El Fin de Erizo (segunda parte): El Planeta de los Tué.

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Los tres amigos

Los tres amigos

Por Juan Calamares y Luis Saavedra.

Primera parte. El Viaje.

Todas las cosas que escribo son ciertas. Una vez escribí que una  bomba atómica me cayó en la cabeza y eso fue cierto. Esta historia también lo es: El otro día estaba en mi tienda de anteojos cuando apareció Luis Saavedra. Luis Saavedra es mi  amigo pero siempre está acusándome de cosas que no he hecho y me cobra deudas que desconozco. Como sea, Luis Saavedra estaba furioso y de no ser por Amira, que lo acompañaba, me habría matado. No me mató, pero me dio una paliza que me dejó inconsciente (yo siempre estoy quedando inconsciente, debe ser una especie de karma). Soñé entonces con el pago de todas las maldades cometidas, con la  venganza concertada por  todos mis  enemigos. Me vi como un títere  desmembrado  y  echado a los perros.  Desperté de la  pesadilla pero en otra pesadilla. No  reconocí  lo que me  rodeaba.  Estaba  en un entorno  tecnológico y futurista pero de mal gusto; una  suerte de cabina extraterrestre, pulp. Estaba  con Saavedra  y Amira. Amira (que es un  hombre recio,  que  usa  barba y bebe Jack Daniel’s en botella) comprimía la  mandíbula y Saavedra   tenía los ojos  llorosos. ¿Qué les pasa a los maricones?, pregunté.  Entonces un  dedo  me  tocó el   hombro. Era un dedo  largo,   huesudo y  escamoso, muy parecido al dedo de la muerte. Entonces  vi la  cabeza  del   dueño del dedo…..  Aquello  había  alargado  su  cuello y  sus ojos enormes de inseco me  auscultaban. Era un monstruo  pequeñito con   toda la  pinta del  extraterrestre de Ros
well. Yo  grité: Mierda.

-Tranquilízate – dijo Amira.

Me puso  una  mano en la  boca y   me  contuvo  con  su  enorme brazo de  físico  culturista.

– ¿Estoy   borracho? – alcancé  a decir

-No – Amira  señaló la escotilla: los bastos continentes y la  curvatura de la tierra-, esto es real.

Estábamos en el espacio.

Conviene  que   hable un poco de las cosas que nos llevaron a ese punto  de alucinación  o verdad   oculta. Asumo  que   se relaciona con   Saavedra, pues Saavedra es un hombre raro,  un  hombre raro que quiere  ser normal, que  quiere  celebrar la felicidad  y no puede porque solo sueña  pesadillas. Saavedra es un hombre desterrado de su mundo a este mundo que no comprende. Es un desdichado. La cosa es que le dije:

-Saavedra, estúpido, idiota.

Y  le  di  con la  mano  abierta en la boca. Saavedra se puso a llorar y hundió la cabeza  entre las piernas y  golpeó el  piso  con un  zapato y gritó mamacita y luego  se apretujó la  nariz   con  el índice y  el pulgar hasta  sacarse sangre. Luego se  abrió la bragueta y empezó a arrancarse el  bello púbico y finalmente saltó con las piernas  bien  abiertas como los sapos por   toda la  cabina, hasta que se golpeó la cabeza y se cayó.

– Jajajajaja-  dijo  el ser

Mire  su  horrible  cara y   dije:

-Eres un monstruo

El   ser  se miró a  si mismo y  dijo: pero  obvio,  digo, es cosa de verme. Entonces se puso de pie y caminó con sus  largas  piernas de zancudo y dijo:

– Mi nombre es Agevramo, el sabio, aunque  todos  me conocen como Payasito de porcelana.

– El Payasito de porcelana es un  cuento de Luis Saavedra – dije-, un bello cuento de Luis Saavedra

– No es verdad – dijo el payasito -,  yo  no soy un cuento, no soy un personaje. Luis  Saavedra, con su iluminación literaria  me captó y  me escribió, pero yo soy  real. Creíble y tecnológico.

-No lo creo

-Pero es verdad, tanto así que  ahora a Saavedra se le dio vuelta la  tortilla y  tal como el  alguna  vez me obligó a realizar acciones que  yo no quería realizar, ahora  yo hago lo mismo  con él.- El Payasito de porcelana sacó  de su  manga un  extraño artefacto  y  lo manipuló. De inmediato Saavedra  se puso a hacer  morisquetas y se jaló del cabello y se tiró las  orejas  e hizo toda  clase de cosas tontas, hasta que   remató tratando de sacarse los calzoncillos por  debajo de los  pantalones. Corrí  donde Saavedra y traté de  contenerlo. No  te hagas daño, dije, por  favor, no te hagas da;o. Sin embargo, Saavedra continuaba  haciendo cosas estúpidas y diciendo “Luis  Saavedra, con su iluminación literaria  me captó y  me escribió, pero yo soy  real. Creíble y tecnológico.”, pues tales  eran las cosas que  el Payasito  le obligaba a decir.

Cuando el payasito terminó de humillar a mi  amigo, dobló la muñeca y sus huesos  huecos atravesaron su piel y de la abertura salió un gas verdoso que nos sumió en el sueño.

Segunda parte. El Planeta de los Tué 

Cuando  desperté  no estaba en  mi planeta. Estaba  en un extraño paraje con monumentos  ciclópeos del tamaño de monta;as y en el cielo vi dos  soles, uno  negro y  otro  rojo que irradiaban sus  sombras contradictorias  largas   lenguas  tan  bastas como el mismo  paisaje que nos  rodeaba. Era  el planeta Tué.  Yo estaba atado  a un potro de martirio junto a Amira, que también estaba  atado a un potro, pero a la manera de San Sebastián, es decir, a la manera gay. Estábamos  en la arena de un coliseo  mas  viejo que   toda  la  historia  humana. Un monumento  erigido en  honor a   dioses desconocidos y en las graderías  había miles de  horribles    completamente tatuados,  hombres y mujeres que  rugían y   arrojaban  desperdicios a la  arena  y nuestra humillación  era para ellos  aliento y    regocijo.

– ¿Dónde está Saavedra – dijo Amira.

Negué con la cabeza y dije:  esto es un  sueño,  tiene que ser un sueño, porque nadie todavía  ha viajado a otros mundos.

– Quizás hay uno que sí- dijo Amira.

El payasito de porcelana   entró   a la  arena  montado en una bestia similar a un elefante pero con largas piernas delgadas como patas de insecto, un animal mitológico escapado de la mente  de algún  parodista  sicótico. Aquellos  espectadores callaron al verlo entrar y  juntaron sus manos  sobre  su  pecho y   se arrodillaron ante  aquel que era su líder. El  payasito  desmontó  del  animal y dijo:

– Amados  Tué,  moradores de este  extra;o  y  viejo mundo. He traído a aquellos que  me han  humillado. Los  he traído a esta vuestra arena para que luchen entre ellos, para que  luchen  con dragones y  con  el  mejor  de vosotros. Los  he traído para deleitarme en su humillación.

Aquel loco hablaba  en un lenguaje arcaico y era  tan estúpido como  Sebastián Piñera, pero a mi  lo que me  preocupaba era Saavedra. Vi  entonces a Saavedra. Lo traían  varios tué  y el pobre era un despojo humano. Estaba  completamente desnudo y había  sido  torturado  con  látigo  y sus carnes  mordidas  colgaban y tenía  alopecías en el  cráneo y  flores abiertas  en la carne como un moderno  sacrificado. Los  tué  lo arrojaron a la arena  y Saavedra levantó las manos  hacia el  cielo y aquel  gesto  fue el símbolo de su maldición y el payasito  de porcelana  rió y   pasó su  lengua por  sus labios, diciendo:

-A la  una, a las  dos y a las tres.

Y oprimió el  botón  de su control remoto.

Saavedra se  puso de pie  y volvió a sus   tonterías  habituales: se metió los  dedos a los ojos y con una llave inglesa, que  no sé  de dónde  sacó (quizás se la dio el Payasito)  se sacó una a una  las cejas  en medio de las risas de los  tué y  luego el Payasito de porcelana  le arrojó  cera depilatoria y  el pobre Saavedra se arrancó franjas de   bello de las  piernas  y el pecho mientras  gritaba maldiciones y  todo esto ocurrió  frente a mis ojos, lo juro.

-Es  tiempo que conozcan a su primer  contrincante- dijo el payasito

Abrió las palmas y  un tué entró a la arena. Era un  tué  de tres metros,  con antiparras y enormes  brazos  peludos de mono. Por la   carne  de los  hombros  le salían  filosas cuchillas y  sus pu;os eran parecidos  a  yunques o a mazas medievales. Vestía un taparrabos y llevaba el pecho  desnudo  y marcado con  viejas  cicatrices de metales  ardientes  y  gruesas  cadenas le  colgaban del  cuello de arterofílico. Cuando abrió la  boca   tenía los  incisivos manchados de sangre. Gritó:

-Tuéeeee.

Y los salvajes de las graderías  respondieron:

-Tuéeeee.

Y el guerrero se  preparó para luchar con Saavedra.

Saavedra  miró al  tué con ojos enormes  y echó a correr, pero entonces el payasito  oprimió el  botón que decía  eyectar y Saavedra dio un enorme salto y   cayó  de  bruces   frente a Amira. Amira  lo miró encogiéndose  de  hombros y  lo único que se le ocurrió decir fue: la   fuerza, recurre  a la  fuerza. Saavedra  se cogió de los pies de Amira. El Payasito de porcelana  oprimió otro  botón y el pobre Saavedra se puso de pie   por la  espalda  como si  levitara y abrió los brazos y puso    cara de  amenaza y  comenzó a gru;ir. El  tué  vio aquello como una invitación a   la  lucha y se lanzó sobre Saavedra. Saavedra trató  de salir de debajo del tué, pero el tué  le puso  una   rodilla  en la nuca y alzó los brazos  frente a su  público y luego   puso las manos en las  orejas de Saavedra  y  lo desnucó. El público se enfervorizó.

-Oh, pero que aburrido– dijo el Payasito.

Oprimió entonces el  botón que decía  face  2  y Saavedra se reactivó. Ahora tenía  fuerzas  redobladas y  arrojóse  sobre el tué y con las piernas  le  rodeó la  cintura mientras le daba  zarpazos. El tué se desequilibró y   se   fue de bruces y ahora  fue el  turno de Saavedra  para desnucarlo. El público dijo buuuu y el Payasito  también dijo  buuuu, incluso Amira dijo buuuu.

-Soy un campéon  – dijo Saavedra.

-Bueno,  si- dijo el Payasito. – y sacudió el dedo  señalándonos  alternativamente a  Amira y a mi mientras decía:  de  tin  marín  de  do pingüe, etc. Entoces eligió a Amira.  Dos  tué desataron a Amira que decía:   yo no quiero pelear, por  dios, que siga peleando Saavedra. Y  todo esto mientras Saavedra  se paseaba   frente a los  tué  de las graderías, juntando los brazos y  gruñendo  su victoria.

-Ya  deja eso- le dijo el payasito a Saavedra. Te mataré.

Entonces el payasito  flotó  sobre la  cabeza del pobre  Saavedra   y  lo  señaló con la  luz  de un círculo de energía  que le apareció  en el pecho.   Saavedra se   iluminó con el   halo  y comenzó a convulsionar.  Yo no podía permitir  que mataran al pobre  Saavedra. Luché   y  corté mis amarras. Dos  tué  me    cortaron el paso  pero   me escabullí por en medio de sus piernas. Corrí donde el payasito y  grité:

-Por qué  nos odias  tanto.

El payasito dio un  grito  y luego tocó su control  y entonces Saavedra  voló  varios metros  por el  aire  y se estrelló en una  roca.

-¿De verdad quieres saberlo?

Me armé de valor porque temía  su respuesta, porque sabía su respuesta…….

El payasito de porcelana flotó  y me  miró con sus  ojos zetareticulianos. Dijo:

-Luis  Saavedra, con su iluminación literaria  me captó y  me escribió, pero yo soy  real. Creíble y tecnológico

Creíble  y tecnológico.

La verdad es más  horrible de lo que parece.

El  ser que  tenía  frente se distorsionó  y  todo comenzó a girar. Los  movimientos de los  tué  se  ralentizaron e incluso  sus voces se  hicieron graves y  lentas, espesas como  voces   de ultratumba. Me  arrodillé  sin querer  aceptar la  verdad, pero, dios   si la verdad  siempre  había  estado  frente a mí:

– Omar Vega.

-Es mi nombre, no lo gastes- Omar Vega se  tiró la piel  del  rostro y  arrojó al suelo su máscara de payasito. Hizo un gesto y  los  tué  trajeron a Saavedra  y a Amira.

-Chuatas, yo quería un poco mas de dramatismos, un  poco mas de sangre, pero  en fin, esto tampoco es malo. ¿Cómo  comienzo? ¿Por  dónde comienzo a contar la historia de cómo me  convertí en el Payasito de porcelana y en el soberano de los tué? Es una larga  historia, pero ¿creían que podían  reírse  de mi  y que eso no tendría consecuencias? Si creían eso estaban muy equivocados. erizos. En fin.  En realidad es una historia  graciosa. ¿Están preparados? Perfecto. La  historia comienza así…..

(continuará)

[CC 2013, Juan Calamares y Luis Saavedra]

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