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Miguel Ferrada pacta con Mortis (ficción)

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Miguel Ferrada es transformado por Mortis

“Soy el Doctor Mortis, el que  no tiene principio ni tendrá  fin”

Juan Marino

El otro día  estaba en mi  tienda de antejos cuando apareció  Miguel Ferrada. Entró sin saludar  y se dejó caer en el asiento. Se veía afligido.  Me  dijo que acababa de ganar  un Fondart ( Miguel Ferrada  siempre  se está  ganando  el   Fondart) para   publicar la segunda parte de su novela Mortis (Mortis es la muerte, es el contrario del Altísimo), pero que se había  gastado  toda  la plata en ropa  cara y a ahora  temía que lo embargaran.

–¿Sabes  cuantos  animales murieron para  que  yo pudiera usar este abrigo de piel? – me dijo–.  ¿Qué  clase  de país es  este?

–Bueno pero no deberías usar  ropa echa  con animales.

–Pero  si es un abrigo de piel Dolce y Gabbana

En eso sonó su celular  y   contestó.  Lo estaba llamando el  receptor  judicial  para    indicarle    el monto  que debía. Le  dio  una  forma de pago y  un plazo  y  durante  todo el rato Ferrada  sollozó  y  rogó y  dijo cosas  sin sentido  y varias veces  mencionó   el    corte  de su traje sastre  y  refirió  también   el  hecho de que un hombre  podía lucir  bien  sin ser castigado por eso. Cuando  cortó  estaba desesperado.

–Ves – dijo– este país es una mierda.

–Lo sé–  dije–, pero  ¿no sería  bueno que  te  mudaras?, así no podrán embargarte.

–Y dejar que mi  ropa se  estropee. Ni hablar.

Ferrada se indignó un poco  y se  fue.

Yo  me pasé el resto de la  tarde   pensando en maneras de  defraudar  al  fisco y  escribí  varios  poemas contra el poder  judicial  y  deseé que Horst  Paulmann  fuese  devuelto a su Alemania  natal o desterrado a la Antártida.

Al  día  siguiente  me llamó  Ferrada. Estaba muy contento porque  había solucionado  su problema.

–¿Te animaste a cambiar de casa?– dije.

–No, pagué mi deuda, pues es justo que lo haga. Un  hombre  debe  cumplir sus compromisos.

Le  dije que  me alegraba  pero  me pareció  muy raro  su cambio de actitud.

Cuando llegué a mi casa llovía. Me preparé  un café  y me   fumé  varios  cigarros  y  prendí la  tele y   entonces  vi a Ferrada.  Lo estaban  entrevistando porque  la primera  parte de su novela Mortis  había  ganado el premio Heralde (cosa  que nunca había  pasado en la historia  porque el premio Herralde no contempla la  línea de novela  gráfica) y la  periodista no paraba de alabar su   ropa  y lo  bien que lucía y su peinado y  sus ojos, etc. Cambié  la tele. También lo estaba entrevistando CNN y el   canal de  manualidades. Me  alegré  mucho por  Ferrada y  me  dormí. Soñé con una estampida de antílopes  que   corría por un mundo desértico  y en  formación. Los antílopes  grababan  sus    huellas  en la lava y  el  mensaje que  dibujaban decía: “No queremos que Ferrada nos  use  para vestirse. Merecemos protección del Greenpeace”.

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