Veinticinco variaciones sobre Gregor Samsa (ficción)

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Zorak Jones, the zorathian

Zorak Jones, the zorathian

Por Luis Saavedra

1

A Gregorio lo mató la indiferencia, las malas relaciones familiares y un ego inexistente. Le sobrevive Samsa, que se transformó en cigarra y ahora escribe canciones de supervivencia.

2

Samsa se transformó en la clínica estética más famosa de Los Ángeles. Para cierta famosa película su cirujano estrella transformó a Brad Pitt en un pordiosero gordo y grasiento, con dos o tres dientes. El problema fue que nadie supo qué hacer después con el pobre actor y aún anda dando tumbos por los basurales de los Estudios Burbank.

3

En la habitación solo existe Gregorio. Se pone a escribir en la máquina de palabras sobre un hombrecito débil, hipensensible, que se llama Franz y que escribe pero nunca publica. “Transfórmalo en cucaracha”, le dice un amigo. Se queda un rato pensando y responde: “Nah, para qué, ya es suficiente así como está”.

4

Cuando se vio al espejo pensó que dos patas no eran suficientes, así que se puso cuatro más y salió al salón familiar a celebrar su ocurrencia. Le tiraron patadas y manzanas, y alguien gritó “Maten el bicho” antes de cerrar la puerta de su pieza. Decepcionado, tomó el libro de Darwin y lo arrojó por la ventana.

5

“¡Samsa, yo te elijo!”, gritó Ash, arrojando la pokesfera y liberando el monstruo quitinoso con cara noctambular. Por supuesto, ganó la batalla matándolos a todos de tristeza.

6

Pobre Gregorio, se levantó esta mañana y se dio cuenta de sus piernas humanas. Y cuando se llevó las manos a la cabeza, se dio cuenta de sus manos y cabeza, y del pelo, los ojos y la nariz. Salió espantado de la habitación y volvió a entrar avergonzado. Ahora era un gigante en un mundo de insectos.

7

Franz pasó enfermo toda la semana, pero aún así escribió un cuento perverso sin terminar sobre una cucaracha. Murió al sexto día. El manuscrito estuvo perdido un siglo hasta que un famoso escritor lo compró. “El código Samsa” relata emocionantes persecuciones por Praga y los ominosos peligros de la biotecnología. Dan Brown es tres veces más rico desde entonces.

8

Metamorfosis Z es el libro del mes en las estanterías estaudonidenses. Kafka es un chico normal cuando sobreviene la Plaga, pero entonces se convierte en un hábil cazador de cucarachas zombies. Junto a su fiel perro Samsa cruzará América hasta el Castillo, en busca de la cura para la Plaga, en manos de su archienemigo El Artista del Hambre.

9

La Cucaracha vagó por las estrechas callejuelas de Praga hasta las alcantarillas mal iluminadas. Debajo de la ciudad descubrió toda una raza de seres deformes creados por la literatura. “¿Nos vengaremos?”, dijo la Cucaracha a su amiga Gárgola. “No, ésta es nuestra forma real y humana. Nosotros no somos los monstruos.”

10

Gregor Samsa se encontró con Juan Calamares en un café de Praga. Se hicieron grandes amigos y conversaron largas noches sobre literatura. No fue hasta que Calamares empezó a escribir relatos humorísticos sobre él que la relación se agrió. “¿Por qué tienes que escribir de mí?”, le preguntó Samsa, “¿Por qué siempre tengo que ser una cucaracha?”. Calamares se encogió de hombros y dijo que su sueño era haber sido entomólogo.

11

Luego de su affair con Calamares, Gregor Samsa se hizo amigo de Remigio Aras. Aras le contó una historia que escribía sobre un hombrecito, un buen hombre, pero demasiado apegado a la burocracia, que de la noche a la mañana se convertía en un insecto. Sus familiares lo único que querían era deshacerse de él. Gregor, con un incómoda picazón en la nuca, le preguntó por el nombre del personaje. “Gregorio Samsón”, le respondió Aras, muy suelto de cuerpo. Samsa lo acusó de plagio y desde entonces no se volvieron a ver.

12

Atormentado por las malas amistades, Gregor Samsa conoció a Luis Saavedra. Samsa le contó sus experiencias y Saavedra le puso una mano solidaria en el hombro. “Yo también he vivido eso”, le aseguró. Se abrazaron como hermanos y alegres se contaron mutuamente sus vidas. Seis meses después, Saavedra sacó un best-seller: “El Monstruo de Praga: mi vida como un insecto”. En la contratapa, había una foto del autor con anteojos, aunque hacía mucho que no los necesitaba. “¿Por qué?”. “Necesitaba el dinero”. Saavedra es asquerosamente rico desde entonces.

13

“Mi no ser cucaracha con tú”, escribió Tué-Tué. “Qué bajo he caído”, fue el pensamiento de Gregor Samsa, cerrando la sesión del chat “Conozca amigos fácilmente”.

14

>Gregor Samsa tendió cuidadosamente la trampa. Aras, Calamares y Saavedra comparecían ante su presencia para llevar a cabo su venganza. Los acusó de crímenes contra la humanidad, de una sensibilidad perversa, de una atroz estética. “No entiendo qué está haciendo”, dijo Aras. Los otros dos bajaron las lupas y estuvieron de acuerdo. “¿Una cerveza?”, agregó Calamares y se fueron entusiasmados. La cucaracha sobreexcitada en el insectario seguía moviendo con furia su cuerpo.

15

“Venimos a llevarnos al humano Gregor Samsa”. El grupo de extraterrestres apareció a primeras horas de la mañana en su cocina, mientras Omar Vega tomaba una taza de café. “Hemos descubierto que tenemos similitudes biológicas”. Y era cierto, parecían cucarachas. “Lamentablemente, no podrá ser”, respondió Vega, “Verán, Samsa es una creación del escritor Franz Kafka”. “Pareces saber mucho de eso, humano”. “Así es, soy un arqueólogo del futuro y Kafka fue uno de los primeros en describir una forma alienígena”. “Suficiente, vendrás con nosotros”. Omar Vega protestó los primeros diez años, pero terminó acostumbrándose a esa sociedad de insectos que lo obligaban a andar en cuatro patas en un disfraz de Samsa.

16

“A mí me gusta la ciencia ficción y esto no lo es”, declaró Teobaldo Mercado arrojando el texto al tarro de la basura. El escritor taciturno no se esperaba esa reacción. Intentó una endeble defensa: “pero ES ciencia ficción, se introduce un objeto fantástico en un ámbito realista”. “No es suficiente, debe existir una explicación plausible y racional para la aparición de la cucaracha”. “¡Pero eso no me interesa!”. “¿Desea que le pague?” El escritor taciturno no había comido en tres días y movió la cabeza afirmativamente. La cucaracha se transformó en un hombre con una bioarmadura que era lanzado a un periplo por toda la galaxia para salvar a la humanidad que tanto lo odiaba. El escritor taciturno también odió el resultado, pero apareció en el número de verano de La Revista de Cientificción. El editor Mercado le envió el cheque a fin de mes y volvió a comprar huevos y pan y leche y un ejemplar que ocultó en su biblioteca. Al fin y al cabo era un hijo feo, pero su hijo.

17

Franz Kafka estuvo sentado toda la noche mirando únicamente el texto en la hoja: “La Metamorfosis”. Amaneció y durmió un poco, almorzó y cenó, y volvió a la hoja. A medianoche, arrugó la hoja y se fue a la cama. “Mañana escribiré un cuento completamente diferente” y se durmió con media sonrisa en la boca.

18

Su padre leyó “La Metamorfosis” a solas. Lloró cuando lo terminó y se preguntó si realmente ellos eran así con el pequeño Franz. Fue hasta la habitación de su hijo y entró. Lo encontró recostado en la cama. Le contó sus sentimientos, que ellos siempre habían sido considerados con él. “Qué hay de las veces que estuvimos a tu lado en tus enfermedades, qué hay del apoyo que siempre te dimos en tu carrera de escritor”. “¿Y qué si no es real? Soy una superestrella, es mi palabra contra la tuya”, respondió un egocéntrico Kafka.

19

Franz se casó con una linda chica. Todos en Praga lo supieron y lo celebraron. “Ya era hora”, dijeron las viejas de Josefov, “Es una justa recompensa para tanto sufrimiento”. Y era cierto, la felicidad vino a sepultar todos los muertos no enterrados en la cabeza del escritor. Pero la felicidad también es adictiva y a los pocos meses conoció a otra chica. Con Sofía trabajando en la floristería, se la llevó a la casa y se encamó con ella. Sofía llegó temprano y subió a la alcoba y los encontró a los dos. “¡Eres un insecto!”, gritó. “Mira qué curioso…”, le dijo su esposo, pero no alcanzó a terminar la frase porque ninguno de los tres pudo contener la risa.

20

Gregor salió a pasear por su jardín en Praga (porque Praga tiene que ser el único escenario posible). Pasaba debajo de una telaraña cuando escuchó que lo llamaban. “¡Por favor, ayúdeme!”. Levantó la vista y vio a la mosca de cabeza blanca atrapada. La araña se acercaba perezosa. “¿Qué puedo hacer por usted?”, dio unos pasos cautelosos, no fuera a ser que terminara siendo el postre. “¡Libéreme! ¡Soy un científico y valgo mucho para la humanidad con mi descubrimiento!”. “Mmmh, yo solo soy un simple burócrata”. “¿Un burócrata? Entonces venga y tome mi lugar. No será una gran pérdida”, la mosca se rió de su ocurrencia. Mosqueado, Gregor respondió: “Tiene razón, volveré con unos formularios para autorizar su rescate”. Y se alejó hacia un rosal. Escuchó los gritos de espanto de la maldita mosca, pero de pronto acabaron. Fue un alivio.

21

No hay peor tristeza que saberse alienado del resto de tus congéneres. Si Samsa hubiera conocido a Erdosain, el primero de los siete locos, qué cantidad de historias tristes se contarían. En el café de la esquina, a las nueve de la noche, entre el humo del cigarrillo. Historias que ya nada tenían de fantástico y Gregor no era ya un insecto sino algo peor. Ambos monstruos de la clase media, la peor clase de ser humano que existe, la que tiene pecadillos y no pecados, la que sufre con perros pequeños mordiendo sus talones, la que empieza a contar las monedas después del veinte de cada mes. Todas las historias terminan irremediablemente con un sueño roto.

22

¿Y si algunas variaciones no son sobre Samsa, qué? ¿Importa? Go fuck yourself!

23

El hombre que se convertiría en cucaracha tiene veintitres años cuando le sobreviene tal evento. A los veintitres años ya trabajaba de amanecer a anochecer y tenía una estructurada rutina que apretaba sus zapatos y sus muñecas con camisas más estrechas. No habían muchas opciones realmente. No podía escapar de un destino que lo mantenía alimentando a su familia. Y sin embargo, tenía pequeños sueños burgueses como salir un domingo en la mañana a pasear por el parque de la ciudad con una chica bella. ¿Sobre quién estoy escribiendo ahora?

24

“¿Por qué escribes sobre mí?”. “No lo sé realmente, Gregor. Podría escribir también sobre Erdosain y todos los millones de pobres desgraciados de este mundo, pero tú eres el más importante de todos”. “No suena precisamente halagador, ¿no será que también escribes sobre ti mismo?”. “Mmmh, puede ser, pero aquello de que el escritor escribe sobre sí mismo es solo un mito”. “¿No son los erizos parte de esa marea de pobres bastardos de vidas pequeñas?”. “Lo siento, Gregor, pero esto se está poniendo demasiado personal, es hora de terminar”.

25

Yo soy Samsa, siete mil millones de veces. Nunca en toda la historia humana he estado tan solo y alienado como hoy en día.

[CC 2013, Luis Saavedra]

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