AUGE Y CAÍDA DE MIGUEL FERRADA

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Por Juan Calamares (Basado  en una historia  de Saavedra  y Calamares)

 

El  año  pasado,  antes  que  se  desencadenaran los  sucesos  que    todos  conocemos, Ferrada  me  invitó  a celebrar el  aniversario  de  su  editorial.  Por  aquel  entonces  Ferrada  había  lanzado seis libros que lo  habían  vuelto millonario y estaba  en la  cima de  su carrera.  Las  mujeres  más  hermosas querían  acostarse  con él  e importantes dignatarios buscaban su asesoría en materias políticas. No  era   raro  ver  al papa Francisco solicitando la opinión de Ferrada sobre  la  pobreza en el tercer mundo o a Rihanna  declarando que daría todos sus Grammy  por   una  noche  con él.  Pero   volvamos  a la   fiesta.

Lo primero  que  llamó  mi atención  fue  la cantidad  de famosos  esperando  su  turno  para compartir  con Ferrada.  Había varios círculos de interacción  a  su   alrededor.  El último círculo estaba  compuesto por gente  de la  farándula,   a decir, Marlén  Olivarí. En el  tercer  circulo  estaban  los intelectuales de  la   whikierda. En  el  segundo círculo futbolistas  y  faranduleros de  alto calibre. Y  en el  primer  circulo estaba la familia Luksic.  Instintivamente  todos  acercaban  sus  copas hacia  Ferrada  esperando  algún  tipo  de  reconocimiento por parte  del Dandy, pero  Ferrada solo  tenía  ojos  para su  nueva adquisición: Pampita. Habían comenzado su relación, durante el  embarazo de esta y  cuando  los  descubrieron,  la  noticia circuló por  todos los medios. La  foto  de Ferrada cubriéndose el  rostro   hizo  las delicias del SQP, pero el que terminó por callarlos a todos  fue el mismo Benjamín Vicuña  al  declarar  “Si  Pampita  quiere meterse con otro, que  mejor que sea con Ferrada”.  El público  se  conmovió. Los  tabloides  retrataron a la  nueva  pareja  junto a Vicuña, quien fue llamado “el gran comprensivo”. Pero cuando se supo  que los hijos de Benja y Pampita, en realidad  eran de Ferrada y Pampita, Vicuña pasó de  gran comprensivo a gran estúpido. Nadie quería  ver a  un  cornudo  vendiendo  productos  para el  cabello, de  modo que Vicuña  perdió los contratos con Almacenes  Paris y fue  vetado de las  telenovelas.  Entró  en crisis de pánico y se  dice  que bebió mercurio, pero   en tan  baja cantidad que la dosis  solo  le  provocó una  fuerte  diarrea.   De  cualquier  manera, el  tiempo lo cura  todo y Vicuña emergió de las  cenizas,  al declarar: “Si  Pampita  quiere  pasarme   gato por   liebre,  que mejor  sea  con Ferrada”. Ya  nadie  lo  respetaba pero  al menos  volvió a  tener trabajo.

Yo  estaba aislado entre el  grupo mas patético de invitados, que era el de  los personeros  de gobierno. Nadie nos  tomaba  mucho en cuenta e  incluso  los  garzones hacían la  vista gorda. Estaba robándome los  tallarines  del bufet  con Nicolás Eyzaguirre, cuando Ferrada convocó a los asistentes con una campanita y dijo: Estimados  amigos,  es  un placer  que estén aquí, en este día  tan  especial  para  mi. Pero  no es  solo  un día  especial para  mi, también lo  es  para  mi  amor. Ferrada  tomó la  mano de  Pampita. Pues sí, Pampita  y  yo nos  casamos. La  gente  estalló en aplausos  y Ferrada  le puso a Pampita un deslumbrante  anillo de  diamantes. A  mi la  felicidad  de Ferrada me  importaba  bien poco,  pero igual simulé  mucha  emoción (creo que  se  me pasó un poco  la  mano, porque me  dio por  abrazar a Jorge Burgos  y  casi  le  doy  un beso). Pero  de  pronto  reparé en Vicuña.  No  es  que estuviera cabizbajo o enojado. Al contrario estaba  alegre, demasiado alegre diría yo. El  pobre  lamebotas fue el primero en acercarse a la  pareja  y los  besó  con una camaradería  un pelín  demasiado  lambiscona.

–Que  se  tire  a  la  piscina–  gritó Andrés  Velazco.

El  estúpido  mamarracho  estaba saltando entre  la  gente,  azuzándola  para  que  alentaran a Ferrada a hacer uno de sus famosos saltos ornamentales. Ferrada, además era un excepcional clavadista y se decía que había  interrumpido  una  prometedora   carrera olímpica, en  favor  de  las letras. En  fin, que todos gritábamos: Que  se  tire, que  se  tire.  Ferrada se negaba  cortésmente, pero  no  aguantó mucho,  y  ahí mismo se  quitó  la  ropa, quedando en zunga  y  luego de hacer ejercicios  de musculación,  besó  a Pampita y  corrió  a  la  piscina. Subió  la enorme escalera  y   cuando   llegó  al  trampolín gritó: Esto  es por  ti, Pampita. Se  metió un dedo a la  boca,  midió  la   velocidad  del  viento, hizo sonar  los  nudillos  y  finalmente  dijo Hop  hop  hop….haaaa. Y  entonces  se  arrojó.

Pero  el  trampolín, en  lugar  de arrojarlo  hacia delante  lo hizo hacia  el   lado. El pobre Ferrada aleteó desesperadamente  y  se dio  varias   vueltas en el  aire, intentando planear  hacia la  piscina, pero estaba  demasiado lejos. La  gente gritó. Marlén  Olivarí  se  desmayó  y Pampita  corrió  donde su  amado, que  hacía  toda clase  de  contorsiones igual que una marioneta. Lo  último que  dijo antes  de estrellarse  fue: Ayúdame, Andrés  Velazco.

Cuando  se  me  permitió  visitarlo, meses después del accidente, los  periodistas acosaban  la  entrada de la clínica.  Eran  cientos de  ávidos   paparazzi, que   pernoctaban  día y noche,  ansiosos  de   noticias del Dandy. Los  esquivé como pude y  subí  al  pabellón de  la  UCI.  El doctor  a  cargo me  miró   y   negó  tristemente  con la  cabeza. Tienes  que  estar preparado, me dijo.

Ferrada tenía  una  mano    paralizada  sobre el pecho  y   su  ojo derecho estaba  cerrado.  La   boca  se  le  había  torcido  y  ahora  la  tenía a la  altura de la  mejilla y el   poco  cabello  que  tanto  cuidaba  le  había crecido  en exceso y le  caía  por encima de las  orejas. Había perdido casi toda la  capacidad  motora  y el  escáner  indicaba  que  su  cerebro había perdido masa  en un 30 %. Según los  médicos su estado solo  podía empeorar.

–Hola Ferrada, ¿Cómo  estás?

Tomé la  mano de  mi  amigo  y la  presioné suavemente, mirándole a los  ojos.  Ferrada  dijo:

–Etooy rr recupe rrrraaaaando…….. mmmmmm………..e

–¿Qué?

–¿Has  vissssss……tttt…. ttttt  ttt…oooo a  Pamm ….pp pp p  iiiii   td  td  ttttta?

–¿Cómo?

–Queeeee.. si  haa aaa aaaa ssssss…….vvv   vvvv  iiisss  t t t ttt to a Pamp amp amp pita.

–No   te entiendo.

Ferrada   torció  la    boca  y  se  le   cayó la  baba. Se  estaba  desesperando.

–Pam pam pammmm.

–¿Quieres  pan?

–Pammmmmmm.

–¿Pam parapám?

–No me agarrr ee e ss p p pal hu hu hue v v vvv eeo. Co co con ch ch che tum a. dr dree.

–¿Ah?

Cuando  salí de  la clínica  los periodistas me taparon a flashes y preguntas. Que cómo estaba Ferrada,  que  si conservaba su belleza  intacta, que si  sabía  donde estaba   Pampita. ¿Pampita? Que  raro, yo daba por hecho que  Pampita  había acompañado a Ferrada durante toda  su hospitalización, pero  al  parecer  la   flamante  novia brillaba por  su  ausencia.

No  quería saber  nada  de  Ferrada   pues  me provocaba  demasiada tristeza. Pero  era  imposible  mantenerse  al  margen, pues los  paparazzi seguían filtrando  fotos truculentas que lo mostraban deliberadamente  en  situaciones  ridículas. En una  aparecía  con el  culo  al  aire, mientras  una   enfermera  gorda  y  fea   se lo cepillaba con una  escobilla y  el  efecto  era  tan  desconcertante que  uno  no podía  parar  de  reír. En  otra foto salía  con las  piernas  abiertas  por  encima de la cabeza justo al  momento de caerse del  andador, mientras  la misma  enfermera  gorda  y   fea  lo  sujetaba por las  patillas, lo que  provocaba en Ferrada una mueca de  dolor  increíble,  de la cual  uno, lamentablemente, no podía compadecerse. Pero las humillaciones  no se  limitaban a  las fotos. Por alguna  razón sus viejos amigos declaraban que Ferrada era un hombrecillo patético y que siempre habían sentido un profundo desprecio  hacia  él. Incluso  trascendió que  Pampita lo  había  dejado el mismo día del accidente pues entendía que su rehabilitación sería larga  y  cara y nunca  tendría resultados satisfactorios.  El único  que  seguía  a  su  lado, y  contra  cualquier pronóstico, era Benja Vicuña. De  hecho  fue  Benja Vicuña  quien    organizó  “El  regreso  de Ferrada, de la UTI  a    su  televisor”.

El especial se  realizó al año del  accidente y  era media  hora de puros delirios narcisistas que buscaban levantar la figura del Dandy. La cámara  abría  sobre  una  bandera  con la  cara  de Ferrada y  de  fondo sonaba  música de Wagner.  Entonces había  un paneo y  se veía que el que ondeaba la  bandera  era el mismo Ferrada pero musculoso y con tiara. Después de un  corte aparecía  una  aldea  bombardeada y un  niño  con un  osito  de  peluche decía, con acento árabe: mi  necesitar ayuda  jumanitaria. Entonces aparecía  Ferrada, vestido como el presidente Bush  y le daba  al  niñito  una  hamburguesa. El niño se la comía y decía “rica  ayuda”. Luego se veía el  Word   trade center durante  el 9/11  y  de entre las  llamas emergía  Ferrada  con una  anciana en brazos. Era  obvio  que   habían puesto  la  cabeza de Ferrada  sobre la  de Nicolas  Cage, pero lo peor  era cuando Ferrada   sin  ninguna  razón dejaba  caer a la  vieja y sacaba una Kalashnikov, diciendo: Un mundo nuevo, requiere de valientes como tú. El especial  también incluía situaciones incomprensibles como Ferrada desactivando una bomba  atómica  en la base espacial  europea. Uno  pensaba  que  lo  había  visto   todo,  pero de pronto la  cámara  entraba  por una especie de  oficina  oval y   ahí  teníamos  al  actual Ferrada, sentado en el sillón presidencial. Aunque perfectamente  podrían  haber   tratado la escena con  dignidad, Ferrada era  retratado como una suerte  de Cuasimodo. Se  ponía  especial  hincapié en su cuello ya  totalmente  torcido y  lleno de furúnculos y en la protuberancia que  le  había  salido en el pecho. No  se  entendía   nada  de lo  que  decía  salvo  la  palabra  paté, que  repetía  una  y  otra  vez, sin  ninguna razón y además el audio  era  pésimo  y  la  imagen  se  congelaba  en los  momentos   mas  denigrantes. Uno  sentía  que  el  responsable  del  video  mas que   ayudar  a Ferrada  quería  terminar  de  hundirlo  en  el  descrédito.

El  especial tuvo muy  poca  audiencia  y los  pocos  que  lo  vieron lo juzgaron insultante. Lo llamaron “El despilfarro técnico de la década” y varias  organizaciones     humanitarias llamaron a Ferrada banal y oportunista. Yo  sabía que Ferrada no  tenía  la  culpa, aunque tampoco  tenía  el  coraje  de  decirlo por  miedo  a  que  me lincharan. Llamé  a Ferrada  para  darle ánimos. Se  demoró  cinco  minutos  en contestar  el  teléfono.

– Ferrada, ¿Cómo   va   todo?

–¿Qui  qui  qui  qui  e  e  en  nnnnnn  nnnn   nnn  esssss?

–Juan Calamares,  tu  amigo.

–No  no  nnn, sé   quien  ee  ee rrees. Olvi  olvi   olvi   do  coosas. Perrro si lla lla  lla  masss parra  insul insul  tt ttarme, te  p pppue dddes  ir  a  la con con  ch cha de t tttt  tuu maadre.

Me  dio  demasiada  pena  y  corté.

Sin bien el  especial   fue   un  fracaso  tenía potencial   para viralizarse y ser   trending topic.  Al poco tiempo “Ferrada  de  la UCI   su  televisor“ tenía mas  visitas  que  la  caída  de  Edgar y  fue elegido video  cómico del año. Yo  me  sentía terrible imaginando al  pobre  Ferrada  leyendo  los  maliciosos  comentarios  que  generaba  su   loco  video, pero de  todas  maneras  lo veía a  cada rato, como, imagino,  hacía   todo  el mundo. Eso   fue malo, pero peor  fue cuando Pampita  fue fotografiada besándose con Gonzalo Valenzuela, El manguera. Pampita, a diferencia  de  Juanita Viale, no  trató de esconderse sino que  posó muy sonriente y desinhibida. Las feministas la felicitaron porque  se les metió  en la cabeza  que Ferrada  era un  abusador, cosa  que no  sé  de  donde  sacaron. La  maldad   humana  no  tiene  límites  y poco después Pampita llevó  a  Ferrada a juicio y  consiguió  quedarse  con  su  fortuna. Al  parecer  tenía   abogados  muy  sagaces, ya que  además  de  quedar  en la  calle, Ferrada  fue condenado a pagar manutención de  por  vida a Pampita  y Gonzalo Valenzuela.  El   juicio  fue  público  y  la participación  de Ferrada,  lejos  de despertar  piedad,  provocó   tantas   risas que el video llegó  a las  redes  sociales, desplazando  incluso a “Ferrada  de  la UCI   su  televisor“. Como  ya  no  tenía  como  pagar  el asilo lo echaron a la calle  para  que  la seguridad  social  se  encargara de él. Pero  la seguridad  social lo rechazó por  considerar  que  aún tenía activos   suficientes  como  para  comprarse  la  Clínica Mayo. Lo  raro  es que  todos sabían que Ferrada  era  pobre. Parecía  una  conspiración. Pero  nadie   hacía  nada,  nadie  reclamaba  justicia. El seis  de Octubre,  dos  años  después  de aquella  fatídica  fiesta, Miguel Ferrada fue encontrado muerto en un  basurero.

Eso  es  lo que puedo  contar sobre  el ascenso  y la  caída  de  Ferrada. No mucho. No mucho mas que lo  que dicen las revistas de  farándula o  internet. Pero  estoy  seguro  de poder  hacer  un último  aporte. Trataré de  ser  lo mas  claro posible.  Pocos  días después  de la  muerte  de Ferrada fui a  trabajar. Estuve   todo  el  día  sentado esperando  que   apareciera  algún cliente que  no llegó.  Un  día  perdido, infructuoso, sin ningún avance, un día  gris. Llegué  a mi  casa  a las   ocho. Entré a  la  cocina y encendí  el  hervidor, pero  el  agua  ya estaba caliente.

–¿Quieres  café?

No  me   espanté. Por  alguna  razón sabía  que  aparecería.

–¿Cómo entraste?

–¿Qué importa  eso?

Ferrada  estaba  sentado  en   el  suelo  de  piernas  cruzadas y el poco  cabello que  tenía   se  lo  había   estirado para  taparse la calva. Usaba  un taparrabos  hecho  con papel de  diario  y  en lugar de  zapatos cubría sus pies con bolsas plásticas atadas  con  cinta  de  embalar. Aparte  de eso  no llevaba  nada  mas.

–Estás  hablando  bien.

Ferrada   alejó mi  frase  con un  movimiento de  la  mano.  Se  puso de pie  y  dijo.

–Co Co Connnn   cch  cch    tu ma  dddreeeee.

Y entonces rió como loco

–Todos  se lo creyeron.

–¿Todo  fue  una mentira?

–Al principio  no.

Ferrada bailó  extrañamente  mientras  llenaba  una taza con el  agua del  hervidor.  El  agua  se  le  derramó y le quemó la mano, pero  Ferrada no la  retiró. Luego me pasó la   taza  y  me  ofreció el  azucarero.

–¿Te gusta  mi estilo?

–¿Qué estilo?

–Papel  de  diario,  bolsas  plásticas. Lo impondré.

–Es  original.

–Original  y  una mierda.   Voy  de incógnito. Nadie  sabe  quien   soy.

–Yo  tampoco ¿Qué fue  lo que pasó?

–Siempre  sospeche de Vicuña, ¿sabes  donde  está Vicuña?

–No.

–Muerto.

Ferrada se  frotó la cara y botó  aire por la  nariz  con mucha   fuerza.

–¿Por qué dices que  Vicuña  está  muerto?

–Porque descompuso el trampolín. Lo  desvió –Ferrada tronó los  dedos  encima de  mi cara–,  lo  desvió y me  caí.

–¿Entonces  el Ferrada  que  encontraron muerto  en el  basurero es  Vicuña?

–Se lo merecía. Mi  gente  se  encargó de él.

–¿Quién es  tu  gente?

–Sergio Bitar, Mauricio Hoffman y Jean Philippe Cretton.

Ferrada puso  los  ojos  blancos y una pierna  se  le  sacudió  involuntariamente. Estuvo a punto de  caer.

–Por  suerte  no quedé con  secuelas  cerebrales.

Tome  una  cuchara  y  revolví mi café.

–¿Hay   algo de  cierto  en tu   historia? – dije– ¿Tu  dinero?

–Tengo muchísimo  dinero. Pampita  se quedó con migajas.

Ferrada   rio  a  carcajadas    y  se  retorció  como  una  víbora. Rió  tanto  que  se  le  cayó el  tapabarros  y  entonces  se  metió  un dedo  a  la     boca y dijo ups.

–Voy  por  delante  de  todos. Un paso por  adelante.

Se  dio la  vuelta y  comenzó  a mover  las  caderas mientras  se frotaba el pecho. Estaba loco.  Aproveché  de  sacar un  cuchillo.

–No  hagas  eso.

–No  voy a  hacer  nada.

–No  vengo por  ti. Voy  por el Manguera por meterse con Pampita.

Ferrada golpeó la  pared  con  las  palmas y, llorando, dijo: El  Manguera,  yo  no puedo  competir  con una  verga  tan  larga, por   dios.

Empuñé  el cuchillo   tras   la  espalda  de Ferrada:  Sal  de aquí, le  dije.

–No, espera –Se agachó  rápidamente   y  se  quitó  la  bolsa del pie  derecho. Sacó  un   arrugado  sobre  y  me  lo   ofreció.

–¿Qué es eso?

–Tu  recompensa. Veinte millones  de pesos. Caben en  un  sobre  pequeñito.

–¿Por  qué?

–Fuiste  el único  me  se  preocupó de  mi cuando  estaba mal. Ni  siquiera me  llamó  Andrés   Velazco.

Abrí el  sobre. Eran  tres mil pesos  y monedas.

–¿Es  dinero limpio?

–¿Qué  importa eso?

Me  guardé  la plata en el  bolsillo.

–Recuerda,  que   volveré  por   ti–  dijo Ferrada.

–Pero, Ferrada,  acabas  de  decir  que no,  de  hecho, hasta  me  diste dinero.

–Bueno, es   cierto. Entonces, adiós.

–Una  pregunta.

–Diga.

Dejé  el cuchillo  sobre una  repisa y bebí un  sorbo de café:

–¿Por  qué  te  hiciste  pasar  por idiota? Digo, podrías  haber  simulado  un coma o cualquier  otra  cosa.

Ferrada    me  miró   fijamente, mientras  se pasaba un puñado de  azúcar por  el cabello.

–No sé, nunca lo había pensado. Puede  ser  que  todos  llevamos  un  idiota  en nuestro  interior. El idiota  interno ¿Debe ser  eso, no?

–Sí, Ferrada, supongo que debe ser eso.

Ferrada   se  vació el  azucarero en la  cabeza  y   abrió  la  puerta  de  calle. Al  pasar  al otro  lado se apretó los  dedos  en la   bisagra   varias  veces, pero  aunque   sangraba mucho, no  se  dio  ni cuenta.

–Por  suerte–  no   quedé  con  daño  cerebral– dijo.

Nunca mas lo  volví a ver.

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