Destellos

Destellos (ficción)
Destellos (ficción)

Por Andrés Odellober

Soon oh soon the light
Pass within and soothe this endless night
And wait here for you
Our reason to be here
Yes – Soon

Cuando la noche se cubrió de luces desconocidas, el mundo se reunió horrorizado a contemplar el cielo. La refulgencia caía lentamente sobre la faz de la tierra y los soldados, con sus corazas plateadas, marcharon por las calles destartaladas, armados hasta la médula.

En la oscuridad, una mujer de cabellos largos y blancos, de piel marchita, alzó los ojos desde su mecedora y vio desde la verja una silueta que se desplazaba de un lado a otro.

¿Ya es hora, hijo mío? dijo en voz alta—, ¿te marchas para no volver jamás?

El joven caminó lentamente con su traje plateado, con el arma en sus manos y la mirada fría. Cabizbajo, guardó silencio a la hora de pasar al vergel. Se sentó en el suelo húmedo, frente a la anciana, y observó el cielo colmado de colores. El aire tibio y metálico golpeaba el pálido rostro de la mujer que tejía con minuciosidad una larga chalina color marrón.

Los tiempos han cambiado, ya no es como en antaño. Sólo te levantabas, hacías tus quehaceres y por la tarde sintonizabas en la radio tu programa favorito para acompañar el té. Dio un golpe de palmas y desde la sala, comenzó a sonar una antigua melodía—. Ya nada es igual. Ni siquiera el chocolate tiene el mismo sabor como en aquellos bellos años de mi juventud. Todo dejó de ser verdad. Soy una mujer vieja y estoy cansada, ¿sabes? Ya es hora de tomar un largo y merecido descanso. En cambio tú sigues igual. ¡Mírate! 20 años a mi lado y es como si el tiempo no te hiciera daño.

Queda poco. Ya debo marcharme.

Te amo ¿Lo sabes? Y voy a extrañarte.

Lo sé.

Hijo mío. Una lágrima recorrió su mejilla.

¿Un vaso de agua?

¡Oh! Por favor, un vaso de agua fresca no le vendría nada de mal a esta anciana.

Las astronaves serpenteaban por los cielos como gigantes aves metálicas hasta aterrizar en los alrededores del pueblo, a la espera de que sus tripulantes abordaran. El joven se levantó y fijó la vista adelante. La anciana lloró en silencio, mientras le abrigaba el cuello con la chalina color marrón. Como nunca antes, él sonrió. Su chip recibió la orden y sus circuitos fueron reconfigurados. Tomó su arma, caminó por el sendero hasta llegar a la verja. Miró hacia atrás una sola vez y luego se perdió en la oscuridad.

Sonaron las sirenas, una y otra vez. Las tropas de androides se movilizaron por las calles y los motores se volvieron a encender. Las naves descendieron rápidamente para luego brillar como estrellas en el infinito, mientras en el vergel, una antigua y suave melodía sonaba al son del vaivén de la mecedora.

[CC 2012, Andrés Odellober]

Pasión Mefistofélica (poesía)

Vampiro.1997.Alvaro Pemper
Vampiro.1997.Alvaro Pemper

Por Andrés Odellober.

Todo comenzó en un bar. Su mirada me devoró.
Yo me acerqué y le invité unas cuantas copas.
Llevaba un largo vestido rojo escarlata que cubría su eternidad.
Sus manos y sus pálidas mejillas eran tan frías como el hielo.

No recuerdo su nombre, sólo sé que me enamoré, desesperadamente
De su enigmática belleza, de su burda expresión.
La invité a mi hogar, la dama de cabello bermejo aceptó,
Pues me confesó que venía de un lejano y desconocido lugar.

Era tenebrosamente hermosa. Sus ojos eran como llamas incandescentes,
Sus palabras eran como cuchillos filosos.
Aún puedo sentir sus infames labios tajando los míos.
Me poseyó, me hipnotizó, de alguna manera mi alma ahora le pertenece.

Pasamos la noche, ella me acarició, incluso mire, esta es su… ¡Mierda!,
¿Cómo puede ser? No entiendo, creí haber guardado su fotografía.
Puedo jurar que estuvo hace un momento conmigo, su fuego me surcó.
Todo es tan confuso, sólo desapareció. Cenizas y azufre en mi cama.

La siniestra voz me dice que nos volveremos a ver.
Ella me buscará, sé que así será
Y cuando me encuentre, yo estaré listo.
Me consumiré en el universo de lo desconocido.

Por favor, sírvanme otra copa.

[CC 2012, Andrés Odellober]

Erizo: Finales de Enero

Ёжик в тумане

Erizo vuelve como un regalo que nunca se entregó. Nunca esperado, resulta una verdadera sorpresa, una agradable. Pero esta edición es más seria, aunque no hay nada más serio que el humor y el juego. Ya no hay jugarretas, hoy hay un poco de odio, un poco de misterio, un poco de maravillas, un poco de conspiración, un poco de orgullo nerd. ¡Vamos, adelante, consuman, consuman!

Estrellas moribundas y piratas del espacio, por Luis Saavedra. Cuando la vida se hace aburrida tenemos que recordar que siempre hay más de lo que vemos. El sentido de la maravilla está mucho más cerca de lo que imaginamos.

Compañías discográficas, ¿son imprescindibles?, por Andrés Silva Odellober. El viejo dilema entre el mercado y el artista está llegando a un punto cúlmine con las nuevas tecnologías sociales.

Lovecraft y sus 1001 noches, por Sergio Fritz. El bardo de Providence fue un admirador confeso de la magna obra literaria del Oriente, traducida por sir Richard Burton. Veamos algunos puntos de conexión.

Con Lovecraft en los espacios del miedo, por Patricio Alfonso. Seguimos con el inventor del Terror Cósmico. En su obra, la presencia de la arquitectura es un personaje más, dispuesto a tomarnos por sorpresa.

¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile?, por Juan Calamares. Una arenga sobre lo bonito que es esta clase de género fantástico. Calamares se inflama el pecho de orgullo friki y nos hace llorar como magdalenas.

Eso por ahora, gracias.

Compañías discográficas, ¿son imprescindibles?

Compañías discográficas
Malvadas compañías discográficas

Por Andrés Silva Odellober

No es extraño que, en la actualidad, muchos seguidores acérrimos del cuarto arte crean que encontrar buena música sea sinónimo de utopía y es, en efecto, una acción frustrante.  Y es que poco o nada se sabe de originalidad y calidad en estos tiempos, pues la solitaria sombra de esta marginada disciplina ha desaparecido casi por completo, producto de una invasión comercial que ha devorado todo a su paso. Hay quienes acostumbran a alabar la mediocridad de lo que la moda impone, cayendo en un inevitable trance, para luego terminar perdiéndose en ese mezquino y moderado mundillo lleno de limitaciones y carente de sentido, aquel maldito mundillo que atenta  de a poco contra nuestra asustadiza autenticidad.  A su vez, nuestras raíces musicales han sido sepultadas por un cataclismo de infaustos y astutos depredadores, que buscan acabar con la verdadera entrega del artista, destruyendo su esencia y su genio.

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Erizo: primeros de Enero

Ёжик в тумане

Erizo es tan tímido que solo sale una vez al mes. En una era en que la cantidad tiene que ser demoledora, tal vez introducir esta anomalía implique que nos deseen con más fuerza. De hecho, hay quien dice que los libros debieran leerse a la velocidad con que fueron escritos. Disfruten, paladéen estos escritos porque el 2012 puede ser el primero o el último. Tanta incertidumbre es divertida.

El Sueño de Dios, por Juan Calamares. ¿Usted es de aquellos que tienen iluminaciones? ¿Gusta de preguntarse por la trascendencia? Este cuento es suyo.

De los extremos del Bien y el Mal, por Pablo Andrés Silva. Un filósofo entre los bárbaros, Pablín reflexiona y reflexiona y su latín es impecable, hay que decirlo.

El Lar del Gusano, por Patricio Alfonso. Elegancia la de este señor que escribe como si estuviera solo en el mundo. Monjas y quioscos, combinación brutal para la acción desatada.

El Juego de Doorbys, por Sergio Fritz. La literatura está llena de juegos, la literatura misma es un juego. Juguemos a que podemos imaginar cualquier cosa.

La última canción para Supermán, por Luis Saavedra. La artisticidad, los artistas, lo artístico. ¿Para qué estar tan serios? En algún momento terminamos riéndonos de todo.

Celebremos el nuevo año 2012 con esta clase de literatura para excéntricos millonarios.