Crítica a El Rampante Barón Sideral, el nuevo libro de Teobaldo Mercado.

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El rampante barón sideral

El rampante barón sideral

Por Atilio Villa.

El autor de culto está de vuelta y viene a patear culos. Esa es la impresión que queda luego de leer el prólogo de Omar Vega a la obra aquí reseñada. Vega, el historiador de la ciencia ficción y el futuro, hace un recorrido por la bibliografía y los principales eventos en la vida literaria del autor desde su amistad con Carlos Raúl Sepúlveda, el lento -y duro- aprendizaje en la autoedición hasta su decantamiento por las tecnologías de publicación electrónicas, pero también nos muestra con claridad meridiana los puntos básicos en la literatura de Teobaldo Mercado. Todo esto se agradece, y resulta más que útil para entender la esencia de muchos de sus relatos, pero lo que viene luego se debe celebrar como un festín al que se ingresa por invitación.

Todo el que conoce a Mercado confirma su cohesión estilística y devoción por la ciencia ficción de corte clásico y de origen científico. Relatos como “Los Kenais” y “Lamentos” son buena prueba de esto, aunque también encontramos una clara debilidad por la aventura más espacial, la space opera, en su novela “Hacia otros universos” o el humor como en su libro de relatos “Sonrisas Estelares”. Y en esta ocasión, Teobaldo nos muestra un paso más en su búsqueda personal de temas y estilos con esta nueva colección, recién editada. Sí, es una autoedición y merece todo un nuevo artículo o una entrevista con él para ahondar en este camino. Por ahora, concentrémonos en esta obra.

Luego de un tiempo sin publicar, es necesario contar que este volumen contiene quince relatos de diferente extensión, por ello su extensión de casi trescientas páginas. La primera observación aquí es que vale la pena considerar un filtro. Hay relatos que suben y bajan en calidad o nada aportan, o son tan cortos que apenas dejan un aroma -este tribuno humildemente reconoce despreciar la microficción. Por esto, no reseñaré todo el volumen, sino aquello que me interesó.

Empezamos con un poderoso relato, “El lobo de Chiloé”, que se interna en toda la rica mitología de la Isla Grande, a la manera de Lucius Shepard, el escritor norteamericano. Carlos Silva, Un profesor de educación básica, santiaguino y robusto y carismático, llega a la comunidad inventada de Mulcha, una tranquila -demasiado- caleta de pescadores. Comienzan a aparecer cuerpos desmembrados de animales al poco tiempo y se le acusa de traer mala suerte. Las dentelladas en la carne son de un canino gigantesco. No hubiera pasado a mayores, pero un amanecer la hija menor del alcalde es hallada horriblemente mutilada. En un ambiente enrarecido, digno de la película “The Wicker Man”, Carlos es perseguido, pero nunca pierde la cabeza y sus dotes de deducción lo van guiando hacia el sorprendente final. Un relato que mezcla la Recta Provincia y los mitos europeos, y un buen inicio a una serie que tenga como protagonista a Carlos Silva. Como dato final, decir que se basa en la figura de Carlos Raúl Sepúlveda, el mentor de Mercado.

Después de tanta adrenalina, los dos relatos que le siguen no son memorables en comparación hasta llegar a “Diálogo de urracas”, en donde dos cuervos se adentran en una anónima ciudad, avanzando hacia su centro y haciendo ácidos comentarios sobre la sociedad. La ausencia del factor humano se va haciendo más patente a medida que nos acercamos al fin. Es difícil describir más, pero me gustaría destacar un párrafo que me pareció notable: “¿Fuimos cuervos toda la vida, Misos? Me parece que sí, recuerdo que caminaba en dos patas, como ahora, que irrumpía en lugares ajenos y me obsesionaba por las monedas relucientes, como ahora, y robaba, como ahora, pero nunca pisaría el suelo de un lugar como este. Los gusanos blancos caminan en dos patas, se obsesionan y roban, y entran todos los días a este lugar a rendirle tributo a una imaginaria moneda reluciente que domina sus vidas.”

En “La calle de los hombres buenos” existe una comunidad de personas que decide abandonar su sociedad. En este mundo, todos usan máscaras y las relaciones se basan en la mentira, y paradojalmente funciona y hasta con buenos resultados. Badair, después de una ruptura amorosa con una máscara -nunca se está seguro cuántas personas la usan-, decide retirarse un tiempo y arrendar una habitación en la Calle de los Hombres Buenos. Conocerá a Santaras, un viejo que le enseña que llevar la cara desnuda lo expone a toda una emocionalidad perdida. El relato saltará violentamente a la investigación de un mito, la sociedad de las mujeres piadosas. “La calle…” es un muy buen relato, difícil de escribir y solucionar, pero bien resuelto que va a satisfacer a los amantes de alta fantasía como al lector promedio de literatura fantástica.

“De cómo se introdujo el ferry aéreo en La Araucanía” es un relato steampunk que se sitúa después de la Guerra del Pacífico. Chile todavía conserva los territorios peruanos y la Pampa, gracias a una alianza con ingleses y alemanes. Las potencias europeas se han aliado para gobernar el mundo mediante convenios con diferentes países y Chile es su base de operaciones en Latinoamérica. Hans Haupt es un capitán delegado por el Gabinete Imperial del Ejército del Kaiser Guillermo II para ayudar al gobierno chileno a construir una carretera aérea a lo largo del país. La Araucanía es un sitio particularmente difícil por su alta volatilidad política y social. Haupt descubrirá que la magia es bastante real aquí al encontrarse con la Newén Coyam, una sociedad secreta que busca la libertad de las Américas. Por supuesto hay mucho más: una chica llamada Kiyen, espías norteamericanos, una pizca de protonacismo, pero no les arruinaré el placer. El relato más polémico de la colección, sin duda.

El siguiente relato -precedido por dos microficciones sin peso- es una excepción a la regla. No es literatura fantástica, sino más bien un intimismo inédito en Mercado. “Historia de un beso” es el recuento de un día en la vida de Amado González, enamorado de la vecina bonita, Sara. Son los 1990’s y llueve y Sara le pide a Amado que la acompañe a comprar parafina para la estufa. Sara no se llama así sino María del Carmen, pero Amado tiene recurrentes fantasías en donde todo es mejor y merecen otros nombres. El recorrido por las calles de Recoleta es también un buen acierto con su fuerte componente social. Amado no cabe en sí de felicidad, pero cuando ella le regala un beso, el día afortunado se transforma en uno increíble. “Historia…” es un relato muy sencillo y hasta naif, pero que nos revela un gran valor en el autor: las situaciones románticas.

Y pasamos violentamente a un relato humorístico, porque no podía faltar el humor aquí. “Abducción a la chilena” es un título desafortunado para una historia muy afortunada en situaciones cómicas sobre un taxista santiaguino raptado por dos muy despistados alienígenas. El tenor cómico cuelga precisamente de la interacción de los tres personajes: el taxista, un típico chileno, medio deprimido medio estresado económicamente, que se violenta por nada, versus un par de muy equivocados extranjeros, atolondrados y desesperados por encontrar el objeto de su misión. El relato no ahonda en las ideas ni desarrolla los pesonajes, pero es justo el aire fresco que necesita la colección para continuar.

“Paisaje lunar con cáctus” más que un cuento es una bitácora que mezcla los muchos viajes que hizo Teobaldo Mercado al desierto. El autor desde hace años es un entusiasta de las travesías en bicicleta y tiene una gran preparación técnica. El lector puede simplemente saltárselo, pero hay pasajes intimistas de gran belleza como la que describe el título. Interesante.

Y el volumen termina con, como no, una ópera espacial que deviene en comedia. Mercado recluta de nuevo a la tripulación de la Orgasmo Cuántico, de su relato “Otro día” (Sonrisas Estelares, 2007). El valiente Karl Von Amira, Duhlzura, el teniente Kada y los demás viajan por una zona desconocida para encontrar a la deriva al último de los Calamarii. “El Rampante Barón Sideral”, además de darle título al libro, es la historia de Johannes Nareda, el Calamarii que no tiene mundo madre porque los malvados de turno lo hicieron desaparecer. Nareda promete jamás volver a pisar ningún suelo hasta encontrar un mundo en donde empezar de nuevo. La tripulación de la Orgasmo Cuántico le ayuda en su misión, pero vamos conociendo mucho más del carismático huésped y su habilidad genética de meter en problemas a los que están a su alrededor. Aventuras y diversión prometidas y cumplidas, lo mismo que la sensación de la primera vez al tirarse por un tobogán.

Terminar una reseña como esta es fácil. La conclusión para mí es obvia y no hay nada más que agregar. Si desde ya los relatos le parecieron sin interés, entonces ahórrese el dolor y pase de largo, pero se va a perder de un gran tiempo de lectura. Sí, hay relatos desechables, pero los que valen la pena son muchos más y le dejarán más que contento. Mi última reflexión es que espero que Teobaldo Mercado no vuelva al silencio.

[CC 2013, Atilio Villa]

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  1. ¿WTF?

    ¿El rampante…? ¡VENGA!

    Ah, miserables canallas, alimañas de Chtulhu, están enlodando mi nombre con obras que nunca he escrito ni escribiré. En castigo los voy a spamear:

    Descarguen mi primer libro editado en 2005 gratis, sí, gratis, en mi blog:

    http://teobaldomercado.blogspot.com

    Además, pueden descargar los dos primeros capítulos de mi space opera que publicaré en e-book dentro de este año.

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