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Erizo: Agosto/2013

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Ёжик в тумане

Ёжик в тумане

Cuando los gatos fueron creados, Diosito dijo: “Hágase al gato hermoso, juguetón y que sea el dueño de los seres humanos”. El Perro, por supuesto, muy envidioso él, le dijo que a los seres humanos les encantaba oirlos corretear en el techo de las casas, pero que lamentablemente él no podía porque no sabía escalar. Yo sí, dijo el Gato. Qué bueno, Gato, pues anda y cumple tu cometido. Y es así cómo los gatos en Agosto se ponen suecos y bailotean en el techo de sus atormentados dueños, y son felices.

Las creíbles y tecnológicas aventuras de Omar Vega, por Patlicio Reinol. Y como un bonus track, Patlicio Reinol insiste en que leamos sus historietas sobre un tal Omar Vega, personajillo bizarro que tiene sus aventuras en el mundo de la ciencia y la ciencia ficción.

El Trámite, por Armando Rosselot (ficción). Terminamos este mes que presagia la primavera con una ficción absurda y refrescante que nos lleva por una de las odiseas más heroicas de todas: realizar un trámite en la sociedad contemporánea. Si Ionesco viviera, cuánta verdad encontraría en este pequeño texto.

Las creíbles y tecnológicas aventuras de Omar Vega (El Cyborg), por Patlicio Reynol. Como se venía asegurando, hoy estrenamos nuestra increíblemente fea serie de dibujitos, protagonizada por Omar Vega (quien más) y Tué-Tué. De la mente de un creador sin parangón como Patlicio Reinol. Esperemos sobrevivir a esto.

El Bueno, el Malo, el Feo y Sapiola, por Juan Calamares. Al fin, una de las más esperadas crónicas de Calamares y Saavedra. Cronológicamente es la primera y la presentación en sociedad de Miguel Ferrada como lo que realmente es: un villano.

En nuestra sección arqueológica bautizada como “Matrona intrusa” les mostramos un dracma del Imperio Erizo encontrado en una excavación de Puente Alto. La moneda muestra al Emperador Garchudo II de la dinastía Chimburazz, hijo de Garchudo I el Iconoclasta y nieto de Kinchaza el Solipsista. Lo notable del Imperio Erizo es que a diferencia de otras civilizaciones no tuvo contacto alguno con alienígenas ancestrales, razón por la cual todo lo que edificaron se desmoronó al cabo de un siglo.

El fin de Erizo (3era. parte): Interludio, por Calamares y Saavedra. Después de una prórroga de un mes, continuamos la saga que llevará a Erizo a la desaparición absoluta. Nuestros héroes aún se encuentran en el planeta de los Tué, pero el equipo creativo no sabe qué diablos hacer con ello. ¿Omar Vega podrá contar su historia?

Breve antología de los viriles poemas-haikús de Patlicio Reinol. Patlicio Reinol/recorre esta senda/brota el poema.

Si los erizos fuésemos los Cazafantasmas, Saavedra sería Egon Spengler, Remigio sería Ray Stantz y Calamares: Pegajoso. Nadie sería Peter Venkman porque solamente Bill Murray puede ser Peter Venkman.

Desde la cadena de noticias SAFA, del país de Mangonia, nos llega la noticia de que no hay noticias. Este portento estadístico, solo superado por el Censo 2012 en Chile, se basa en la teoría del fin de la historia de Fukuyama. El presidente de Mangonia ha decretado un estado de felicidad generalizada y que cada uno de sus habitantes posea un computador con acceso a la web de Erizo.

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El Trámite, por Armando Rosselot (ficción)

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kafkaforpresident

Salimos todos a hacer trámites. Fáciles, bonitos, con olor a armijo y lavanda. Me acompañaban el abogado, la sana y mi gran amigo y confidente: Perro.

Al comienzo no sabíamos qué hacer con la fila interminable de gatos pardos que cruzaba la primera calle. Perro pensó en saltar, yo en patearlos lejos, pero el abogado insistió en consultar con el Manuel de leyes, pero sólo traía el de José. Buscamos en varios lugares y rincones hasta que dimos con un artículo que suprimía de raíz a los conejos blancos y gatos pardos en caso de toparse con grupos de más de tres individuos en modo trámite, como éramos cuatro, los gatos se fregaron rápidamente.

La sana, esperó que los pobres animales fuesen consumidos por la naturaleza y yo le miraba el sano trasero mientras ordenaba los restos. Amigo Perro, cansado de esperar, la obligó a desistir de su noble tarea, ya que los trámites no esperan, y por lo general las ventanillas están repletas de cabecillas, humo y lapicillos con poca paciencia y rostro de insomne.

Seguimos.

Perro no dejó de marcar el camino hasta llegar a la cumbre borrascosa, donde al parecer tanto yo como el abogado no sabíamos por cual sendero proseguir, salvo la sana. Ella nos llevó hasta los hermanos Karámasovi. El camino fue largo y a veces tedioso. Antes de llegar al final del sendero la sana no aguantó más y se metió con uno de los hermanos, Perro y yo esperamos un momento, el abogado por su parte, se dedicó a discutir acaloradamente con un búho respecto a los alcances de la muy particular ley de la selva.

A medio día nos encontramos con algunas migas de pan centeno en la mitad camino por el cual íbamos, mientras seguíamos su rastro, el abogado tenía que mantener a la sana a raya, ya que se las quería comer todas con yogurt y miel, al final, el atajo nos envió a una espiral que desembocaba hasta el centro mismo de la gran ciudad. Ahí todo se complicó. Lee el resto de esta entrada

Celebración del Parque Arbolado (ficción)

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celeb_parque_arbolPor Armando Rosselot.

Entré en la celebración del parque arbolado. No sin antes encontrarme en mi alcoba, tratando de hacer que el perro de mi novia no siguiera disminuyendo de tamaño a raíz de la leche barata que le di.

—Floopy —le dije—, no te reduzcas más.

Y de ser un gran mastín quedó convertido en un pequeño pequinés.

Luego, lo quise tomar con mis manos, para lo cual me puse unos guantes de piel humana con uñas y venas de trabajo. Pero se redujo más aun, mucho más; ya no parecía perro, si no solamente una especie de hurón con rayas a lo cebra, pequeño, con los ojos de bolitas de cristal, hasta que la puerta se abrió y me esforcé por llegar lo más rápido posible donde mi amada.

El horror fue total cuando ella se fijó en mis manos y lo que traía, ya ni siquiera parecía animal; ya que el perro no era perro y no era animal. Ya no era.

En mis guantes de mano verdadera habían dos semillas, las cuales ella tomó cuidadosamente.

Lloró desconsolada, mientras los amigos le acariciaban su cabellera y me miraban con gran disgusto. Lanzó las semillas rojas contra la muralla al borde del camino, las cuales, luego de dar varios tumbos, quedaron esparcidas al medio del jardín.

Al cabo de unos minutos, un brote floreció de aquel lugar y me sentí desdichado, enfermo, agónico y corrí para destruir lo que quedaba del perro hecho semilla, que fue hurón y en un momento pequinés.

Llegué tarde. El árbol brotó y lanzó sus frutos con ira al suelo: pequeños grandes perros desfilaban por el lugar y me movían la cola alegremente. Ella encontró mi mirada y rió, me besó y los perros siguieron llegando como una gran ola de energía, los amigos almorzaban en la gran celebración del jardín, y mi novia me llevó tras el muro a comer algo de torta.

La puerta de mi habitación quedó abierta y los perros fueron a dormir bajo la alfombra.

La torta era de lúcuma. Mi amada quiso más.

Todavía, después de quince años, siguen brotando perros como mala hierba y el árbol se corroe cada vez más. Yo no puedo entrar a mi pieza y los perros se mueren atropellados por buses eléctricos cada treinta segundos. Y duele mucho.

El dolor se expande como ondas en el agua. Y ya no hay más agua a la cual culpar.

[CC 2013, Armando Rosselot]