Erizo: Febrero/2013

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Ёжик в тумане

Ёжик в тумане

En nuestro último episodio, el Grupo Erizo se desmigajaba en las postrimerías del mundo. Mientras Beijing estallaba en llamas y Washington se hundía en un lago de fuego ardiente, los miembros del grupo se enfrentaban a una batalla campal por el poder tener acceso a administrador, en el sitio web. Una lucha idiota y sin sentido ahora que el planeta se desvanecía, pero que estaba en sus mentes como obsesiones negras. Aras redujo a Calamares y le mordió una oreja, pero Calamares se revolvió tan violentamente por el dolor que los dos cayeron al suelo. Saavedra aprovechó la ocasión para plantarle un fierrazo despiadado a Remigio que le dejó turulato. Pero Juan, no corto no perezoso, le plantó una patada en la ingle a Luis. El edificio comenzó a colapsar y allá afuera el rojo del cielo se volvió una lluvia de sangre sobre sus cabezas. La losa cedió y cayeron piso por piso entre escombros y asbesto, pero en cuanto tuvieron oportunidad se desnucaron y lanzaron arañazos. Gruñidos, alaridos de frustración, maldiciones recién inventadas fueron al final las mejores armas. Y mientras una enorme grieta se abría para devorarlos, aún seguían las tres bestias, egocéntricas y luchadoras, aullándose su odio mutuo, cayendo hacia el odio reconcentrado que es el núcleo del planeta. Y aquel 21 de diciembre de 2012, el mundo implotó y fue el fin del Grupo Erizo. Y murieron para siempre.

Vida Fanzinerosa: Superman – arqueología de una supernova, por Luis Saavedra. Rebuscamos en nuestros baúles por una entretención veraniega, pero solo encontramos un sucio libro, roído por los ratones, ennegrecido por el tiempo, un completo desperdicio. Así que dejamos despectivamente a un lado la primera edición de El Quijote y encontramos este fenomenal libraco del cual sacamos una jugosa reseña, nostálgica y depresiva como conviene a este mes de febrero.

Fábula y rueda de los tres erizos (poesía elegíaca), por Remigio Aras. Había una vez un grupo Erizo que muy bien bailaba. Bailaba muy bien y feliz se sentía de hacerlo. Feliz, feliz hasta que un día vine un tal malvado Calamares y le arrebató el baile. Calamares reía y reía y el Erizo lloraba y lloraba. Malvado Calamares, ¿alguna vez has sido un ser humano?, le preguntó el Erizo. “No, nunca, y nunca lo seré”. Y el Malvado Calamares rió y rió y el Erizo lloró y lloró.

Juramento Erizo (ficción), por Juan Calamares. Elegía a los tres amigos. Alguna vez fueron el Erizo y eran jovenes como jóvenes son los jóvenes, alguna vez sintieron la sangre correr por sus venas y la cerveza por sus gargantas, pero ahora los separa un muro divisorio de fealdad y cotidianeidad. Esta fábula es parte del sentimiento de los miles de fans de Erizo que creen que estamos muertos como muertos podrían estar los muertos. Brindemos por los fantasmas y los egos que siempre matan el amor.

Funeral (ficción), por Remigio Aras. Las ansias de morir no son nuevas en el viejo y querido Amira. Diremos sus loas en su funeral falso como en esa pequeña película M.A.S.H. y Calamares tomará su guitarra y cantaremos “Suicide is painless / because the game of life is hard to play” y leeremos poemas de humor negro de Thomas Lynch y beberemos ponche de duraznos hasta que nos caigamos de cara. Será un gran funeral que durará días y aún lloraremos más cuando termine.

Una máscara para Roberto (ficción), por Luis Saavedra. Saavedra regresa triunfal a Erizo con un relato que demuestra el inmejorable estilo y redacción de alguien que estudió en escuela pública. Agradecemos los cientos de mensajes pidiendo a voz en cuello un nuevo texto del autor. Al fin sus plegarias han sido escuchadas y, si gusta al respetable, piensa escribir un spin off de Los Plosoms. ¡Plosoms Sésamo: la next generation!

Mientras tanto, en el Salón de la Justicia Eriza. “Estúpido Calamares, ¿dónde me escondes el whisky?”. “Puchas, Indómito Amira, es que te pones tan cabronazo”. “No es cierto, ¡tú no entiendes nada! ¡Necesito el super concentrado líquido para soportar esta atmósfera terrestre!”. “¡¿Qué pasa aquí?!”. “¡Super Sartre, él me salvará de esta bestia alcohólica!”. “Sartre, ¡necesito rápido super hálito alcohólico”. “Veo que sí, tus ojos rutilan como canicas existencialistas”. “¡Explíquele, gran SS!”. “Yo derramé todo el super concentrado en el inodoro para terminar con tu super dependencia, Indómito Amira”. “¡Estúpido metahumano, ahora moriré!”. Y así fue para gran dolor y estupor de los otros dos. Indómito Amira murió para siempre.

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