcán en erupción, con pensamientos de lava que corrían por ríos echos de la sangre de WoodyAllen. Marqué el número de la policía para pedir ayuda. Se demoraron mucho en comunicarme y finalmente cuando se pusieron al habla lo único que atiné a decir fue:

—Conozco a WoodyAllen.

Me cubrí la boca y corté el teléfono. Estaba todo lleno de sangre y  sesos. El estómago me ardía y sentía un cansancio de muerte como si hubiera corrido un montón de maratones seguidas. Solo quería morirme.

—Conozco a WoodyAllen —dije.

Me puse a llorar y a gritar por ayuda pero lo único que salía de mi boca era “conozco a WoodyAllen, conozco a WoodyAllen”. Me había contagiado del síndrome WoodyAllen. Conozco a WoodyAllen. De pronto vi que en el parabrisas había un mensaje escrito sobre las manchas de suciedad. Decía:

“Ahora que Sapiola se ha ido tu eres el responsable, el síndrome WoodyAllen te tocó y te mancilló y hora estás enfermo de WoodyAllen. Pronto te atraparemos. Conozco a WoodyAllen”.

Quise decir: ¿Quienes son ustedes?, pero lo que salió de mi boca fue: “Conozco a WoodyAllen”. Nadie me respondió. Estaba siendo castigado por los crímenes de otro, perseguido por la policía de WoodyAllen. Quizás Sapiola había estado infectado desde siempre y sus actos eran motivados por el virus WoodyAllen. ¿O por el mismo WoodyAllen? Bajé del auto para respirar y cuando volví a subir había alguien con una máscara de WoodyAllen.

—Hola —dijo.

Se quitó la máscara. Era Mia Farrow.

—Ya lo venía venir —dije—, me puede explicar que es lo que pasa aquí.

—Oh, es muy sencillo. Conduce —lo hice—, siempre he odiado al estúpido de WoodyAllen ¿Sabes por qué?

—Todo el mundo lo sabe.

—Pero ahora se pasó de la raya.

—¿Qué hizo ahora ese cabrón?

—Una buena película —Mía Farrow encendió un cigarro y sacó un celular, escribió un mensaje amenazante y lo envió.

—¿Es usted la que manda esos mensajes?

—Sí.

—¿Por qué?

—Ya te dije.

—¿Por qué WoodyAllen hizo una buena película?

—Sí, así que debo acabar con ella. Por eso mando estos mensajes, para crear una sicosis colectiva, para crear la falsa idea de que es una película maldita.

—¿Pero eso no es publicidad para WoodyAllen?

—No lo había pensado…

Viré por un cruce.

—Pero esto es muy raro. Usted es una estrella de cine.

—¿Y?

—Que de partida si quiere hacer esta clase de cosas locas podría contratar a alguien y que por otro lado, Sapiola efectivamente se contagió de algo parecido a un virus WoodyAllen y yo también y… ¿Qué mierda hace usted en Chile?

—Buena pregunta, pero de fácil solución.

En ese momento se atravesó una camioneta y por mas que intenté salirme de su camino me impactó de frente. Mía Farrow salió volando por la ventana y se incrustó en el parabrisas de la camioneta.

—¡Conozco a WoodyAllen¡ —grité.

—————————————————————————————————–

Fui declarado culpable en segundo grado por el asesinato de Mía Farrow y condenado a dos cadenas perpetuas a instancias de los influyentes abogados de la familia Farrow. Alcancé a estar medio año en prisión y luego se revaluó mi caso y descubrieron que era del todo inocente. Nadie me pidió si quiera una disculpa y la demanda a la familia Farrow por daños (Conozco a WoodyAllen) punitivos hacia mi persona no prosperó para nada. Me internaron en una clínica siquiátrica por varios meses porque no paraba de decir otra cosa que “Conozco a WoodyAllen”, pero con el tiempo (y muchas drogas , muchísimas, mas de lo que yo hubiera esperado) el psiquiatra logró convencerme que el virus WoodyAllen no era mas que una psicosis colectiva gatillada por el loco Sapiola, que a todo esto era un criminal de renombre, un asesino serial muy buscado (se han encontrado cinco cuerpos en su patio, pero se presume que pueden haber más) y sangriento. A eso yo no puse mayores reparos, pero lo que el psiquiatra nunca logró explicarme fue la presencia de Mia Farrow en Chile.

Mi teoría (que nunca le revelaré al siquiatra por que no tengo intenciones que me devuelvan al manicomio) es que Mia Farrow presentía la maldad en esa película, al igual que el taxista, y que intentaba advertir (de una manera muy particular, por cierto) de los peligros de su visionado. En el fondo, inconscientemente y tal como lo advirtió Sergio Amira, ella (Conozco a WoodyAllen) sabía que la presencia de más de un WoodyAllen en la tierra podría ser dañina. ¿Acaso perjudicaría el correcto (Conozco a WoodyAllen) funcionamiento del universo?. No creo que Mia o Sergio o el taxista lo hayan imaginado así, pero esa es mi tesis.  Creo que más de un WoodyAllen (Conozco a WoodyAllen) puede llegar a contaminar la misma trama del tiempo, del espacio, la trama de todo lo nombrado. Y creo (y esta es la parte revolucionaria de mi tesis) que WoodyAllen lo sabe, que WoodyAllen lo desea, creo que  lo que pretende es replicarse y enfermar a los cinéfilos. Conozco a WoodyAllen está participando en los Oscar. Si gana, un número (Conozco a WoodyAllen) impresionante de espectadores en el mundo acudirá a verla. Eso será terrible, cruzo los dedos para que no pase, porque en base a mi experiencia (Conozco a WoodyAllen) su visionado (Conozco a WoodyAllen) puede ser atroz.

No vea “Conozco a WoodyAllen”, evítela, písela, destrúyala. Él está obsesionado con el (Conozco a WoodyAllen) reconocimiento.  Yo, afortunadamente estoy liberado Conozco a Wody Allen por eso es muy importanConozco a WooDY ALLen Conozco a WOODYALLEN te que me escuchenConozco a WODY ALLEn Conozco a Wody Allen advertenConozco a WOODy alleNConozco a WoodyAllen quiero decir que  CONOZCO  a wody allen CONOZCO  a  woDY ALLEN CONOZCO  WODY ALLEN cONOZCO

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