La columna gorda del Gordo Vimana: “El doble”

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Hola, ustedes ya me conocen, soy el gordo Vimana. El otro día soñé que caía por un precipicio Era un precipicio con las mismas proporciones que las Rocallosas, de hecho, es muy probable que fuera las Rocallosas. Yo caía y caía. Estaba cagado de miedo. Media hora después seguía cayendo, así me saqué del bolsillo una barrita de cereal, para comer, de puro aburrido. Lo mas curioso es que mientras caía, un hombre exactamente igual a mi, ascendía, comiendo una barrita de cereal. La misma barrita de cereal, es decir, que aquella barita cohabitaba en dos mundos. Una extraña barrita. Así es el poder de los sueños. Justo antes de quedar estampado como una enorme mortaja de carne, desperté. ¿Y saben dónde ? En un café con piernas.

– Hola, gordo Vimana– me dijo Camila

Era una colombiana. Culo enorme, del tipo colombiano, por cierto. Encantadoramente desproporcionada. Le agarré el culo y me dio un cachetazo.

– ¿Qué haces gordo, asqueroso?

Me saqué la billetera y busqué cambio para que me hiciera un table dance, pero andaba corto. Me había gastado toda la plata en barritas de cereal.

– Te pago después– le dije

Las nalgas le comían el calzón y arriba, en la parte generosa de su torso (o sea, en las tetas) no llevaba nada.

– El otro día me dijiste lo mismo y todavía espero que me pagues las dos lucas.

– Sí, pero esta vez será diferente– dije.

De alguna manera convencí a Camila y nos fuimos tras la barra y ella se contorneó sobre mi, pero cada vez que trataba de meterle mano, me pegaba un cachetazo, y al final yo tenía la cara roja como tomate y me veía estúpido y feo. Sonó mi celular. Era un tal Omar Vega, un escritor de ciencia ficción que había quedado de juntarse conmigo: ” Te estoy esperando fuera de este antro”,dijo. Que horror. Tomé a Camila por la cintura y la dejé encima de otro cliente y salí a encontrarme con Vega.

– Ud. es el Gordo Vimana– me dijo

– El mismo

– ¿Seguro?, porque en las fotos se ve distinto

Era un hombrecillo simpático , de cabellos blancos, muy formal, o sea, la clase de gente que no frecuento.

– Vamos– dije– trajo lo que le pedí

– Mi libro se llama “El mundo del futuro no será desastroso, será super bueno “

– Oh, pero que título tan tonto

Se quedó mirándome con la mandíbula abierta y me golpeó con el libro enrollado en la cabeza. Se metió la mano al bolsillo.

–Cuando me lo dijiste por teléfono no me lo creí, pero ahora no tengo ninguna duda. Fraude. Toma, Gordo.

Conté un fajo de billetes. Exactamente cien mil pesos como habíamos acordado.

– Aquí faltan 10 mil pesos– dije

– ¿Cómo que 10 mil pesos?

– ¿Quieres que escriba la reseña de tu libro? – Me guardé un billete en el bolsillo y conté los restantes frente a sus narices–. Faltan 10 mil pesos

– Vi que te guardabas uno, gordo estúpido.

Me metí la mano al cinturón y saqué un cortaplumas y lo hice zumbar en las narices de Omar Vega.

– Faltan 10 lucas– Me golpeé la palma con el borde del cortaplumas–, 10 lucas

– Gordo ladrón

Y así estuvimos un rato hasta que logré que Omar Vega me pasara 10 lucas más. El pobre había salido corriendo, muy asustado, apoyándose en su bastón, para que no lo rajara. – Métete tu libro en la raja– le grité

Me guardé el cortaplumas y regresé al café.

– Tu goddo asquedoso, estafaó, flaude

El que hablaba era el dueño del café. Un negro gigantesco, que vestía camisetas sin mangas y se hacía llamar El polí. Me tomó por la solapa y me sacudió.

–Tu goddo que no le paga a mi chica. Tu godo zarrapastroso. Ahola el Poli te va a matá.

Los negros en general me dan pánico, pero este además de negro era forzudo y tenía un enorme pene (se lo había visto un día en el baño de hombres y era exactamente igual a una vienesa extra larga) y eso lo hacía harto mas temible, porque, ay, ¿no dicen que lo negros tienen por costumbre violar a sus enemigos?. Y no me vayan a tratar de racista porque es información de primera. Lo vi en reportaje del Ku kux klan.

–Paga lo que debe – dijo el negro. Me agarró de las solapas y me levantó y me sentó en la barra y me inmovilizó, mientras las colombianas me registraban .

– Mira, Poli– dijo Camila.

Había encontrado los 100 mil pesos que me había dado Veg.a

–Ay, pero ese dinero es para los niños pobres

–Niños pobres mi anaconda – El negro se agarró el paquete. Camila le pasó el fajo de billetes y el negro lo contó–. A vel, a vel, son 110 mil pesos. Me doy pol pagao

Yo estaba temblando de rabia y me caí de la barra. Todos rieron, el negro, Camila, lo otros clientes, incluso había risas que salían de mi propia cabeza, risas que formaban parte de mis recuerdos.

– ¿Que lleva tu ahí?– dijo el negro, señalando mi chaqueta. Me apretó la nariz, mientras me revisaba bajo las axilas como en los interrogatorios policiales.

– ¿Y esto que é?

– ¿No sé?

– Esto e un liblo. Pelo vaya, que liblo. Omal Vega. Omal Vega e mi ídolo. ¿Y po qué tu lo tiene?

–¿No sé?, me lo robé, supongo

– Di la veddá, goddo

– Tengo que escbribir una crítica… creo

– ¿Y la va a escribí?

– No

– ¿Y po que no?

– Porque yo nunca escribo nada. Pero me llegan cheques por columnas y reportajes y cosas por el estilo ¿Y qué quieres que haga?, ¿qué los devuelva?

El negro me agarró la cabeza con una mano y con la otra me obligó a tomar una taza de café. Guácala, dije. Yo nunca me tomo el café de aquel café. Yo solo voy por los culos.

–Tu esclibe la reseña de liblo de Omá Vega poque Omá Vega e lo máximo. Si tu no esclibe reseña de Omá Vega, yo, El poli, te violo– Se agarró el paquete– con mi anaconda.

Salí del café, desconsolado. Me habían dejado sin plata y mas encima tenía que leer el libro del Omar Vega ese y, para peor, escribir una reseña. Oh, fortuna, por qué nunca respetas a los justos.

– Una limosnita, una limosnita

Era un ciego que estaba sentado en la esquina. Tenía un tarro de café con varias monedas de cien que hacía sonar. Me agaché tras él y estiré la mano hacia el tarro, pero se me rajó el pantalón y el ciego se avivó.

– ¿Quien mierda me quiere robar?

Traté de escabullirme, pero el ciego era rápido. Era como Daredevil. Me agarró las bolas y las estrujó como si fueran ubres.

– Ayayayayay – Yo conozco esa voz– dijo el ciego– , Gordo Vimana

Tenía dos bolas de materia en lo ojos como si le hubieran aplastado un caracol en las cuencas oculares.

– Por favor, suéltame las bolas

– No te suelto, no te suelto

– Nunca más, lo prometo.

Me soltó. Suspiré.

– ¿Cómo sabes mi nombre?

– No te hagas, gordo .

– Yo no te he visto en mi vida y supongo que tu tampoco

– Ja, gracioso. ¿Cuánto quieres?

– ¿De qué me estás hablando?

– No te hagas el estúpido, gordo estúpido– Sacó una bolsita blanca, que sostuvo entre sus dedos– . Esta es la que siempre llevas. Una bolsita de 10 mil

Miré la bolsa: – Así, que 10 mil, ah

– Son 10 mil

– Ok, 10 mil.

Me saqué uno de lo billetes de monópolios que siempre traigo con migo, para ocasiones similares y se lo entregué al ciego y le quité la bolsita. El ciego acarició el billete, pero luego se le ensombreció la cara: – Ladron, ladrón, gordo Vimana.

Caminé por Mapocho y me metí al baño de una sanguchería. En el water del cubículo flotaba un zurullo como un cocodrilo prisionero en una pecera enorme y todas las paredes estaban manchadas con las firmas de grafiteros aficionados, completamente locos. Consignas de viejos lenguajes, incluso el mapa de un planetoide imaginario donde vivía un pequeño príncipe que tenía por vecino a un imbécil que hacía dibujos como este:

sombrero

El cual era el símbolo que predominaba en la pared. Abrí la bolsa de coca y me espolvoreé el dorso de la mano y la vacié con mi nariz y ………. Estornudé.

–Conchadetumadre

Me arrodillé a recoger la coca pero estaba toda meada. Una masa maloliente con olor a amoniaco, amarillenta como heroína pero no era heroína, sino coca arruinada.

Me dejé caer en la taza. Y como estaba sentado aproveché de cagar. Oh, que delicia es cagar después de un día de mierda. Oh que delicia sentir como escapan de ti los cocodrilos que se enfrentarán en el mar con otros cocodrilos, una pelea a muerte. Pero el cocodrilo del Gordo Vimana vencerá. Del otro lado de la puerta alguien dijo:– Oiga ud, podría apurarse.

– Estoy cagando

– Y yo estoy que me cago

Aquel imbécil golpeó por largo rato. Me tapé los oídos, me cubrí la cabeza con mi chaqueta y traté de pensar en Camila, la colombiana, pero solo se me aparecía el pene de El poli «te voy a violá con mi anaconda». Ay, por qué todos me odian. Por qué todos se confabulan contra el pobre Godo Vimana. ¿Es mi fatun, mi destino?

– Abre la puerta, mierda

Me enfurecí y me subí los pantalones y me saqué el cortaplumas y abrí la puerta.

– Sal de aquí– dije–…

Me quedé de piedra. El que estaba fuera era un gordo exactamente igual a mi. Mi réplica, mi doble. El mismo gordo que subía mágicamente por el precipicio comiendo mi barrita de cereal. Nuestra barita de cereal. ¿Será que aún habito el mundo de los sueños?

–Creo que has estado usurpando mi lugar –dijo–. Me presento. mi nombre es…….

continuará ………

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