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Miguel Ferrada se enfrenta al Gordo Vimana

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Por  el Gordo Vimana

 

Hola,  ustedes  ya  me  conocen,  soy  el gordo  Vimana. El    viernes  pasado  estaba  durmiendo  plácidamente  cuando  me  despertó un  golpe en la  puerta.  Me  levanté a   abrir  en calzoncillos y vi  al  negrito  del primer  piso. Dice  mi    abuela,  dijo el negrito, que  le  pague   los sei  meses  que le   debe  y  que   asee   su   pieza  poque  el  olo  está  espantando a  lo vecinos. Miré al  negrito. En una  mano llevaba  un recibo  y  en la otra una doble  con queso  del  Mc’ Donads.  Ya,  le  dije,  pasa  que  te  hago  un  cheque. El   negrito  me siguió  y   yo  saqué   un   papel  del  cajón  y escribí una cifra en él. Lo  firmé  y se lo entregué. El  negrito  miró  el  papel. Seño Vimana, dijo,  eto e un peazo de confó. Le  arranqué  el papel y le dije:  Bueno,  si  te  gusta bien,  si  no dile  a tu  abuela  que  quise  pagarte  pero  tú  te  negaste. Le  arrebaté la   hamburguesa.  Mi  hamburguesa, lloró el  negrito.  Me la como, le  dije,  y luego  le  di  una patada  en el  culo.  Fuera, le dije,  fuera  de  aquí, negro  de mierda. No  me  pegue  en e  culo,  suplicó el  negrito, no me pegue  en e culo.

Cuando  salió    de la  habitación  regresé  a  la cama.  Estaba  muy  molesto  con el  negrito y  las exigentes condiciones  de  la   vida  moderna, pero  de  todas  maneras  me   dormí.  Soñé con una  colombiana   que  me restregaba  el  enorme  culo por  la cara. Era  un culo con  forma  de corazón y yo lo  saboreaba  y el  culo  se   sonrojaba  de  puro   gusto.  De pronto  alguien  gritó:

–Vimana.

Mierda,  a  uno  nunca  lo dejan  soñar  con  culos.  Me   dirigí a  la  puerta,  enfurecido,  seguro de que  se  trataba otra  vez  del negrito, pero el que  estaba  del otro lado  era:

–Miguel  Ferrada.

–Gordo  de  mierda.

Ferrada    me  dio una  patada  en los   huevos  y  antes que me derrumbara   me  tomó  del   cuello  y  me  estrujó la  manzana  de Adán. No  me   hagas daño,  grité, soy  un importante crítico literario. Pero Ferrada  siguió  pegándome y    acto seguido sacó  un  periódico de su chaqueta y me  dio con él en la cabeza, mientras  le  caían las lágrimas  y  decía:  gordo  estafador,  mentiroso de mierda. Traté  de  escabullirme a  gatas y estaba  a punto de llegar  a  la puerta  cuando  Ferrada   me   tomó por  las   solapas y  me arrastró  hacia la  cama. Se  arrojó sobre  mi y puso las   piernas  en mis  costados.

–Te  pagué lo que   pediste, gordo de mierda. Te  pagué  y no escribiste la crítica.

–¿Qué  crítica?

–Grrrrrr.

Ferrada alzó los puños  por  encima de  su cabeza, chillando, y  alargó la  mano  en  busca de un cenicero para  metérmelo  en la    boca  con  colillas  y  todo. Cof   cof,    tosía   yo,  cof  cof  cof, por  favor,  hermano,  cof  cof  cof  cof.  Logré  quitarle  el  cenicero  y  lo tiré y  el  pobre  Ferrada  se  puso  mas  loco y  cogió del velador  la  hamburguesa  que le  había robado  al  negrito  y trató  de  metérmela  en los  calzoncillos.  Ay, no me  hagas  cosquillas,    decía    yo,  no más  cosquillas. Es  que  de verdad que  me  hacía  cosquillas. Y  cada  cosa  que    hacía  o decía   yo (cosas muy  ingeniosas, por  cierto,  recuerden  que soy  un importante  crítico literario)  mas  enfurecían  a Ferrada, el   energúmeno loco.

Cuando  se  cansó  de  pegarme se  dejó  caer  con  todo  su peso  sobre  mi, como los boxeadores, jadeando y sollozando. Le  acaricié la  cabeza  y  le dije: tranquilo Ferradita, tranquilo. Entonces Ferrada me dio  un  cachetazo  y  desenrolló el periódico  con  el que me  había pegado en la  cabeza. Me  lo  puso  en la cara:

–Mira, gordo  estúpido– Buscó  una página  en específico  y  leyó: “ Después de su brillante ópera prima el segundo libro de Ferrada resulta cuanto  menos  deslumbrante. ¿Deslumbrante? Quise decir, basura. Es  un hecho, el  segundo  libro  de Ferrada  es  puro  papel   confort”. Camilo Marks.

–Al menos   es  mejor  que  la crítica que  le   hizo  a Omar Vega.

–Eso  es  cierto.

–Y  seguro hay  una crítica  buena.

–Sí, la  que   tú  NO  escribiste. Patricia Espinoza: “La   cruz  no es  suficiente castigo para Miguel Ferrada porque su  agonía  no será  tan  larga  como  merece”–. Y  ahora se la  agarra  conmigo–: “Si Ferrada no  se  retira  de  las  letras,  personalmente  me  encargaré  de matarlo”. ¿Escuchaste?, Patricia  Espinoza  quiere  matarme.

–Lo mismo  dijo  de Omar Vega.

Ferrada se descompuso: –Mi  carrera está  arruinada ¡AAAAHHH!!!!!!!!!

Se  puso  a  saltar  en la  cama    como  un niño pero  se  cayó y entonces pateó una  caja de  pizza (en mi   habitación siempre  hay  cajas  de pizza),  diciendo   “Quiero  decir, basura”, “Personalmente  me  encargaré  de matarlo”. Toma  Patrica  Espinoza,  toma Camilo Marks.

–No  te  olvides  de Omar Vega.

Ferrada cogió un caja   de pizza   y  en un acto  de  desesperación comenzó  a   comerse   los  restos  de  salame  y  luego   rasgó  la   caja  con los  dientes  y  se llevó  un  gran  trozo  a la  boca  y  se   lo  tragó. Se  puso  morado y   se    echó  aire  con las  manos  y   luego  se  golpeó  el  pecho. De  su   pecho   salió  un ronco  estertor  y  Ferrada  se llevó las  manos  a  la  garganta  y  luego  se   revolcó por el suelo, mirándome  con los  ojos  desorbitados,  golpeando el  suelo con los talones, muerto  de miedo. Se  arrastró  hacia  mi y me  tomó por  los  talones  pero yo  sacudí la  pierna. Las manos   de  Ferrada  se    agarrotaron en el    vacío y  yo  me  deslicé  por  las   paredes  de  la  habitación hasta  la  puerta. Antes  de salir, Ferrada  me    hizo  un   gesto  obsceno con la  mano, un  gesto que   quería  decir: chúpalo.

Cuando  salí   al  pasillo desenrollé  un papelillo de   coca  y  me  metí  una  pizca  por  la  nariz. La    coca me  subió por  las  arterias  cerebrales  y   me  encendió   todas  las  ampolletas  del  raciocinio. Me  sentí  energizado.  Me  iba a    pegar la  segunda  dosis cuando  apareció  la  negra  del  la  habitación del fondo. Iba  con unas  calzas   rosa   tres  tallas mas  chicas  que  se  le  metían en la raya del  culo. y  con un   peto  que  le dejaba   al descubierto  media  teta derecha  y   parte  del pezón. Se me acercó, moviendo  las caderas  y  dijo:

– Oye, godo, que  tu sabe  que   está  prohibido  drogarse– La  negra  sonrió  y me  puso  las  manos   sobre los   hombros.–  Pero  si  tu me  diera un poco  yo  me   quedaría  calladita  y   jugaríamo  al  dotol.

Puso  una     rodilla  en   la  pared  y  me    acercó  la  entrepierna  al paquete,  contorneándose. Luego  se  bajó  el    top  y  le  quedaron las  tetas  completamente al  aire  y  yo  espolvoreé  merca  en  sus pezones  y jalé directamente  de  la  aureola  y  luego  le puse el  meñique lleno  de merca  en la  nariz  y  la   negra  sorbeteó  como  un  oso    hormiguero y  se   puso  feliz.

–Ay, godo  pelo que  tu   siempe me  da  de la  buena.– Me metió  la  mano  por los  calzoncillos y  me  miró con mala  cara–. Poca  cosa.

–Bueno  si,  pero espera a que  el  animal entre  en acción.

–Bueno, entonce nos metemo a  tu habitación.

–De  ninguna manera.

La  negra  retrocedió  y   se  puso las manos  en las  caderas.

–Oye  pero poque pone tu esa  cara,  como si   hubiera  visto un mueto.

–¿Un muerto?, eh, eh, eh,  jaja,  un  muerto, ja.

–Oye godo– La  negra movió la cabeza  de lado a lado y  se  señaló a  si misma  con ambos  índices–,  que   tu  ta  despreciando  este  cuepo  pefeto.

– No, pero cómo se  te  ocurre,  si  a mi  las  negras  me  gustan mucho.

La  negra  torció el cuello espasmódicamente  y  la   vena  de  la  frente  se   le   abultó.  Oye, dijo, pero que  clase   de  coca  me  dite, godo comemielda. Empezó entonces a parpadear  rápidamente  y  las  comisuras de  la  boca  se le  llenaron de  espuma  y  luego    le  castañetearon los  dientes  y  de pronto  se  derrumbó. Estaba muerta.

–Esto debe  ser una  broma.

Escuché  pasos   que  se  acercaban  por  el  pasillo  y  entonces tomé  a la   negra  por las  axilas  y  la   arrastré  hacia mi  habitación. Rápidamente  la  desvestí  y  la subí a  la cama. Hice  lo mismo  con Ferrada  y luego  los  enredé  en  una  depravada  posición sexual y espolvoreé   coca en la  nariz  del  cadáver Ferrada. Alguien llamó a  la  puerta:

– Oye   tu,   godo comemielda, abre  la pueta.

Miré  por  la   rendija  y   vi al negrito y  al marido de la  negra. Era  este un negro enorme que iba  con sudadera  y  anchos  pantalones de  rapero para guardarse  el pene   gigante de  negro que   yo  le  había  espiado por  un agujerito  del baño.

–Abre  la puerta godo, cablón.

Tomé  aire  y  abrí.  Rápidamente  me   puse  del  otro lado de la puerta  y la cerré  tras de  mi para  ocultar los  cadáveres. El negro  me aplastó  el  pecho con una palma  y estirando los  enormes  labios  de negro  que  tenía,  me  dijo:

–Oye  tu  negro,  asqueroso, porque  le  roba  la  hamburguesa al  chico y pa  colmo   le   pega  en el culo.

–¿Qué  culo?

–El culo  del  chico.

–Ah, el  negrito– Estiré  la  mano para  acariciar  la  cabeza  del  negrito  pero  este  me la  mordió–  Aaaah,  negro  conchetumadre.

– Y po que  tu  insulta al  chico–. El negro me  agarró  los  calzoncillos  y  los   tiró  del  elástico hasta metérmelos  en  la  raya  del  culo. Yo  grité: ay, me  duele  el  culo,  el  culo,  y el  negro dijo:  ve   que  moleta, ve  que moleta.

Después  de un  rato  ya dejó  de  dolerme  el  culo  y   comencé  a   excitarme. Sentía que  las manos  del  negro  eran  las  manos  de una  negra  y  no me  di   ni cuenta que  estaba  moviendo  sensualmente  las caderas y  jadeaba. Yo lo que  veía  era  una  negra,  dos  negras,  tres  negras   colombinas  jugando,  peleándose ahí abajo  por  mis   grasosos   trofeos.    Estaba  tan ensimismado que  en un  momento dado   me  dio por estirar  la   trompa  y  sacar  la  lengua.

–Venga  para  acá mi  negrita.

– Peo  que  hace   tú,   godo  malicón.

El negro  cerró sus  manotas  en mis  orejas  y  me dejó    tambaleando  y  entonces sin querer me  apoyé  en el pomo de  la  puerta y esta  se abrió.

–Peo  que    a pasao  aquí–  Gritó el  negro.

–Salí a  hacer cosas…. eh, literarias y cuando  regresé,  encontré  a  su mujer con este  vagabundo. Se  metieron mientras  yo  estaba  fuera.

El  negro  entró  a mi  habitación y se  puso   gritar como loco, mientras  el  negrito  me miraba con   suspicacia, sin atreverse  a  entrar. Oh,  guarra, decía  el  negro, esto  tenía que  pasarte  por  guarra.

–El negrito  me  señaló  con un dedo:

–Es muy raro esto que….

Le  puse  una mano  en la  boca y  me  arrodillé  frente  a él:

–¿Recibiste  patadas  en el  culo? No. Las que  te esperan  si  abres la  boca serán  verdaderas  patadas  en el culo. Demostración.

Le di la  vuelta  y  le pegué  una gran patada  en el culo. El negrito dio un salto y  se fue   corriendo, con las  manos  en el  culo, chillando estúpidamente  y  cojeando.

Me metí a  mi  habitación y  vi  al negro  sentado en la  cama.  Sostenía un cigarrillo con dedos  temblorosos y trataba de  encenderlo  con un   fósforo  que  raspaba inútilmente  en    el  borde  de una  caja Copihue.  Cuando  logró encender  el  cigarrillo  le dio una larga  pitada y luego botó el  humo mirándolo fijamente  y  acariciando  las  caderas  de  su  esposa.

– ¿Sabe  lo que  mas  me   duele, godo?

Miré   al negro.  Estaba  quieto observando como  se  consumía  su  cigarro y dejando que la  brasa  le  cayera  en los  pantalones  y le   hiciera pequeñas  aureolas de  carbón en la  tela   de lycra.

–¿Qué  es  lo  que mas  te duele?–  dije.

–Que  se  metió con todo el barrio  y  nunca me  prestó el  culo. Nunca.

La  vida es muy injusta con los  negros.

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Vendetta (ficción)

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Había pasado mucho tiempo desde que él dejo de publicar tonterías por las redes sociales. Todos pensaron que se fue de viaje a un lugar desconocido. Algunos creyeron que se fue al Tibet para liberarlo y aprender sobre la meditación, otros pensaron que se fue a entrenar las disciplinas de un antiguo clan de asesinos japoneses. Y unos pocos tuvieron la idea que viajo al sur de Chile a buscar una parte de su árbol genealógico, que supuestamente pertenecía al pueblo mapuche y, además, para aprender los conocimientos que poseían los kalkus y machis. Pero la verdad, es que nadie sabía adonde fue. Lee el resto de esta entrada

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¡Al fin te has vuelto loco, Remigio!

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Omar Vega es uno de nuestros personajes favoritos por su versatilidad y sapiencia. Siempre nos da nuevas alegrías para continuar en esta infatigable labor de escribir en Erizo y hay veces que ni siquiera tenemos que escribir. Un abrazo para Omar.

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Apuntes sobre el lanzamiento de «Mensajes ocultos del cine fantástico» de Omar Vega

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Por Juan Calamares

 a John Toro porque también es un Tim Master

Tiempo atrás escribí una crítica del libro «Memorias de un hombre escéptico» de Omar Vega. No era buena crítica, pero tampoco era mala. Era una crítica acertiva, donde refería lo negativo, sin desmerecer lo positivo. «Un crítico debe ser un abogado defensor, pero un abogado defensor al que no se le permita mentir” Stanislav Lem. Escribir la crítica había sido un riesgo, pues Omar Vega, era un peso pesado de la ciencia ficción y yo apenas un escritorcillo. Así que tenía mucho miedo de que saliera con una respuesta en los medios y me destruyera. El destino es un abismo y un tramposo, porque a los dias apareció Ferrada en mi tienda de anteojos, invitándome al lanzamiento del nuevo libro de Omar Vega «Mensajes ocultos del cine fantástico»

– De ninguna manera -le dije-. Omar Vega me odia y si me ve en el lanzamiento lo considerará una provocación.

– De ninguna manera- respondió Ferrada- Omar Vega te quiere conocer. Le caes bien. Lee el resto de esta entrada

Capítulo 4: La nanotecnología al rescate (extracto libro “Mensajes ocultos del cine fantástico”).

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nymphoid-barbarian-in-dinosaur-hell_nymphoid-and-dinosaurs-624x252Por Omar Vega

Esta es la pieza cinematográfica más difícil de ver por su alto contenido reprobable, pero creo que vale la pena recomendar. El filme, aparecido en 1974, es producto de Arnold Fontein y tiene un curioso nombre: “Vírgenes ninfómanas en el Valle de los Dinosaurios”. Fontein fue un oscuro director francés en la máquina hollywoodense, no hay mucho sobre él, pero se sabe que llegó a finales de los 1960’s atraído por la revolución de las flores y huyendo de una condena de 12 años por acosar colegialas. Lee el resto de esta entrada