Archivo de la etiqueta: cuento

Vendetta (ficción)

Estándar

UnrelatedPor Tué-Tué.

Había pasado mucho tiempo desde que él dejo de publicar tonterías por las redes sociales. Todos pensaron que se fue de viaje a un lugar desconocido. Algunos creyeron que se fue al Tibet para liberarlo y aprender sobre la meditación, otros pensaron que se fue a entrenar las disciplinas de un antiguo clan de asesinos japoneses. Y unos pocos tuvieron la idea que viajo al sur de Chile a buscar una parte de su árbol genealógico, que supuestamente pertenecía al pueblo mapuche y, además, para aprender los conocimientos que poseían los kalkus y machis. Pero la verdad, es que nadie sabía adonde fue. Lee el resto de esta entrada

Anuncios

El Trámite, por Armando Rosselot (ficción)

Estándar

kafkaforpresident

Salimos todos a hacer trámites. Fáciles, bonitos, con olor a armijo y lavanda. Me acompañaban el abogado, la sana y mi gran amigo y confidente: Perro.

Al comienzo no sabíamos qué hacer con la fila interminable de gatos pardos que cruzaba la primera calle. Perro pensó en saltar, yo en patearlos lejos, pero el abogado insistió en consultar con el Manuel de leyes, pero sólo traía el de José. Buscamos en varios lugares y rincones hasta que dimos con un artículo que suprimía de raíz a los conejos blancos y gatos pardos en caso de toparse con grupos de más de tres individuos en modo trámite, como éramos cuatro, los gatos se fregaron rápidamente.

La sana, esperó que los pobres animales fuesen consumidos por la naturaleza y yo le miraba el sano trasero mientras ordenaba los restos. Amigo Perro, cansado de esperar, la obligó a desistir de su noble tarea, ya que los trámites no esperan, y por lo general las ventanillas están repletas de cabecillas, humo y lapicillos con poca paciencia y rostro de insomne.

Seguimos.

Perro no dejó de marcar el camino hasta llegar a la cumbre borrascosa, donde al parecer tanto yo como el abogado no sabíamos por cual sendero proseguir, salvo la sana. Ella nos llevó hasta los hermanos Karámasovi. El camino fue largo y a veces tedioso. Antes de llegar al final del sendero la sana no aguantó más y se metió con uno de los hermanos, Perro y yo esperamos un momento, el abogado por su parte, se dedicó a discutir acaloradamente con un búho respecto a los alcances de la muy particular ley de la selva.

A medio día nos encontramos con algunas migas de pan centeno en la mitad camino por el cual íbamos, mientras seguíamos su rastro, el abogado tenía que mantener a la sana a raya, ya que se las quería comer todas con yogurt y miel, al final, el atajo nos envió a una espiral que desembocaba hasta el centro mismo de la gran ciudad. Ahí todo se complicó. Lee el resto de esta entrada