Erizo: Diciembre

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Ёжик в тумане

Como en una película de John Houston, el calor se escurre en la forma de una iguana verde: sin acechar ni esperar nada, solo reposando un rato y moviéndose perezosamente hacia otro sitio. Entrecierro los ojos y parece que puedo ver más allá de las sombras azules de una noche sin mucha luna de diciembre, hacia el futuro de mil futuros. En esos tiempos la humanidad viaja en enormes y bellas naves góticas por un espacio que no está vacío sino lleno de gases elementales, o muere cíclicamente en los infiernos dantescos de un Deus Irae omnipresente. Las miles de formas del futuro no eclipsan un presente melancólico, casi taciturno; es que por fuerza debemos ser sintónicos y la realidad siempre ata las manos a lo más terrenal de nosotros.

Si hemos de atenernos a los símbolos de nuestro flujo, encontramos que se avecinan tiempos precarios, de inconsistencia social y purga espiritual. Mientras unos se apertrechan para huir cuando la civilización se venga abajo, otros pocos intentan poner algo de cordura a ese límite mental que marcará el fin de los tiempos.

Aunque nadie sepa exactamente cuando acabará el mundo, existe la certeza que el año 2012 marcará, por convención confunción maya, el fin de algo, o el comienzo de otra cosa.

La imaginación perfila desastres de diversa índole desde el mentado armaggedón, pasando por el estúpido advenimiento del Cinturón de Fotones, hasta los tan cacareados tres días de oscuridad de la Princesa Mononoke. Y entre toda la alarma y la sensación de abandono de una sociedad asentada en dinamita, no hay muchas briznas que nos indiquen que no tenemos por qué elegir el camino de la autodestrucción.

Tuve un sueño la otra noche. Llovía en el sueño y era de noche, pero no era ninguna película de Houston. Había reflejos húmedos de las luces que me ayudaban a ver el final de la calle. Caminaba hacia ninguna parte con la vista continuamente eclipsada por la lluvia que escurría por mi cabeza. Pero no había sensación de angustia ni urgimiento, sino una calma como en ninguna otra parte. Siempre me ha gustado la lluvia y me sentía en mi elemento, de modo que no me preocupaba que estuviera mojado hasta el hueso, porque era cálida y refrescante al mismo tiempo. Cuando desperté recordé que en este mundo había una sequía severa y que estaba en medio de una comezón del séptimo año.

Cuando llegué la lluvia de nuevo ya estaré en el otro ciclo de cuatrocientos años o lo que sea, habré dejado atrás la barrera mental de sacarme la piel antigua de este ciclo y estaré en condiciones de decir: “No hubo nada de lo que prometían. Ni cielo ni infierno, solamente yo”.

Promesas… “As the years go by, don’t make any false promises” decía la letra de una vieja canción. En Erizo no hacemos promesas que no seamos capaces de cumplir por lo que les traemos a nuestro autor favorito, el “escritor de culto de los escritores de culto” como lo definió ese sujeto barrigón y barbudo que vive en una cabaña en medio de un bosque de Concón (y que no es Remigio Aras), nos referimos por supuesto a Teobaldo Mercado Pomar, que es un campeón. Disfutren de uno de nuestros cuentos favoritos de Teobaldo, La chica que quería tener cola, inscrita el año 2007 en el Registro de Propiedad Intelectual con el Nº163.302. Teobaldo nos confesó que esta historia, exceptuando lo de la cola, está basada en hechos reales.

Dice Sixto Paz que después del 21 de diciembre va a haber una mutación metafísica, pero va a ser como en Volver Al Futuro, porque simplemente vamos a despertar como ricos y famosos, muy felices, sin conciencia de cómo era nuestra vida el día anterior. Esto lo hace sixto Paz para cuidarse las espaldas, planificó mucho tiempo su estrategia para que no lo tomaran por charlatán. ¿Quién va a poder rebatirlo? El mendigo va a decir: “oye Sixto Paz, mira, pasó el 21 de diciembre y sigo siendo un mendigo”, pero Sixto Paz le responderá: “claro, pero antes eras un condenado a muerte”. Triunfo para Sixto Paz. Ojalá que Sixto Paz tenga razón, y ojalá Juan Calamares (autodenominado “El Rey de la Internet”) siga escribiendo cuentos tan delirantes como Conozco a WoodyAllen.

Sergio Alejandro Amira pilló un día la puerta abierta de los cuarteles del Grupo Erizo y se metió para crear una sección de sus cuentos favoritos. Como somos muy perezosos como para deshacer lo ya hecho, y porque sus cuentos favoritos también son los nuestros, le hemos dejado hacer. La fiesta de la pelirroja, de Armando Rosselot fue escrito en el lejano año 1995, cuando Armando era un joven mozalbete con cabello que veraneaba en Concón con Katyna Huberman.

Luis Saavedra regresa brevemente para hablarnos de las Ventanas de su ex-departamento, dónde se celebró la primera “navidad ñoña” de la que se tenga registro en los anales erizos.

No soy Sapiola es la continuación de Juan Calamares de La tortuosa búsqueda del árbol de la quietud (primera parte) de Remigio Aras. Al parecer la aventura de Gianella Pardo (rehabilitada de una severa adicción al sexo), Juan Calamares (empresario) y Sergio Amira (se lava los dientes con una botella de Jack y queda desocupado) a bordo del Capitán General Augusto Pinochet Libertador de Chile está de antemano condenada al fracaso.

Sapiola cada vez más cubre con su sombra herética los prados dónde pastaba el erizo, y nadie salvo Luis Saavedra podrá salvarnos del fin.

Y mientras esperamos un fin que no fue, un cuento de navidad por Philip K. Dick, que perfectamente pudo haber sido Philip K. Dickens. ¿Sabían que Teobaldo Mercado detesta a Dick? Es que algún defecto tenía que tener nuestro escritor de culto.

Noticia de último minuto: nos ha llegado un saludo navideño desde Gallifrey, estaba en el lenguaje arcano de los Timelords, pero Remigio Aras se dio el tiempo para descifrarlo y esto es lo que obtuvo.

Se nos termina el mes, se nos termina el año pero los textos siguen fluyendo. El ganador del Pepe Yeruba Award 2012 nos presenta un texto que envió para un especial sobre Sergio Alejandro Amira que nunca fue, y en él nos responde una pregunta que ha tenido preocupados a muchos, ¿es Emiliano hipster o qué?

Y en lo que se convertirá en el último post de este mes, y este año; Remigio Aras revisita un poema de Eduardo Anguita aderezándolo con una pizca de Facundo Cabral y varios de sus amigos que no conoce nadie porque no son ni excéntricos, ni millonarios (lo que a N.S.J.C. por supuesto tiene sin cuidado).

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  1. Sólo tengo 16 años y este libro me ha impactado, el contenido trágico que nos depara y la solución. Yo visité Ganímedes nos hace reflexionar. Sea cierto o no, yo lo recomiendo como un libro de introspección; me ha hecho cambiar muchos aspectos de mi vida para bien y yo creo que sí, la historia contada es real y eso es lo que más alegría me da y ánimos para cambiar y vivir enfocado en la luz. Pienso que la paz mundial está aquí. Sea cierto o no debemos fijarnos en este libro no como algo científico sino como algo para la seguridad mundial. Yo insisto, esta historia es verdad y nadie me cambiará. Gracias a Dios, a Yosip y a esta página por dejarme expresar.

    • El viaje fue real Piracetam. Y todos podemos viajar a Ganímides si es que nos lo proponemos con el corazón. Paz para ti

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