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La Madre Erizo

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La Madre   erizo  recibe  a los tres   chifladejes

Por Tué Tué

En una media agua grande, destartalada y húmeda, obviamente la casa de Saavedrege, se encontraban los Erizos. Serege Amirege con su clásica botella de Black Daniels. Todos sentados en cajones de verduras y teniendo orgías sexuales caníbales entre ellos. Destacandose la de Calamarege y Saavedrege como la más nauseabunda. Pero estoy divagando, como lo hice en 1954. Fue una completa locura. Tantos robots destruidos y clones muertos… En fin, lo importante es que en esta reunión, uno de sus miembros realizaría una predicción. Su nombre es Visho, por si no lo sabían. Influenciado por cerveza y tal vez un Black Daniels que le robó a Amirege, Visho se ubicó en medio de los Erizos y delante del Padre Erizo y sin que nadie pudiera detenerlo, dijo: “De las llanuras húmedas del valle de la Mocha, nacerá una niña de madre pedagoga en artes, profesión mal vista en esta patria infame, y padre hippie, por lo menos eso creo yo. Esa niña, traerá luz y esperanza a los Erizos, que han caído en los vicios y excesos de su líder. La Madre Erizo, sera nuestra maestra ahora…” Luego, comenzó a tirar espuma por la boca y convulsionar en el piso.

Los Erizos rieron por la cantidad de estupideces salidas de la boca de Visho, pero sobre todo, porque a Amirege le dio por arrojarle Black Daniels encima.

Los Erizos no tomaban en serio a Visho, ya que siempre decía incoherencias y estupideces, como su extraña teoría sobre el origen del universo, llamada “Big Bag”. Ésta aseguraba que a dios se le había caído la cartera y que de su interior había salido todo su contenido. Creando de esta forma el universo que conocemos y por conocer. Visho aseguraba que en algún momento, dios recogería las cosas de su cartera, lo cual implicaría el fin del universo. Por eso los Erizos se burlaban de él y no lo tomaban en serio. Sin embargo, el Padre Erizo, el más sabio de todos ellos y la vez el más idiota, estaba preocupado por la predicción. Sabía que en algún momento del tiempo y el espacio, entre tantas orgías caníbales, aparecería la Madre Erizo y se apodaría de su puesto. Así fue, que mando llamar a Ferradege, Amirege y Calamarege, los llamados “Los Tres Chiflados”. Un trió del cual no formaba parte Saavedrege, ya que había sido violado y comido por los Erizos. Los Tres Chiflados respondieron al llamado del Padre y éste le dijo:
– Hijos míos, viajen a Concepción y busquen a la llamada, “Madre Erizo”, y acaben con ella…
– Pero Padre… – Interrumpió Calamarege con temor en su corazón– Según Visho, ella se encontraría en el valle de la Mocha…
– ¡Así es! – Reforzaron Amirege y Ferradege. Pero los tres recibieron una cachetada del Padre Erizo, de una sola vez. – ¡Trió de idiotas!. Concepción está en el valle de la Mocha. Así que, hagan lo que he comandado yo, su único e inigualable maestro…. ¡Vayan! – dijo apuntando hacia la puerta de la media agua.
Los tres Erizos se inclinaron ante su maestro, pero al hacerlo se golpearon sus cabezas, una contra otra. Luego, se fueron de la media agua, pisado los restos de Saavedrege.
Cuando llegaron a Concepción, que estaba azotada por un temporal, los tres chiflados comenzaron su búsqueda. Primero en un ciber-café, donde en un computador, Amirege ingresó las palabras “Madre pedagoga en artes y padre hippie”. Pero solo encontró artículos y algunos pdf. Luego, a Ferradege se lo ocurrió revisar hospitales y clínicas para ver si encontraban a la niña. Pero lo que descubrieron fue que las instituciones de salud no entregan información de sus recién nacidos a tarados como ellos y que patean muy fuerte el trasero. Cuando veían perdida la misión encomendada por su Padre, los tres chiflados se sentaron bajo las piernas de un T-Rex, en la Plaza Acevedo. Estaban tristes y resignados ante el castigo cruel que recibirían del Padre Erizo, mientras se golpeaban extrañamente unos a otros, echándose la culpa mutuamente. De pronto Calamarege vio pasar a Tue-Tue, quien iba sacando el tono de su quena para guiar a extraños y monstruosos seres. Estos eran invisibles, pero eran visibles en la cabeza de Tue-Tue. Tue-Tue también era un Erizo, aunque a veces su enfermiza mente lo dudaba. Mente atormentada por las ideas que intentaban salir por la entrada angosta de su cabeza, para ser materializadas por él en el mundo en que vivimos. Pero la verdad, es que era un Erizo que recibía mucho bullying, por los mismos que consideraba compañeros… Discúlpeme. Una vez más me salí del tema…En fin, Calamarege sabía que si seguían a Tue-Tue podrían encontrar a la Madre Erizo. Pero era por una tonta corazonada, no tenía una razón lógica y aceptable y más aún, tecnológica y creíble, para seguir a aquel que, a pesar de ser un lerdo de la ortografía, era el mensajero del caos. Sabía muy bien, que Tue-Tue era guiado por fuerzas extrañas y extravagantes, las cuales lo conducían hacia eventos que llamamos “coincidencias”. Era sabido que una vez encontró por “casualidad” a Jorge Baradit en un mall en Los Ángeles, en una librería, y que otra vez entre revistas viejas y libros polvorientos, halló un cómic original de “Sandman”. Por esta razón lo siguieron por todo Conce, sin saber que a Tue-Tue le gustaba caminar largas distancias. Después de una agotadora caminata, en que Amirege fue abordado por testigos de jehová, Ferradege atacado por un grupo de queltehues y Calamarege… bueno digamos, que nunca se meterá con una mujer por un buen tiempo. De cualquier forma, eso le pasa por caminar en la intercepción de las calles Bulnes con Orompello… En fin, Los Tres Chiflados llegaron a una clínica muy costosa, siguindo al enajenado Tue-Tue. Pero en un momento lo perdieron de vista porque dejó de tocar su quena. Estuvieron varios minutos perdidos, en los infinitos pasillo pulcros de la clínica y cuando Ferradege se puso impaciente, le mandó un golpe en la nariz a Amirege, por haber perdido a Tue-Tue al distraerse por tomar su Daniels. Luego, sin razón aparente, le mandó una patada justo en el coxis a Calamarege y le dijo:
– Por culpa tuya, perdimos el tiempo siguiendo a ese truhan. Debería…

– ¡Espera Amirege! – Interrumpió Calamarege, señalando una habitación con la puerta abierta, justo antes que Amirege le diera un golpe al hígado –. Ahí está, ¡El Tue-Tue!.
Los Tres Chiflados asomaron sus cabeza hacia la habitación, uno abajo del otro en el orden de Calamarege, Amirege y Ferradege. Ellos vieron, como el Tue-Tue estaba feliz, algo muy raro en tan extraño “cryptid”, viendo a una pequeña recién nacida, que tenía los ojos bien abiertos y no dejaba de chuparse su pequeña manita. Cuando vieron con más detalle que otras personas estaban en la habitación, notaron al padre de la criatura, que parecía estar siempre relajado, un hippie cualquiera, y la madre de ésta, una mujer que reflejaba una sensibilidad artística única y la vez el peso de una lucha sin fin, una pedagoga en artes por cierto. Así fue, que Los Tres Chiflados se dieron cuenta de que la pequeña que miraba a Tue-Tue, era la Madre Erizo a la que tanto buscaban. Así que sin más pensar, Los Tres Chiflados sacaron sus armas hechizas y se abalanzaron hacía la bebé. Pero el Tue-Tue les hizo frente con una máscara en el rostro, (que se lo coloco en un nanosegundo).
– ¡Alto ahí! – dijo Tue-Tue con su puño al frente y asustando a sus oponentes –. Vosotros, han sido guiados por mi quena maldita, como ratones de Hamelín al río, para que contempléis la luz que guiara a los erizos a una nueva generación de locuras y manías obsesivas. Así fue, como ustedes tres fueron engañados por el terror de Conce… Contemplad a la bebé – Tue-Tue, sacó a la bebé de su cuna y la alzó, bajo la mirada preocupada de una madre a punto de matarlo, cuyo nombre, por cierto, es Pame –, Leonor entre todas las de su estirpe. La Madre Erizo.
Amirege, Ferradege y Calamarege quedaron tan sorprendidos por el aura que la bebé Leonor, que arrojaron sus armas al piso y se arrodillaron antes de que sus ojos padecieran cataratas por la luz que emanaba la pequeña criatura, que no dejaba de decir “mamamama”. Los Tres Chiflados, no pudieron hacer lo ordenado por el Padre Erizo. Cautivados por la pureza de la bebé que transmitía vida e inteligencia extraterranea de sus ojos. Entonces la mamá rescató a su hija y golpeó brutalmente a Tue-Tue, quien por una suerte milagrosa logró sobrevivir. Pero con secuelas, claro está. Cualquiera pensaría al leer este bodrio de relato, que las horas estaban contadas para quien sería la cabeza y soporte de los Erizos. Sin embargo, Leonor tomaría su lugar al cumplir 30 años de edad. Así que, el Padre Erizo seguiría en el poder y disfrutaría todo lo que con lleva. Claro está, por ahora… ¡Muajajaja!

Miguel Ferrada se enfrenta al Gordo Vimana

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ferr
Por  el Gordo Vimana

 

Hola,  ustedes  ya  me  conocen,  soy  el gordo  Vimana. El    viernes  pasado  estaba  durmiendo  plácidamente  cuando  me  despertó un  golpe en la  puerta.  Me  levanté a   abrir  en calzoncillos y vi  al  negrito  del primer  piso. Dice  mi    abuela,  dijo el negrito, que  le  pague   los sei  meses  que le   debe  y  que   asee   su   pieza  poque  el  olo  está  espantando a  lo vecinos. Miré al  negrito. En una  mano llevaba  un recibo  y  en la otra una doble  con queso  del  Mc’ Donads.  Ya,  le  dije,  pasa  que  te  hago  un  cheque. El   negrito  me siguió  y   yo  saqué   un   papel  del  cajón  y escribí una cifra en él. Lo  firmé  y se lo entregué. El  negrito  miró  el  papel. Seño Vimana, dijo,  eto e un peazo de confó. Le  arranqué  el papel y le dije:  Bueno,  si  te  gusta bien,  si  no dile  a tu  abuela  que  quise  pagarte  pero  tú  te  negaste. Le  arrebaté la   hamburguesa.  Mi  hamburguesa, lloró el  negrito.  Me la como, le  dije,  y luego  le  di  una patada  en el  culo.  Fuera, le dije,  fuera  de  aquí, negro  de mierda. No  me  pegue  en e  culo,  suplicó el  negrito, no me pegue  en e culo.

Cuando  salió    de la  habitación  regresé  a  la cama.  Estaba  muy  molesto  con el  negrito y  las exigentes condiciones  de  la   vida  moderna, pero  de  todas  maneras  me   dormí.  Soñé con una  colombiana   que  me restregaba  el  enorme  culo por  la cara. Era  un culo con  forma  de corazón y yo lo  saboreaba  y el  culo  se   sonrojaba  de  puro   gusto.  De pronto  alguien  gritó:

–Vimana.

Mierda,  a  uno  nunca  lo dejan  soñar  con  culos.  Me   dirigí a  la  puerta,  enfurecido,  seguro de que  se  trataba otra  vez  del negrito, pero el que  estaba  del otro lado  era:

–Miguel  Ferrada.

–Gordo  de  mierda.

Ferrada    me  dio una  patada  en los   huevos  y  antes que me derrumbara   me  tomó  del   cuello  y  me  estrujó la  manzana  de Adán. No  me   hagas daño,  grité, soy  un importante crítico literario. Pero Ferrada  siguió  pegándome y    acto seguido sacó  un  periódico de su chaqueta y me  dio con él en la cabeza, mientras  le  caían las lágrimas  y  decía:  gordo  estafador,  mentiroso de mierda. Traté  de  escabullirme a  gatas y estaba  a punto de llegar  a  la puerta  cuando  Ferrada   me   tomó por  las   solapas y  me arrastró  hacia la  cama. Se  arrojó sobre  mi y puso las   piernas  en mis  costados.

–Te  pagué lo que   pediste, gordo de mierda. Te  pagué  y no escribiste la crítica.

–¿Qué  crítica?

–Grrrrrr.

Ferrada alzó los puños  por  encima de  su cabeza, chillando, y  alargó la  mano  en  busca de un cenicero para  metérmelo  en la    boca  con  colillas  y  todo. Cof   cof,    tosía   yo,  cof  cof  cof, por  favor,  hermano,  cof  cof  cof  cof.  Logré  quitarle  el  cenicero  y  lo tiré y  el  pobre  Ferrada  se  puso  mas  loco y  cogió del velador  la  hamburguesa  que le  había robado  al  negrito  y trató  de  metérmela  en los  calzoncillos.  Ay, no me  hagas  cosquillas,    decía    yo,  no más  cosquillas. Es  que  de verdad que  me  hacía  cosquillas. Y  cada  cosa  que    hacía  o decía   yo (cosas muy  ingeniosas, por  cierto,  recuerden  que soy  un importante  crítico literario)  mas  enfurecían  a Ferrada, el   energúmeno loco.

Cuando  se  cansó  de  pegarme se  dejó  caer  con  todo  su peso  sobre  mi, como los boxeadores, jadeando y sollozando. Le  acaricié la  cabeza  y  le dije: tranquilo Ferradita, tranquilo. Entonces Ferrada me dio  un  cachetazo  y  desenrolló el periódico  con  el que me  había pegado en la  cabeza. Me  lo  puso  en la cara:

–Mira, gordo  estúpido– Buscó  una página  en específico  y  leyó: “ Después de su brillante ópera prima el segundo libro de Ferrada resulta cuanto  menos  deslumbrante. ¿Deslumbrante? Quise decir, basura. Es  un hecho, el  segundo  libro  de Ferrada  es  puro  papel   confort”. Camilo Marks.

–Al menos   es  mejor  que  la crítica que  le   hizo  a Omar Vega.

–Eso  es  cierto.

–Y  seguro hay  una crítica  buena.

–Sí, la  que   tú  NO  escribiste. Patricia Espinoza: “La   cruz  no es  suficiente castigo para Miguel Ferrada porque su  agonía  no será  tan  larga  como  merece”–. Y  ahora se la  agarra  conmigo–: “Si Ferrada no  se  retira  de  las  letras,  personalmente  me  encargaré  de matarlo”. ¿Escuchaste?, Patricia  Espinoza  quiere  matarme.

–Lo mismo  dijo  de Omar Vega.

Ferrada se descompuso: –Mi  carrera está  arruinada ¡AAAAHHH!!!!!!!!!

Se  puso  a  saltar  en la  cama    como  un niño pero  se  cayó y entonces pateó una  caja de  pizza (en mi   habitación siempre  hay  cajas  de pizza),  diciendo   “Quiero  decir, basura”, “Personalmente  me  encargaré  de matarlo”. Toma  Patrica  Espinoza,  toma Camilo Marks.

–No  te  olvides  de Omar Vega.

Ferrada cogió un caja   de pizza   y  en un acto  de  desesperación comenzó  a   comerse   los  restos  de  salame  y  luego   rasgó  la   caja  con los  dientes  y  se llevó  un  gran  trozo  a la  boca  y  se   lo  tragó. Se  puso  morado y   se    echó  aire  con las  manos  y   luego  se  golpeó  el  pecho. De  su   pecho   salió  un ronco  estertor  y  Ferrada  se llevó las  manos  a  la  garganta  y  luego  se   revolcó por el suelo, mirándome  con los  ojos  desorbitados,  golpeando el  suelo con los talones, muerto  de miedo. Se  arrastró  hacia  mi y me  tomó por  los  talones  pero yo  sacudí la  pierna. Las manos   de  Ferrada  se    agarrotaron en el    vacío y  yo  me  deslicé  por  las   paredes  de  la  habitación hasta  la  puerta. Antes  de salir, Ferrada  me    hizo  un   gesto  obsceno con la  mano, un  gesto que   quería  decir: chúpalo.

Cuando  salí   al  pasillo desenrollé  un papelillo de   coca  y  me  metí  una  pizca  por  la  nariz. La    coca me  subió por  las  arterias  cerebrales  y   me  encendió   todas  las  ampolletas  del  raciocinio. Me  sentí  energizado.  Me  iba a    pegar la  segunda  dosis cuando  apareció  la  negra  del  la  habitación del fondo. Iba  con unas  calzas   rosa   tres  tallas mas  chicas  que  se  le  metían en la raya del  culo. y  con un   peto  que  le dejaba   al descubierto  media  teta derecha  y   parte  del pezón. Se me acercó, moviendo  las caderas  y  dijo:

– Oye, godo, que  tu sabe  que   está  prohibido  drogarse– La  negra  sonrió  y me  puso  las  manos   sobre los   hombros.–  Pero  si  tu me  diera un poco  yo  me   quedaría  calladita  y   jugaríamo  al  dotol.

Puso  una     rodilla  en   la  pared  y  me    acercó  la  entrepierna  al paquete,  contorneándose. Luego  se  bajó  el    top  y  le  quedaron las  tetas  completamente al  aire  y  yo  espolvoreé  merca  en  sus pezones  y jalé directamente  de  la  aureola  y  luego  le puse el  meñique lleno  de merca  en la  nariz  y  la   negra  sorbeteó  como  un  oso    hormiguero y  se   puso  feliz.

–Ay, godo  pelo que  tu   siempe me  da  de la  buena.– Me metió  la  mano  por los  calzoncillos y  me  miró con mala  cara–. Poca  cosa.

–Bueno  si,  pero espera a que  el  animal entre  en acción.

–Bueno, entonce nos metemo a  tu habitación.

–De  ninguna manera.

La  negra  retrocedió  y   se  puso las manos  en las  caderas.

–Oye  pero poque pone tu esa  cara,  como si   hubiera  visto un mueto.

–¿Un muerto?, eh, eh, eh,  jaja,  un  muerto, ja.

–Oye godo– La  negra movió la cabeza  de lado a lado y  se  señaló a  si misma  con ambos  índices–,  que   tu  ta  despreciando  este  cuepo  pefeto.

– No, pero cómo se  te  ocurre,  si  a mi  las  negras  me  gustan mucho.

La  negra  torció el cuello espasmódicamente  y  la   vena  de  la  frente  se   le   abultó.  Oye, dijo, pero que  clase   de  coca  me  dite, godo comemielda. Empezó entonces a parpadear  rápidamente  y  las  comisuras de  la  boca  se le  llenaron de  espuma  y  luego    le  castañetearon los  dientes  y  de pronto  se  derrumbó. Estaba muerta.

–Esto debe  ser una  broma.

Escuché  pasos   que  se  acercaban  por  el  pasillo  y  entonces tomé  a la   negra  por las  axilas  y  la   arrastré  hacia mi  habitación. Rápidamente  la  desvestí  y  la subí a  la cama. Hice  lo mismo  con Ferrada  y luego  los  enredé  en  una  depravada  posición sexual y espolvoreé   coca en la  nariz  del  cadáver Ferrada. Alguien llamó a  la  puerta:

– Oye   tu,   godo comemielda, abre  la pueta.

Miré  por  la   rendija  y   vi al negrito y  al marido de la  negra. Era  este un negro enorme que iba  con sudadera  y  anchos  pantalones de  rapero para guardarse  el pene   gigante de  negro que   yo  le  había  espiado por  un agujerito  del baño.

–Abre  la puerta godo, cablón.

Tomé  aire  y  abrí.  Rápidamente  me   puse  del  otro lado de la puerta  y la cerré  tras de  mi para  ocultar los  cadáveres. El negro  me aplastó  el  pecho con una palma  y estirando los  enormes  labios  de negro  que  tenía,  me  dijo:

–Oye  tu  negro,  asqueroso, porque  le  roba  la  hamburguesa al  chico y pa  colmo   le   pega  en el culo.

–¿Qué  culo?

–El culo  del  chico.

–Ah, el  negrito– Estiré  la  mano para  acariciar  la  cabeza  del  negrito  pero  este  me la  mordió–  Aaaah,  negro  conchetumadre.

– Y po que  tu  insulta al  chico–. El negro me  agarró  los  calzoncillos  y  los   tiró  del  elástico hasta metérmelos  en  la  raya  del  culo. Yo  grité: ay, me  duele  el  culo,  el  culo,  y el  negro dijo:  ve   que  moleta, ve  que moleta.

Después  de un  rato  ya dejó  de  dolerme  el  culo  y   comencé  a   excitarme. Sentía que  las manos  del  negro  eran  las  manos  de una  negra  y  no me  di   ni cuenta que  estaba  moviendo  sensualmente  las caderas y  jadeaba. Yo lo que  veía  era  una  negra,  dos  negras,  tres  negras   colombinas  jugando,  peleándose ahí abajo  por  mis   grasosos   trofeos.    Estaba  tan ensimismado que  en un  momento dado   me  dio por estirar  la   trompa  y  sacar  la  lengua.

–Venga  para  acá mi  negrita.

– Peo  que  hace   tú,   godo  malicón.

El negro  cerró sus  manotas  en mis  orejas  y  me dejó    tambaleando  y  entonces sin querer me  apoyé  en el pomo de  la  puerta y esta  se abrió.

–Peo  que    a pasao  aquí–  Gritó el  negro.

–Salí a  hacer cosas…. eh, literarias y cuando  regresé,  encontré  a  su mujer con este  vagabundo. Se  metieron mientras  yo  estaba  fuera.

El  negro  entró  a mi  habitación y se  puso   gritar como loco, mientras  el  negrito  me miraba con   suspicacia, sin atreverse  a  entrar. Oh,  guarra, decía  el  negro, esto  tenía que  pasarte  por  guarra.

–El negrito  me  señaló  con un dedo:

–Es muy raro esto que….

Le  puse  una mano  en la  boca y  me  arrodillé  frente  a él:

–¿Recibiste  patadas  en el  culo? No. Las que  te esperan  si  abres la  boca serán  verdaderas  patadas  en el culo. Demostración.

Le di la  vuelta  y  le pegué  una gran patada  en el culo. El negrito dio un salto y  se fue   corriendo, con las  manos  en el  culo, chillando estúpidamente  y  cojeando.

Me metí a  mi  habitación y  vi  al negro  sentado en la  cama.  Sostenía un cigarrillo con dedos  temblorosos y trataba de  encenderlo  con un   fósforo  que  raspaba inútilmente  en    el  borde  de una  caja Copihue.  Cuando  logró encender  el  cigarrillo  le dio una larga  pitada y luego botó el  humo mirándolo fijamente  y  acariciando  las  caderas  de  su  esposa.

– ¿Sabe  lo que  mas  me   duele, godo?

Miré   al negro.  Estaba  quieto observando como  se  consumía  su  cigarro y dejando que la  brasa  le  cayera  en los  pantalones  y le   hiciera pequeñas  aureolas de  carbón en la  tela   de lycra.

–¿Qué  es  lo  que mas  te duele?–  dije.

–Que  se  metió con todo el barrio  y  nunca me  prestó el  culo. Nunca.

La  vida es muy injusta con los  negros.

DETRÁS DE LAS RISAS: La verdadera historia de Grupo Erizo contada por sus protagonistas.

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erizo

Por Juan Calamares

Luis Saavedra: Una  noche  soñé  con un anciano  que decía llamarse  Padre Erizo. Me   dijo: “ve por  el mundo  y  busca  discípulos en mi nombre”. Y  así lo hice. Lee el resto de esta entrada

El Bueno, el Malo, el Feo y Sapiola (ficción)

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Por Juan Calamares  

– Todas estas tierras me pertenecen –dijo Sapiola.

Juan Calamares miró las extensas llanuras, las montañas,  las rocas suspendidas a kilómetros de distancia. Extrañas formaciones y símbolos  escritos en idiomas milenarios. Miró la sequedad, la tierra baldía.

– ¿Y que piensas hacer con todo esto?

– Cosechar  verduras, cientos de verduras, miles y miles de verduras. Tomates, lechugas, berenjenas, zanahorias.

–  ¿Paltas?

–  ¿Paltas?,  ¿y para que quiero paltas?

Montaron sus caballos y recorrieron la estepa. En el horizonte se asomaban los viñedos de otros señores,  señores exitosos, con hijos petimetres, una larga descendencia de inútiles. Calamares dijo:

–  ¿Cuando comenzarán los trabajos?

– Apenas pueda reunir  al personal. Y entonces haré lo que siempre he soñado

–  Ser escritor de ciencia ficción

– Bah,  ya no me interesa la ciencia ficción, ahora escribiré sobre el hombre común, sobre el esforzado hombre de la tierra. Solo necesito una mujer que me acompañe ….  o un buen amigo…..

Sapiola le guiñó un ojo a Calamares y este se puso incómodo.

– Mira, Saaevedra, digo, Sapiola, alguien viene

–  Es mi capataz, un indio, un originario de estas tierras

Era una sola silueta, jinete y caballo, moviéndose bajo las ondas de radiación solar. Cuando el hombre llegó junto a los amigos se apeó del caballo.

– Ooooh, tranquilo. – Le dijo al caballo –   ¿Como le va, don Sapiola?

Sapiola miró al hombre e hizo una serie de gestos incómodos, señalando a Calamares. El hombre se encogió de hombros y dijo con resignación:

–  ¿Como irle  usted hombre blanco?

– Ves – dijo Sapiola –  Es un indio pura sangre. Vamos, di algo en tu idioma indígena.

–  Si camino no hablar, ser Firestone radial sport que venir. Correr

– Exceleeeente –  Sapiola se puso contento y sacó su pipa, pero se le cayó y rodó por la ladera. Se fue tras la pipa.

–  Discúlpalo – dijo Calamares – no es un hombre malo Lee el resto de esta entrada

Miguel Ferrada pacta con Mortis (ficción)

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Miguel Ferrada es transformado por Mortis

“Soy el Doctor Mortis, el que  no tiene principio ni tendrá  fin”

Juan Marino

El otro día  estaba en mi  tienda de antejos cuando apareció  Miguel Ferrada. Entró sin saludar  y se dejó caer en el asiento. Se veía afligido.  Me  dijo que acababa de ganar  un Fondart ( Miguel Ferrada  siempre  se está  ganando  el   Fondart) para   publicar la segunda parte de su novela Mortis (Mortis es la muerte, es el contrario del Altísimo), pero que se había  gastado  toda  la plata en ropa  cara y a ahora  temía que lo embargaran.

–¿Sabes  cuantos  animales murieron para  que  yo pudiera usar este abrigo de piel? – me dijo–.  ¿Qué  clase  de país es  este?

–Bueno pero no deberías usar  ropa echa  con animales.

–Pero  si es un abrigo de piel Dolce y Gabbana

En eso sonó su celular  y   contestó.  Lo estaba llamando el  receptor  judicial  para    indicarle    el monto  que debía. Le  dio  una  forma de pago y  un plazo  y  durante  todo el rato Ferrada  sollozó  y  rogó y  dijo cosas  sin sentido  y varias veces  mencionó   el    corte  de su traje sastre  y  refirió  también   el  hecho de que un hombre  podía lucir  bien  sin ser castigado por eso. Cuando  cortó  estaba desesperado.

–Ves – dijo– este país es una mierda.

–Lo sé–  dije–, pero  ¿no sería  bueno que  te  mudaras?, así no podrán embargarte.

–Y dejar que mi  ropa se  estropee. Ni hablar.

Ferrada se indignó un poco  y se  fue.

Yo  me pasé el resto de la  tarde   pensando en maneras de  defraudar  al  fisco y  escribí  varios  poemas contra el poder  judicial  y  deseé que Horst  Paulmann  fuese  devuelto a su Alemania  natal o desterrado a la Antártida.

Al  día  siguiente  me llamó  Ferrada. Estaba muy contento porque  había solucionado  su problema.

–¿Te animaste a cambiar de casa?– dije.

–No, pagué mi deuda, pues es justo que lo haga. Un  hombre  debe  cumplir sus compromisos.

Le  dije que  me alegraba  pero  me pareció  muy raro  su cambio de actitud.

Cuando llegué a mi casa llovía. Me preparé  un café  y me   fumé  varios  cigarros  y  prendí la  tele y   entonces  vi a Ferrada.  Lo estaban  entrevistando porque  la primera  parte de su novela Mortis  había  ganado el premio Heralde (cosa  que nunca había  pasado en la historia  porque el premio Herralde no contempla la  línea de novela  gráfica) y la  periodista no paraba de alabar su   ropa  y lo  bien que lucía y su peinado y  sus ojos, etc. Cambié  la tele. También lo estaba entrevistando CNN y el   canal de  manualidades. Me  alegré  mucho por  Ferrada y  me  dormí. Soñé con una estampida de antílopes  que   corría por un mundo desértico  y en  formación. Los antílopes  grababan  sus    huellas  en la lava y  el  mensaje que  dibujaban decía: “No queremos que Ferrada nos  use  para vestirse. Merecemos protección del Greenpeace”.

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