Somos un poco lentos: Capitán Cometa y el futuro del hombre (artículo)

Estándar
El origen del Capitán Cometa

El origen del Capitán Cometa

Por Luis Saavedra

Los años 1950’s en Estados Unidos estuvieron llenos de fantasías totalitarias en donde el hombre blanco llenaba el espacio exterior con su presencia y supremacía. Fue una época fecunda y esperanzadora para todos aquellos que leían literatura pulp o cómic, y encontraban una excusa perfecta para creer que allá arriba existían los héroes del futuro plateado que luego William Gibson llamaría fantasmas semióticos. La Space Opera de los cómics se plagó de arquetipos de hombres que parecían comunes y corrientes, pero que encerraban un potencial latente para convertirse en superhéroes. El Capitán Cometa no fue muy distinto de estos personajes que aparecían en revistas como Super Science Wonders o Strange Spaces, y lo paradojal es que, en un medio lleno de héroes extraordinarios, fuera alguien del montón en el rango de sus superpoderes.

Sus orígenes están llenos de referencias porque Adam Blake nació en 1931 en el medio Oeste norteamericano, hijo de una joven pareja de granjeros. La noche que vino al mundo pasó un cometa y a su luz su padre se convenció que Adam estaba para grandes cosas. No se equivocaba porque la radiación que emitía este portento cambió algo en el niño y ya a los cuatro años podía ver el futuro. Para cuando salió de la universidad tenía memoria eidética y comprendía a la primera cualquier mecanismo o método. Sin embargo, por su misma condición de superdotado, estaba predeciblemente destinado a una vida solitaria, así que decidió ocultar sus poderes para poder pasar desapercibido. Por supuesto, nadie puede ocultar su verdadera naturaleza sin estallar y se fue a confesar con el doctor Emery Zackro, reputado físico que lo hizo pasar por todas las pruebas posibles para concluir que Adam era un mutante. O sea una retroproyección de lo que llegaría a ser el ser humano en cien mil años más. Con tales antecedentes el dr. Zackro (Ilíaco para los amigos) comenzó a entrenar al mozuelo en el total anonimato, pero una invasión alienígena en 1951 forzó a Blake a hacer su debut. Tomando un traje y casco espacial pudo mandar de vuelta a los invasores y tomó el nombre de Capitán Cometa –recuerden que estamos en los 1950’s y la dotación de nombres rimbombantes es alta. Se hizo adicto a la lectura y la aventura; mientras ostentaba un humilde trabajo en la Biblioteca Pública como Adam Blake, su alter ego recorría la galaxia en su nave, la Cometeer. Fue su rutina durante años: leer vetustos libracos y dar piñas al gorila intergaláctico de turno. Hasta que un día decidió marcharse de la Tierra, molesto por el sentimiento de soledad que lo embargaba y el pobre conocimiento humano. Nunca más volvería a casa.

Los próximos veinte años fueron una fiesta continua de aventuras para el superhéroe. La galaxia es un cajón de arena inmenso para no aburrirse nunca. Sin embargo, siempre lo perseguía la inquietud de no conocer su lugar en el universo; los suyos estaban a varios siglos en el futuro y, a pesar de su envejecimiento ralentizado, lo más probable fuera que no llegara vivo a conocer la época a la que pertenecía. Pasó varias pellejerías que le colocaron dentro de la categoría de los héroes trágicos: como parásitos que lo doblegaron durante años y una temporada de esclavitud a manos de un empresario del mal. Pero al final encontró algo parecido a un hogar dentro de la organización de L.E.G.I.O.N. cuando Lobo lo liberó. Y luego, algo parecido al amor en Marij’n Bek, pero que ya estaba casada con el oficial Garryn. Aunque parezca extraño –desconozco los detalles del asunto–, Garryn da su consentimiento a dicha relación, pero Blake no llega a consumar nada sino hasta mucho después (¡?). Historias van, historias vienen, terminan los tres a la deriva en un planetucho de mierda conocido como Ith’kaa tan atrasado, pero tan atrasado, que tenían Transantiago. Allí nuestro sufrido héroe termina enterrado por una entidad supervillana y con los Bek de vuelta a la civilización y al ring de cuatro perillas, supongo… Tomado por muerto, una vez más del lado de los olvidados, el Capitán Cometa no tuvo más remedio que rescatarse a sí mismo y desenterrarse.

Aquí empieza la mayor de las proezas de nuestro héroe, aunque no tiene el sitial que se merece en su historia. Al volver a L.E.G.I.O.N. explica brevemente: “Eran un poco lentos”. Bueno, en un año el Capitán Cometa hizo avanzar la civilización Ith’kaana desde la edad de piedra hasta el viaje interestelar. Es una idea pasmosa por lo gigantesca. Pienso que nuestro héroe debió avanzar en tantas disciplinas de ciencias sociales, físicas y naturales como para conformar un cuerpo de sabiduría escalable por los nativos. No es difícil imaginarlo, recordemos que memorizó todo el conocimiento humano siendo empleado de la biblioteca. Pero aún así, debe haber sido una batalla descomunal contra el caos y la entropía, impulsado a fuerza de la voluntad de un solo hombre.

En los años 1950’s, el título era de una space opera desenfada como decenas de otros, así que un guión que mezclara naves espaciales y gorilas malvados no sonaba descabellado. En este contexto enfrentar a un héroe a una tarea de proporciones planetarias era deseado por toda la masa de lectores. El problema es que ni siquiera se vio esta tremenda aventura porque el guionista simplemente lo resolvió con una sola frase. Cometa debe haber comenzado subyugando a las tribus, terminando con los caudillismos y diferencias raciales, mediante el poder de su convencimiento intelectual y de las armas. Luego, erigirse en el único caudillo y darles de sopetón un gran baño de conocimientos, a la vez que los convence de un futuro en donde serán todopoderosos y saciados. Ciencia y religión son una combinación invencible. Organizaría turnos forzados de trabajo y comités técnicos que depredarían los recursos naturales en decenas de kilómetros a la redonda de las principales ciudades. Estructuraría una sociedad ideal basada en la ley marcial y una estricta y competitiva meritocracia hasta llegar a sistemas utópicos. Evitaría el “shock del futuro” bombardeando a los humanoides con suplementos tecnológicos e informáticos que regulasen las funciones cerebrales. Así, al cabo de doce meses tendría una maquinaria viva y al borde del colapso solo para conseguir la expertise técnica y los recursos para construir una nave espacial que lo pusiese en órbita… Pero nuestro Capitán tenía la cabeza en otro lado y una vez conseguido su objetivo se olvidaría de ellos y no asistiría al atroz colapso de esta seudo-civilización que, sin su Dios (y su guía) y sin recompensa, se disgregaría víctima de la falta de nuevos objetivos. Increíblemente, el Capitán Cometa se volvería a encontrar con Ith’kaa, pero llevarles un importante mensaje, no sin antes derrotar una criatura química: que ellos son los únicos que pueden decidir por sí mismos y, por eso, ya no pueden quedarse esperando que les digan qué hacer o pensar. Y con esto se cierra la más controvertida de las aventuras de nuestro héroe. Los Ith’kaanos hoy odian todas las imágenes religiosas y el autoritarismo y se han entregado a un largo crepúsculo como raza en donde todos son servidos por automatismos hasta la muerte.

Pero las correrías no terminan allí. El guionista original de la serie, John Broome, era, al parecer, un mago en escribir ocho páginas, pero mejores y más sugerentes eran los títulos. Aunque no he leído ninguno de los cómics –ni falta que me hace-, elegí estos para ilustrar mi tesis final.

En “Ojos de otros mundos” (Junio 1952) una raza, los Tele’trak, que ha llegado a niveles intelectuales increíbles rapta a todos los superhéroes oriundos de la Tierra para someterlos a la humillación máxima de ser observados, interrogados y, finalmente, fallar en todas las difíciles preguntas que les plantean. Uno a uno, los héroes caen hasta llegar al Capitán Cometa. Los Tele’trak se enfrentan entonces a un ser que los iguala en conocimientos y nivel intelectual y reconociendo que la Tierra puede albergar vida inteligente los liberan a todos. Pero no hay gloria para el Capitán, porque en muchos se planta la duda de si será realmente un ser humano. Cometa, que había pensado en regresar a su planeta natal, decide amargamente que la Cometeer es su único hogar en el Universo.

“El Día que desapareció” (Octubre 1952) lleva al Capitán Cometa a días de su infancia en busca de un episodio que es relevante en su futuro. Al parecer, un villano, Clock Master, que puede viajar en la historia personal de cada ser viviente, ha borrado varios días claves en la vida de Cometa con el fin de hacerle perder habilidades. Pero los recursos de nuestro héroe hacen que los recupere, no sin volver a rememorar dolorosos episodios como cuando descubrió que podía volar solo porque una banda de chicos comenzó a golpearlo y deseó escapar yendo hacia el cielo. El enfrentamiento con Clock Master es particularmente cruel en el sentido que el héroe descarga toda su furia sobre el villano por hacerle pasar tanta dificultad. Luego que todo ha terminado, reflexiona: “Soy todo mi presente, pero también mi doloroso pasado. Soy el Capitán Cometa”.

“Capitán Cometa v/s Miss Universo” (Noviembre 1952) es quizás el más triste de los episodios porque habla del gran amor del Capitán Cometa, que dejó atrás en la Tierra. Un esclavista intergaláctico ha raptado a la periodista Josie Jones y vendido a un potentado alienígena que organiza todos los años un torneo de criaturas femeninas en la que la vencedora pasará a formar parte del harem. Claro está que la vencedora también es la única superviviente… Josie, mediante un enlace empático con Cometa, que no ha sido roto por la distancia, lanza un desgarrador mensaje de auxilio. Tres viñetas más adelante ya tenemos al Capitán saltando sobre los esclavistas para resultar vencedor. Pero entonces el potentado alienígena le dice que devolverá a la mujer sí y solo sí derrota a su mejor adquisición, la antelorana Niuk, o matará a Josie –que reside en un tanque de “agua” con mortíferas criaturas nadadoras. Aunque sabe que los anteloranos son máquinas de guerra en sí, no tiene otra opción. Resumiendo, la periodista es liberada y le ofrece al Capitán volver, pero él, fiel a sí mismo, declina a pesar del amor que lo inunda. Josie se queda mirando el cielo de atardecer, mientras la Cometeer asciende y se pierde en los espacios infinitos.

Para el final he dejado el episodio “Luz, cámara… invasión” (Abril 1953), que me ha parecido particularmente entretenido. Cuando los Plecera se enteran que la Tierra es un planeta a la venta, lo compran… y empiezan a desmontarlo para colocar inmensos sets de astrovisión en los que filmar estúpidos programas de variedades y eternos torneos de cubofrye, un deporte que suelen disfrutar mucho. El problema es que el espacio desmantelado antes perteneció a ciudades enteras que fueron volatilizadas en un segundo. El horror llega a oídos del Capitán Cometa que nuevamente, y en contra de sus sentimientos, decide venir en ayuda. Es un capítulo lleno de humor y referencias a la época que solo un norteamericano podría entender, pero que se disfruta igual. Al final, Cometa se las ingenia para que les revoquen la licencia de transmisión de los Plecera y obligarlos a sentarse en una mesa de negociaciones. Sin embargo nunca sale a la luz el vendedor de la Tierra ni el porqué de su decisión.

Corolario. El Capitán Cometa es un héroe del futuro que se convirtió en tal a medida que su tendencia a encontrar un lugar en el Universo fallaba una y otra vez. Sacado de contexto temporal nunca ha encontrado un nicho al que aferrarse y eso lo ha llevado de hazaña en hazaña para probarse a sí mismo que es digno de tener un lugar, de ganárselo a fuerza de ser un mutante superior de un futuro que nunca llegará a conocer.

[CC 2013, Luis Saavedra]

Anuncios

»

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s