EL NECRONOMICLÓN


Por Juan Calamares

El universo es una ilusión (o mas visiblemente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables, porque lo multiplican y lo divulgan

Borges

Primera parte: Miguel Ferrada se opone a Sapiola y las consecuencias son graves

El año pasado Sapiola trajo de Buenos aires un incunable de Teobaldo Mercado. Era un libro viejo, de solapas de cuero, de letra minúscula, con diagramas y abundante en pies de página, bastante inusual dentro de la obra del susodicho. Cuando lo tuve en mis manos sentí un espasmo. “Dale una hojeada”, dijo Sapiola, “dale una hojeada y dame tu opinión”.

Cuando Sapiola se fue me dio sueño; dejé el incunable junto a mi colección y me dormí. Tuve un sueño rarísimo: La mitad de los habitantes del mundo colgábamos de un extremo de la tierra y la otra mitad nos miraba y se divertía señalándonos. Cuando desperté sudaba y recordé el libro; había desaparecido y todos mis Teobaldos Mercados estaban en blanco. Miles de páginas de cero información como libros de intervención artística. Llamé a Sapiola.

―¿Porqué me cambiaste los libros, idiota?

En lugar de responder se rió. Partí, furioso, a su casa, pero cuando estaba en la esquina vi que la calle se inclinaba. Algo se retorció en mi estómago y me fui a negro. Desperté en casa de Sapiola.

―¿Que estoy haciendo acá?

―Te dormiste, idiota

Me fui trastabillando hacia un librero hecho de cajones de verduras. Encontré el incunable de Teobaldo y dejé pasar las hojas. Parecía haber aumentado de volumen.

―¿Me dormí frente a tu casa? ―dije.

Sapiola asintió. Había en el centro de la habitación un brasero (Sapiola es muy pobre) y Sapiola sacó su pipa y la encendió con una brasa. Comenzó a expulsar círculos de humo, circulos deformes que se derretían en la sala.

―¿Qué te pareció el libro?

―Deja de hacerte el imbécil ―le puse un dedo en la punta de la nariz―. ¿Qué hiciste con mis libros, cerdo?

Sapiola sacudió las cenizas de la pipa en su mano. No quería ensuciar el piso; según el lo limpiaba a diario, lo cual era mentira, porque siempre estaba lleno de manchas de vino y cajas de pizza.

―¿Hace cuanto que te pasa eso?

―¿Dormirme? ¿No, sé, un año?

―¿Te está viendo el médico?

Sapiola juntó tres cajones de verduras y los cubrió con una sábana. Me dijo que me recostara. Sigue leyendo “EL NECRONOMICLÓN”