Archivo de la etiqueta: ciencia ficción

Los Plosoms (PARTE 1)

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Vienen de Springfield.

Vienen de Springfield.

Por Andrés Odellober

—¡Activa el sistema, imbécil! —gritaba una y otra vez, desesperado por cruzar el portal.

Rápidamente, presioné el botón de inicio y las ondas de energía comenzaron a expandirse. Uno tras uno saltaron y se desintegraron. Fue la última vez que vi a Martínez y a sus hombres. Algo que poco me importaba. Lo odiaba por sus constantes muestras de arrogancia y superioridad. Lee el resto de esta entrada

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Invasión

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Invasión

Invasión

Por Juan Calamares

Las máquinas de humo disparaban, creando simulaciones de espectros congelados en posturas de choque como hombres metálicos e intermitentes. Marcela sintió el dulce sabor en la boca, el bombo en el pecho y los latidos cardíacos en constante comunión con los bips eléctricos. Llevaba calzas ajustadas, una camiseta de algodón por la que se le traslucían los pechos no muy grandes y dos manchas de transpiración acumulada bajo las axilas. La mesa del DJ estaba por sobre su cabeza como un cerebro general que enviaba órdenes de danza a todos los habitantes del rave. Los cuerpos electrizados bajo las luces de fondo, abiertos a cualquiera de sus manipulaciones con el tasp.

El chico apareció de pronto y se instaló junto a ella con su Evian, casi indiferente al pulso, moviendo su pie derecho. Llevaba una camiseta de White Zombie, un gorro boliviano y sandalias de cuero. Ella veía sus ojos, relampagueado bajo la bruma de las máquinas de humo, clavados en sus brazos en movimiento perpendicular sobre su cabeza. Lee el resto de esta entrada

Destellos

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Destellos (ficción)

Destellos (ficción)

Por Andrés Odellober

Soon oh soon the light
Pass within and soothe this endless night
And wait here for you
Our reason to be here
Yes – Soon

Cuando la noche se cubrió de luces desconocidas, el mundo se reunió horrorizado a contemplar el cielo. La refulgencia caía lentamente sobre la faz de la tierra y los soldados, con sus corazas plateadas, marcharon por las calles destartaladas, armados hasta la médula.

En la oscuridad, una mujer de cabellos largos y blancos, de piel marchita, alzó los ojos desde su mecedora y vio desde la verja una silueta que se desplazaba de un lado a otro.

¿Ya es hora, hijo mío? dijo en voz alta—, ¿te marchas para no volver jamás?

El joven caminó lentamente con su traje plateado, con el arma en sus manos y la mirada fría. Cabizbajo, guardó silencio a la hora de pasar al vergel. Se sentó en el suelo húmedo, frente a la anciana, y observó el cielo colmado de colores. El aire tibio y metálico golpeaba el pálido rostro de la mujer que tejía con minuciosidad una larga chalina color marrón.

Los tiempos han cambiado, ya no es como en antaño. Sólo te levantabas, hacías tus quehaceres y por la tarde sintonizabas en la radio tu programa favorito para acompañar el té. Dio un golpe de palmas y desde la sala, comenzó a sonar una antigua melodía—. Ya nada es igual. Ni siquiera el chocolate tiene el mismo sabor como en aquellos bellos años de mi juventud. Todo dejó de ser verdad. Soy una mujer vieja y estoy cansada, ¿sabes? Ya es hora de tomar un largo y merecido descanso. En cambio tú sigues igual. ¡Mírate! 20 años a mi lado y es como si el tiempo no te hiciera daño.

Queda poco. Ya debo marcharme.

Te amo ¿Lo sabes? Y voy a extrañarte.

Lo sé.

Hijo mío. Una lágrima recorrió su mejilla.

¿Un vaso de agua?

¡Oh! Por favor, un vaso de agua fresca no le vendría nada de mal a esta anciana.

Las astronaves serpenteaban por los cielos como gigantes aves metálicas hasta aterrizar en los alrededores del pueblo, a la espera de que sus tripulantes abordaran. El joven se levantó y fijó la vista adelante. La anciana lloró en silencio, mientras le abrigaba el cuello con la chalina color marrón. Como nunca antes, él sonrió. Su chip recibió la orden y sus circuitos fueron reconfigurados. Tomó su arma, caminó por el sendero hasta llegar a la verja. Miró hacia atrás una sola vez y luego se perdió en la oscuridad.

Sonaron las sirenas, una y otra vez. Las tropas de androides se movilizaron por las calles y los motores se volvieron a encender. Las naves descendieron rápidamente para luego brillar como estrellas en el infinito, mientras en el vergel, una antigua y suave melodía sonaba al son del vaivén de la mecedora.

[CC 2012, Andrés Odellober]

¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile?

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¡Un héroe de la ciencia ficción!

¡Un héroe inmortal, un premio Nobel para él!

Por Juan Calamares

Uno se hace la pregunta con cara de circunstancia, metiéndola inmediatamente al canasto de los cuestionamientos serios, pero después de darle unas vueltas al asunto, uno se da cuenta de su estupidez, de su profunda vaguedad y torpeza. Frustrado, uno la almacena para siempre en la categoría de las preguntas imbéciles del tipo ¿Se puede vivir en un mundo donde Dios ha muerto? Pero la pregunta sigue ahí y si se hace, es por algo. Esto, a raíz de la profunda ignorancia, de la confusión entre el tema y los elementos con los que se trata, que ha relegado la CF al plano de lo estrictamente tecnológico. Robots, naves espaciales, viajes en el tiempo, manipulación genética, etc., son recursos que (según quienes hacen la pregunta) invalidarían moralmente a los autores nacionales para sumergirse en el género. ¿Cómo escribes CF en un país con tan solo un satélite en el espacio, puesto en órbita por otro país?

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